domingo, 28 de abril de 2013

Arriésgate conmigo: {19}.

Picaron a la puerta. Justin y yo nos giramos a la vez. No podían saber que él estaba aquí o me matarían. ¿Un chico en mi casa sin el permiso de mis padres? Estaba prohibido, me estaba saltando las reglas. 

Me levanté nerviosa y alterada de la cama rápidamente y cogí a Justin de la mano.


—¡Un momento! ¡En seguida abro!—grité.


Arrastré a Justin por la habitación hasta llegar al armario.


—Escóndete ahí—le susurré  a Justin.

—¿En el armario?—yo asentí.—Sólo lo haré si me das un beso.
—Catherine, —era mi padre— ¿estás bien?
—Sí, papá, ya voy—contesté manteniendo la mirada fija en la de Justin, ordenándole de que se metiera en el maldito armario
—Será mejor que te escondas en el armario si no quieres que le diga a mi padre que te has colado por la ventana, lo que te metería en problemas, Bieber.
—Me encanta cuando te enfadas, nena. 

Se acercó a mí, en el intento de robarme un beso, rodeando mi cintura con sus brazos. Las mariposas en mi estómago cobraron vida. Mordí mi labio inferior, intentando resistirme a la tentación, y él mojó los suyos, acercándose cada segundo más a mí. Pero abrí la puerta del armario y lo empujé dentro. 


—Pórtate bien y tal vez tengas beso.


Me sonrió de esa forma tan suya, y sin poder evitar que me contagiara la risa, cerré las puertas del armario con esa sonrisa que sólo él sabía provocarme y me dirigí a la puerta.


 —¿Qué quieres, papá?

—¿Hay alguien ahí dentro contigo?—preguntó con rabia en sus ojos. 

Me hizo abrir la puerta de par en par y entró dentro casi empujándome. Miraba a todos los rincones de la habitación convencido de que encontraría a alguien.


—¿Qué dices? No hay absolutamente nadie, papá.

—¿Y porqué has tardado tanto en abrir, Catherine?
—Estaba en el baño, ¿ya no puedo tener intimidad?

Se acercó hacia la puerta del armario, ignorando lo que había dicho. Mis pulsaciones aceleraban, ¿qué le diría si encontraba a Justin? ¿Qué haría mi padre si lo veía? 


—¿Para qué has venido?—le pregunté.


Se giró. Y respiré de nuevo. 


—Quería hablar contigo.


Mierda, pensé. 


Justin se enteraría de todo, estaba en el armario y escucharía la conversación.


—¿Ahora?

—Sí. Tendría que castigarte, pero ya estás castigada y no puedo hacer nada más. Quiero que me cuentes que te pasa, porque...
—Papá, no tengo ganas de hablar—le interrumpí.

Y en cierta parte era verdad. Había estado más de un año ocultándome lo de mi hermano, y de alguna manera era mi culpa, pero me había sentado mal que tanto como mi madre como mi padre, me hubieran ocultado algo tan importante como eso. No tenía ganas de hablar con él, estaba molesta y hasta enfadada porque no habían confiado lo suficiente en mí. Por otra parte, este no era el momento para hablar. Justin en la misma habitación, encerrado en el armario, escuchando toda la conversación. No, definitivamente ese no era el momento para hablar.


—Ya hemos hablado lo suficiente por hoy.


Su respuesta fue el silencio. Durante unos segundos no dijo nada. 


—Sólo quiero saber una cosa. ¿Hay alguien que te haga daño?


La preocupación brillaba en sus ojos. ¿A qué se refería? Lo primero que se me había ocurrido era que tal vez había visto lo que había escrito detrás de la fotografía de Matt, pero no sabía si eso era a lo que se refería mi padre cuando decía "hacer daño".


—¿Que quieres decir?

—Nada, nada. Sólo pensé que tal vez alguien te molestaba o acosaba en el instituto debido a tu comportamiento. 
—Todo bien, papá—aseguré.
—¿Y la fotografia de Matt? ¿De dónde la sacaste?

