De repente, las lágrimas volvieron a caer, ante la cruel realidad de mi vida.
—¿Por qué no me lo habíais dicho? ¿Por qué no me explicabáis que me queríais proteger por esto?
Mi voz se atascaba entre las lágrimas. Sonaba débil y desesperada. Y mi respiración no me permitía hablar demasiado. Me ahogaba entre mis palabras y el miedo.
—Catherine, tranquilízate.
Mi madre dio dos pasos hacia mí, yo retrocedí, pero me dejé caer en la cama, rindiéndome. Me meció entre sus brazos, dándome algún que otro beso en la cabeza, mientras me intentaba tranquilizar con susurros. Al principio, me negaba a devolverle el abrazo, pero no me pude resistir a acabar aceptándolo. Lo necesitaba.
—Todo va a ir bien, cariño. No te preocupes.
Me separé de ella y le miré a los ojos. Estaban débilmente cristalinos por las lágrimas y se veían cansados.
—Si todo fuera a ir bien, no me habrías mentido. Y lo has hecho. Tanto tú como papá habéis estado protegiéndome, sin darme explicaciones, pero ahora sé que es porque teméis que acabe como Matt.
—No te va pasar nada, Catherine—me cogió el rostro entre sus manos firmes, secando las lágrimas descontroladas que caían por mis mejillas.—Te lo prometo.
Me miraba con admiración, como si fuera su mayor tesoro, el único que le quedaba. Podía ver el dolor en sus ojos y la tristeza, un año despúes, seguía presente en su corazón. No había vuelto a ser la misma desde que perdió a uno de sus hijos, a una parte de ella. Le faltaba ese brillo en sus ojos verdes esmeralda que le daban la vida por la que era conocida. Mi madre era un pilar muy importante para mí. Ella me animaba, me daba alegría y desde que su alegría desapareció, se llevó consigo la de todos. Y quería recuperar eso. Mi vida.
—Quiero que me cuentes de qué va todo esto. Nada de mentiras.
—Catherine...
Las dos nos sobresaltamos, llevando nuestra atención a la puerta. Un fuerte golpe había sonado en la planta de abajo, algo parecido al sonido de un plato al romperse. Tal vez más de uno.
Miré a mi madre preocupada y confundida. Se levantó de la cama y al segundo siguiente se encontraba en la puerta, mirando por el pasillo. No entendía su preocupacion. Seguramente a Joseph se le habría caído algún plato preparando el desayuno. Pero tenía la sensación de que había algo más...
—Papá, está borracho...—dije en un susurro, pensando en voz alta.
—¡Jack!—gritó mi madre dándose cuenta de la situación.
Comenzó a correr escalera abajo, gritando el nombre de mi padre. Yo le seguí hasta la cocina, dónde estaban él y Joseph enzarzados en una pelea. Los platos y la comida esparcida por el suelo, explicaban la procedencia del ruido. Los suelos, las paredes y las encimeras, estaban manchadas de lo que tendría que haber sido el desayuno.
Joseph se encontraba contra la pared del fondo de la cocina, a punto de ser golpeado por el puño de mi padre, que lo tenía cogido por el cuello de la camisa amenazándole con la mirada.
—¡Papá, para!—grité.
Avancé hasta ellos en una milésima de segundo, mientras le cogía a mi padre el brazo impidiéndole que llevara el puño hasta la cara de Joseph. Lo empujé hacia atrás, separándolos. Y lo conseguí. Pero también conseguí que mi padre se descontrolara y llevándome el puñetazo.
Caí al suelo por el fuerte golpe. Anonadada y confusa por la situación, me levanté con la ayuda de mi madre y la atenta mirada de todos sobre mí. Mi padre me miraba con impotencia y culpabilidad, arrepentido en el fondo por todo lo que había hecho en una sola mañana. Mi madre, enfadada y cabreada, se controlaba para no gritarle a mi padre en mi presencia. Su mandíbula tensa, lo demostraba, al igual que su mirada de odio hacia él. Y Joseph, miraba la escena desde la misma posición en la que estaba. Sorprendido y atónito, sin saber aún que había pasado. Desplazaba su mirada por todos los platos del suelo, y de vez en cuando la dirigía hacia mí, sin saber cómo reaccionar o qué decir.
Mi padre intentaba pedir perdón por su mirada, pero yo solo podía sentir odio y pena hacia él. Olía a alcohol, como si se hubiera duchado con su whisky preferido. El olor era incluso más fuerte e intenso que antes, cómo si fuera posible.
—Lo siento, Cathe...—empezó mi padre.
—Fuera de aquí, Jack—impuso mi madre en tono autoritario.