Quería que me gritara, que se enfadara conmigo, así yo podía contestarle de la misma manera y desahogarme. Pero no lo hacía. Se mantenía tranquilo y sereno todo el tiempo. Y tenía la sensación de que él quería lo mismo que yo. Que le gritara y le hablara mal para que él tuviera el mismo derecho que yo a enfadarse. Pero ninguno de los dos dábamos un paso en falso. Nos asegurábamos de utilizar las palabras correctas con el tono apropiado.


—La encontré por casualidad.

—Ya hablaremos de esto, ahora debo irme. 
—¿Piensas volver?—pregunté.
—¿A qué te refieres, Catherine?
—Creía que tal vez te irías tres días más y volverías sin dar explicaciones—le mostré una falsa sonrisa, noté que se alteraba.
—No salgas de casa y cumple con tu castigo, Catherine.
—¿O qué?

Creía que me iba a pegar. Se acercó a mí con la misma mirada, la misma tensión en su cuerpo y el veneno en sus palabras que utilizaba justo antes de hacerlo. 


—No lo hagas y me veré obligado a ser más duro contigo.

Y salió de la habitación pegando un portazo detrás de él.

—¿Estás bien, nena?

Justin estaba detrás de mí, rodeándome la cintura y susurrándome al oído provocando escalofríos por todo mi cuerpo. Me di vuelta y quedé frente a él, a la altura de esos ojos miel que se habían convertido en mi droga desde la primera vez que los vi.

—¿Estás bien?—repitió.

Yo sólo asentí y curvé mis labios en una fínea línea que intenté que se pareciera a una sonrisa. Pero su rostro apenado me confirmó que no lo había acabado de conseguir. 

—¿Seguro?
—Sí, Justin—dije con una leve risa en mis labios por su insistencia. 
—Me debes algo, nena.
—Ah, ¿sí?—él asintió, mojando sus labios y centrando su mirada en los míos.— ¿El qué?
—Esto.

Me sonrió de esa forma tan suya y llevó sus manos hasta mi rostro, acercándome a él. Primero rozó nuestros labios, acelerando el ritmo de mi corazón, dejándome con las ganas de probarlos. Entonces juntó nuestros labios en un dulce beso. Suave y rápido. Y se separó de mí, sonriendo contra mi boca. Desde aquel momento supe oficialmente que me encantaba. Y entonces me volvió a besar. Esta vez fue un beso más largo e intenso. Yo subí mis manos hasta su pelo. Acariciándolo y masajeándolo. Sin dejarme ninguna duda de que sus labios eran otra de mis drogas.

—Entonces, ¿te vienes?

Dudé un momento. Irme con él siginificaba saltarme el castigo y meterme en problemas. 

—No sé, Justin. Acabas de escuchar a mi padre.
—Si no nos vamos ya llegaremos tarde. 
—¿Llegar tarde?
—Ven y sabrás de lo que hablo—me sonrió.

Suspiré, no podía resistirme a esa sonrisa y él lo sabía.

—Está bien—le devolví la sonrisa.Me arriesgo contigo.


*****

Justin conducía con su coche por el bosque. Altos pinos nos rodeaban por la estrecha carretera por dónde circulaba. Parecía saberse de memoria el camino, ya que giraba en las curvas con una facilidad sorprendente y a grandes velocidades. Se desvió por un pequeño camino entre los árboles y tras unos minutos, llegamos aun edificio abandonado en medio de la nada. Era de ladrillo, sencillo y no demasiado grande. La mayor parte del techo estaba derruido y las paredes cubiertas de graffitis. Tenía un aspecto siniestro por las ventanas rotas y el interior oscuro y abandonado que se veía desde el coche. 

Finalmente, Justin detuvo el coche unos minutos después, dejando los árboles y el bosque tras nosotros. Desabroché mi cinturón de seguridad y miré a Justin, que miraba el paisaje con una sonrisa extraña en sus labios. Yo fruncí mi ceño en confusión y me bajé del coche después de él. Di unos pasos y pude apreciar mejor dónde nos encontrábamos. Estábamos al final del camino del cuál no había salida, sólo un pequeño acantilado desde dónde se podía ver toda la ciudad. El cielo pintado en colores amarillos, naranjas, rosas y morados transmitía paz y tranquilidad. Era realmente increíble.

—¿Te gusta?—preguntó Justin.
—Es precioso—dije aún admirando la naturaleza que nos rodeaba—. Nunca había visto algo así.
—Pues aquí lo tienes—añadió sonriendo.
—¿Cómo encontraste esto?—desvié por un momento la mirada hacia él—. Es impresionante.