Le obedeció sin rechistar. Salió de la cocina, y después de intercambiar una mirada con Joseph, mi madre le siguió. Solo quedábamos Joseph y yo en la cocina. Él se acercó a mí preocupado, mirándome atentamente el labio.
—¿Te duele?—preguntó inclinándose hacia mí.
—No me he hecho nada...
Me llevé la mano al labio y entonces noté la sangre. Hasta aquel momento sólo había sentido dolor y la zona levemente dormida, pero tenía los dedos manchados de rojo escarlata y el sabor salado había llegado a mi boca.
—Iré a por el botiquín y te curaré—dijo Joseph nervioso.
—Tranquilo—le cogí las manos para tranquilizarle.—Puedo hacerlo yo sola.
—Está bien, yo recogeré esto.
Le sonreí y me devolvió el gesto, mientras se giraba para empezar a limpiar la cocina. Salí de allí y me dirigí hasta el baño. El dolor se hacía cada vez más intenso y pude comprobar, delante del espejo, que estaba hinchado.
—Mierda—susurré.
Cogí antisépticos y algodón y me curé la herida. Escuché a mi madre bajar por las escaleras hacia la cocina para ayudar a Joseph y me apresuré en acabar. Lo guardé todo en su sitio y me miré al espejo por última vez. Estaba pálida, aún tenía algo de maquillaje de la noche anterior y el labio estaba hinchado y rojizo. Pero ya me encargaría de ocultar eso más tarde. Tenía un aspecto horrible.
Suspiré y me mordí el labio inferior. Luchaba contra las lágrimas. No quería llorar más. Pero una se escapó, bajando por mi mejilla, hasta llegar a la comisura de mis labios. Me la sequé en un movimiento rápido y sonreí antes de salir del baño, solo para demostrarme que era capaz de hacerlo.
Llegué a la cocina interrumpiendo la conversación de susurros entre mi madre y Joseph. Ella recogía con una escoba los trozos de porcelana de la vajilla, mientras que él, con un paño mojado, limpiaba las encimeras. Los dos se giraron cuando se percataron de mi presencia, pero mi madre se acercó a mí con la intención de abrazarme.
—¿Estás bien, cariño?—no dejé que se acercara a mí.
—Si—asentí con los brazos cruzados en el pecho—. Y ahora quiero que me lo cuentes todo.
—Joseph,—éste se giró hacia nosotras—¿te importaría salir un momento, por favor?
—Sus deseos son órdenes, señora.
Mi madre asintió con una leve sonrisa en sus labios y yo observé como salía de la habitación, cerrando la puerta detrás de él.
—¿Qué quieres que te cuente?—preguntó ella.
—Todo. Quiero saberlo absolutamente todo.
—Pero hay mucho que contar, Catherine—se dejó caer en una de las sillas.—Has leído los mensajes, seguro que tienes preguntas, así que no desaproveches la oportunidad.
La verdad era que sí tenía preguntas. Tantas que tenía miedo de no tener el tiempo posible para obtener la respuesta de cada una de ellas.
Suspiré y comencé a hablar.
—¿Quién manda las notas?
Mi madre elevó las cejas. Sabía que iba a preguntar justamente eso.
—¿Quién mató a tu hermano? Todos nos hacemos la misma pregunta, cariño.
Tenía la sensación de que no iba a llegar a ningún sitio. Si ni siquiera mis padres lo sabían, ¿cómo iba a llegar a descubrirlo yo?
—En una de las notas ponía que papá le debía algo, ¿cómo no va a saber quién es?
—Tu padre ha tenido un pasado diferente del que tú piensas, Catherine—suspiró—. No siempre ha tenido una vida fácil. Él se ganaba la vida haciendo apuestas, pidiendo préstamos...
—¿Como una especie de mafia?
Era la segunda vez que salía esa palabra en una conversación en menos de veinticuatro horas y eso no significaba nada bueno.
—Algo así—dijo mi madre sin convencerle la palabra—. Nunca sabrás de que va ese mundo hasta que no te adentras en él.
—Entonces, ¿la muerte de Matt fue por simple venganza? ¿Por qué papá debía dinero y se negó a darlo?
Mi madre me miró, afirmándome con la mirada que lo que decía era cierto.
—¿Pero cómo...?—fruncí el ceño, buscando las palabras adecuadas para expresarme.— ¡Tenemos dinero! ¿Por qué no le dio lo que quería? ¡No habría pasado nada de esto!
—No es tan fácil, Catherine. Te persigue como si fuera tu propia sombra.
—¿Y dejaréis que me lleven con ellos?—mi voz sonaba rota, casi inaudible como un susurro. —¿Por el puto dinero?
—Eh, eh—me cogió el rostro entre sus manos, igual que en mi habitación, aquella misma mañana—. No dejaríamos que te pasara nada. No te va a pasar absolutamente nada.
—¿Y cuál es vuestro plan?—pregunté, intentando encontrar la parte positiva en el caso de que existiera, con un tono algo burlón. Si cayó mi hermano, caería yo.
—Protegerte y mantenernos tanto como podamos al margen de todo.
—¿Y la policía?
Me separé de ella. Cruzando las manos en mi regazo.
—¿No pueden ayudar?—me sequé las últimas lágrimas.
—Tu padre acabaría en la cárcel—fruncí el ceño—. Ha hecho cosas de las que no está orgulloso.
—Oh...—exclamé yo, sorprendida y sin ver a mi padre en una mafia cómo la de Justin—. ¿Y por qué no me lo habíais dicho? Podría haber colaborado.
—¿Y que pasaras por esto? Era lo que queríamos evitar. Creíamos que podíamos salir de esta sin tener que decirte nada.
—¿Cómo lo de Matt? ¿No me dijistéis nada para que no sufriera?
—Sí, pero no salió como esperábamos.
Hubo un silencio largo. Tenía demasiadas cosas para asimilar. No me podía imaginar a mi padre ganando dinero negro. La muerte de mi hermano como una venganza. El secreto del pasado de mi familia.
—¿Y tú?—mi madre levantó la mirada—. ¿Te enamoraste de papá sabiendo quién era?
Ella asintió con una sonrisa, orgullosa.
—Estaba allí cuando ganó su mayor apuesta. Fui su amuleto de la suerte. Y no me importó que llevara la vida que llevaba. Más que nada, porque acabé metida en ese mundo.
—¿Y si te hubiera venido de sopetón? ¿Cómo algo imprevisto?
—Los sentimientos no se pueden controlar, solo aceptar. El amor sigue siendo amor, aunque quieras ignorarlo.
Sonreí por un momento. Mamá y yo éramos iguales. Nos habíamos enamorado de los malos del cuento, en vez del típico príncipe azul del que todas las princesas caen enamoradas.
—¿Y esa sonrisa?—dijo mi madre, intentando dejar atrás toda la conversación—. ¿Hay algún chico?
—Mamá, no empieces...—comencé a sonrojarme y me levanté, poniéndome de pie dispuesta a irme.
—Conozco esa sonrisa, ¿quién es el chico?
Bufé y me di la vuelta, mirando a mi madre.
—Es el malo de la película, por eso no estoy segura de que sea el correcto.
—Tú solo tienes que hacer caso a lo que te susurre el corazón. Y si no es el correcto, aún eres joven para permitirte cometer errores.
—Papá nunca aceptaría mi elección—bufé sin esperanzas.
—Entonces tendrás que hacerle cambiar de idea—me miraba desde su sitio con cierta pena en su mirada—. Ahora vete a tu habitación, Joseph te llevará el desayuno en seguida.
Junté mis labios en una curva sin intentar que pareciera una sonrisa, sólo un gesto de aceptación, y subí las escaleras.
No era capaz de concentrarme en lo que hacía. Estaba en mi mundo, pensando y organizando todas las ideas y palabras que habían entrado en mi mente en los últimos minutos. Era extraño, porque pensaba que después de saber la verdad me sentiría mejor, completa. Pero en realidad seguía sintiéndome insatisfecha y tenía cierto miedo. Miedo a la realidad.
El pasillo se me hizo más corto que nunca. Llegué a mi habitación y abrí la puerta, captando con la mirada los papeles esparcidos por las sábanas de mi cama. Después observé que la ventana volvía a estar abierta. Y recordaba que la había cerrado. Estaba segura. Entonces noté el miedo.
Unos brazos me atraparon por detrás, tapándome la boca y agarrándome por la cintura. Intenté gritar y patalear a quién fuera que estuviera detrás pero era imposible. Las lágrimas habían comenzado a caer y notaba su aliento en mi nuca.
—¡Ey, Cath!—reconocí su voz—. Soy yo , tranquila.
Me soltó de su agarre y me giré hacia él, volviendo a respirar. Me miró totalmente desconcertado y preocupado, se sentía culpable. Me cogió la cara con sus dos manos con cuidado. Sus ojos color miel estaban más abiertos que nunca, mirándome intensamente.
—¿Estás bien?—llevó su atención hasta mi labio.—¿Quién te ha hecho eso?
Sin decir nada, me lancé a su pecho. Él me rodeó instantaneamente, mientras yo mojaba con mis lágrimas su camiseta blanca. Me depositó un beso en la sien, intentando tranquilizarme.
—¿Qué te pasa, Cath?—preguntó él, separándome de su pecho para poder mirarme directamente a los ojos—. Lo siento—dijo con arrepentimiento—. No lo habría hecho si supiera que habrías reaccionado así.
—Estoy bien—me sequé las lágrimas.