Me miró, haciéndome saber que me había escuchado y se encogió de hombros. Estábamos algo alejado. Dos metros, tal vez.

—Fue por casualidad, supongo. Un día cogí la moto y comencé a conducir, sin importarme dónde iba. Primero encontré el bosque, al principio pensé que podía perderme, pero me daba igual. Así que seguí conduciendo y acabé aquí. 
—Tuviste suerte.
—La tuve—volvió la mirada hacia el paisaje.
—¿Y el edificio que había un poco más atrás? ¿Qué es?—pregunté aún con la mirada fija en él.

Su mandíbula se tenso y entrecerró sus ojos después de pasar la lengua por sus labios para humedecerlos, girándose hacia mí. 

—Un edificio cualquiera, no debería importarte—contestó borde.

Intenté preguntar de nuevo. Con el tono más amable y tranquilo posible.

—Pero, ¿nunca te has preguntado que hace ahí? ¿En medio de la nada, abandonado?
—Joder...—susurró—. Te he dicho que no debería importarte. 

Volvía a sacar su lado borde y frío y a comportarse como un maldito idiota. Odiaba que se comportara así conmigo y que me tratara de aquella forma. 

—Odio cuándo te comportas así.
—Tú me has provocado, nena. No te quejes.
—¿Qué yo te he provocado? ¡No me jodas, Justin! ¡No he dicho nada!
—¡Preguntas sobre mierdas de las que no debes saber que existen!
—Oh, así que es eso—asentí—. ¡Ahora soy adivina y sé sobre que debo preguntar y sobre qué no! ¿Verdad?—dije con ironía. 

Él parecía que iba a explotar en cualquier momento, con puños en sus manos y una tensión evidente en su rostro y mandíbula. Sus ojos estaban llenos de ira, fijos en el suelo. 

—Si tuvieras la menor idea de lo que va todo esto, ni siquiera estarías conmigo ahora. 

Hablaba con sinceridad, como si le doliera pronunciar esas palabras. Y no sabía a lo que se refería. 

—Si supieras todo la mierda que he hecho durante mi puta vida y de lo que soy capaz de hacer, ya habrías salido corriendo. 

—Justin...—pronuncié su nombre en un susurro, suficiente para que me escuchara y levantara su mirada. Me acerqué a él, pero él se alejó de mí.

—No, Cath. Joder... —susurró y estiró las puntas de su pelo hacia arriba con rabia—. Mato por dinero, ¿sabes? 

El latido de mi corazón se aceleró. Era un asesino. Ya lo sabía. Pero no era lo mismo que él me lo asegurara, que me lo dijera con aquella mirada y aquel tono de arrepentimiento.

—Realmente no me importa. 

Soltó una risa ahogada. 

—No me jodas, Cath. ¿Realmente te da igual salir con un asesino? Por que sí, soy un asesino.
—Desde el día que me crucé contigo en aquel pasillo supe que no eras el príncipe azul con el que todas sueñan y aún así sigo aquí, ¿no te dice nada eso?
—Sólo me dice que eres tonta. Soy un peligro para ti, no te convengo aunque me gustaría poder hacerlo. Mato a la gente sólo por el puto dinero, ¿no tienes miedo?

Mi cabeza me ordenaba correr, era lo lógico, estaba con un asesino, pero dejé la sensatez a un lado y escuché a mi corazón. Era Justin. Me daba igual que me tratara mal, que me gritara y que se comportara como un idiota conmigo en algunos momentos. Había dejado los complejos y defectos en segundo plano, acostumbrándome e incluso enganchándome a ellos tanto como a sus besos o caricias. ¿Era eso extraño? Sí, lo era pero tal vez era esto de la magia del amor, que me hacía sentir confusa y malditamente feliz con sólo verlo. 

—No, no tengo miedo porque sé que nunca serías capaz de hacerme daño.
—Hasta yo suelo sorprenderme de lo que soy capaz de hacer.

Sonaba perdido y acabado. No sabía que más podía hacer, pero no quería perderle. Tal vez era algo precipitado, pero era lo que me dictaba el corazón. Me sacaba de quicio algunas veces, pero todas las sonrisas y besos que habíamos compartido, mandaban por encima de todo. Era lo único que había encontrado desde que creía que lo había perdido todo, que me sacaba una sonrisa de vez en cuando y me hacía sentir algo. Algo verdadero que me hacía sentir bien. Sólo tenía que arriesgarme a que me correspondiera. Y estaba dispuesta a hacerlo. 

Suspiré y llevé mis manos a los bolsillos traseros de mis vaqueros desgastados, sin saber que hacer con ellas y suspiré. Seguía habiendo una distancia entre nosotros y un ambiente tenso que necesitaba romper. 

—Haré lo que tú quieras—me di por vencida.¿Quieres que me quede?

Me transmitió frialdad y seriedad con su mirada. Seguía tenso y encendido por la ira.

—No.

Fue directo y sincero. Algo que me sentó como una punzada en el corazón, pero en el fondo se lo agradecí. 

—Está bien—dije con dificultad, la voz me temblaba y las lágrimas habían comenzado a asomarse por mis ojos—. Nos vemos otro día.
—No.

Me estaba poniendo furiosa. ¿Qué coño quería? Primero no quería que me quedara, después no quería que me fuera. Me estaba confundiendo y odiaba sentirme confusa. 

—¿Estás jugando conmigo? ¡No estoy para juegos hoy!—grité. 

Entonces se acercó a mi en una décima de segundo y a la décima siguiente, ya se encontraba en mis labios, deteniendo el tiempo de nuevo, igual que cada vez que me besaba. Sujetaba mi cintura con fuerza, apretándome contra él, asegurándose de que no escapaba. Y no lo haría. Se separó de mí unos segundos después en busca de oxígeno y apoyó su frente en la mía, mirándome a los ojos. 

—No, te quiero sólo a ti. Sin nada, ni nadie más. Solo tú y yo.


Si has leído el capítulo, me harías un favor si dieras RT AQUÍ , gracias. || He estado pensando y si no consigo más lectoras en los siguientes capítulos, cancelaré la novela. Lo sigo en serio.  Así que a las lectoras fantasmas, no lo seáis, salid a la luz y a las demás, os agradecería miiiiil que recomendarais la novela a vuestras amigas, seguidores en twitter, lo que sea, si no es mucho pedir. No quiero ser mala, pero escribir la novela me supone un esfuerzo por varios problemas que tengo y aunque me encante hacerlo, la cancelaré si no consigo más lectoras.

Decidme lo que os ha parecido el capítulo dejando un comentario por aquí o un tweet en mi twitter (@Myinfinitelove) y si tenéis alguna pregunta, curiosidad, lo que sea, preguntadme en mi ask. Si queréis que os avise para el siguiente capítulo, decídmelo por twitter.

Y no me puedo ir sin daros las gracias por todos los comentarios, las visitas y demás que me alegran el día y me animan a escribir. De verdad muchísimas gracias. Sois increíbles. OS QUIERO MUCHÍSIMO<3.

3 comentarios:

  1. Weeeeee!!! Se han besadoooooooo <3 no puedes dejar la novela!! Es taaaaaan perfectaaaaa, no la puedes dejar así, yo también tengo pocas lectoras pero quiero seguir adelante, no sé tú, pero yo no escribo para nadie, escribo para mi placer personal y olvidarme de todo, sí encima alguien aprecia lo que hago, Mejor! Por cierto que me encantaaa el cambio que has hecho en el blog, además así lo leo mejor! ;D nos vemos preciosa

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    1. Muchísimas gracias, cielo.

      Dije que cancelaría la novela si no conseguía más lectoras porque realmente tengo problemas en el brazo derecho que me impiden escribir. Si no los tuviera, me darían igual el número de lectoras, escribiría porque es lo me gusta y es lo que me hace evadirme de todo, pero realmente me cuesta un esfuerzo. Pero no, definitivamente no cancelaré la novela porque me habéis demostrado que os gusta y que queréis seguir leyendo. Así que gracias. Un beso, preciosa.

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    2. ¡Vaya! ¡Qué faena lo del brazo! Lo siento mucho :( Si te molesta mucho no hagas demasiado esfuerzo, a ver si te nos lesionas! A mí me encanta, preciosa. Nos vemos :)

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