—¿Y el labio?—bajé la mirada, pero él no tardó ni un segundo en cogerme por la barbilla y obligarme a mirarle—. Cath, por favor.
—Dime que no te enfadarás, que no...—comencé yo, pero él me cortó.
—Ha sido tu padre...—susurró con rabia.
Tensó su mandíbula y apartó sus manos de mí, apretando sus dedos en puños. Desvió la mirada hacia el otro lado de la habitación, intentando controlar su respiración.
—Por favor—le susurré, mirándole fijamente, esperando alguna respuesta.
Pero se apartó de mí. Cerré los ojos y suspiré. Escuché sus pasos alejándose de mí. Podía escuchar el rápido latido de mi corazón en el pecho. Bombeando cada segundo con menos fuerza. Conseguí calmarme al fin.
—¿Es por esto verdad?—dijo mirando la cama cabreado—. Creía que era algún tipo de broma pesada, pero visto cómo te has asustado, creo que no lo es. ¿Qué coño es esto Cath?—dijo intentado controlar su enfado.
Cerré la puerta detrás de mí y me acerqué a la cama, recogiendo todas las notas.
—Es lo que ves no hay más.
—¿Quién lo ha escrito? ¿Quién las ha mandado?—podía ver la furia en sus ojos.
—Por favor, Justin, tranquilízate—me deslicé por la cama hasta él, sentándome en frente suyo—. No quiero que se enteren de que estás aquí. Ya he tenido bastante por hoy y acabo de comenzar el día.
—Sí, lo que sea. ¿Pero quién ha sido?
—He hablado con mi madre, no lo sabe.
—¿Qué?—soltó una falsa carcajada.—¿Cómo no lo va a saber? Tu padre sabe con quién negocia, nena. Eres tú la que decide creerse las mentiras de tu madre.
—Saben que es el mismo que está detrás del asesinato de mi hermano y que hará lo mismo conmigo si mi padre no devuelve lo que debe—repliqué yo.
—¡¿Y a qué espera?!—alzó sus manos al igual que su tono de voz.
—Justin...—susurré, intentando llamarle la atención.
Dejó escapar un suspiro y me observó con lástima.
—No sé tus padres, pero yo no me voy a quedar de brazos cruzados viendo cómo te matan—se agachó hasta quedarse de rodillas a mi altura—. Porque no puedo, ¿sabes?—apoyó dos de sus dedos en mi barbilla, atrayéndome hacia él—. Porque no puedo vivir si tú estás así. Por que se me rompe el alma—susurró.
"El amor no ha jugado en su favor y le ha hecho daño, tanto daño que juró no volverse a enamorar. Pero parece que se ha olvidado de la promesa que se hizo a si mismo cuando apareciste tú."
Apoyó su frente en la mía y noté como se relajaba su respiración. Entonces le miré a los ojos, que desprendían más brillo que nunca y los cerró, dejando escapar un suspiro largo y profundo.
—Y porque no puedo perderte. No a ti.
Juntó nuestros labios en un delicado y suave beso, que se intensificó por segundos. Se inclinó sobre mí y fue cuando caí sobre el colchón, pasando mis dedos por su pecho, notando su fuerte musculatura bajo el algodón de su camiseta. Me besó de nuevo con una delicada dulzura, que pasó a ser ansia y fuerza cuando sus labios se volvieron impacientes y su lengua se abrió paso hacia la mía. Pasó sus manos por mi espalda, levantando la camisa hasta deshacerse de ella por encima de mi cabeza. Después bajó lentamente dejando un rastro de besos y caricias por mi costado hasta llegar a la cicatriz que tenía un poco más abajo del estómago. Depositó un suave y largo beso en ella y volvió a mis labios, para mirarme a los ojos.
—Te prometo que no dejaré que te hagan daño. Te protegeré con mi vida si es necesario. Te lo juro.
RT AQUÍ SI HAS LEÍDO EL CAPÍTULO.
Tengo que empezar dando las gracias por todo. Cuando empecé la novela no sabía que iba a tener tantos comentarios o visitas en el blog, así que muchísimas gracias. Gracias a todas las que estáis ahí desde el principio, a las que comentáis cada capítulo y también a las que dan RT, aunque no comenten nada. Gracias a todas, en serio. Incluso a las lectoras fantasmas, porque no dejan de ser lectoras(aunque estaría mejor si salierais a la luz).
Quería pediros un favor, ya que estamos en verano y tenemos más tiempo libre, quería saber si sería demasiado pedir que recomendárais la novela a vuestras amigas, seguidores en twitter, a todos los que podáis, si no os importa (¿por favor?).
Y bueno, ya no me enrollo más. Os quiero mucho.
Un beso. <3
Hola ! Soy una nueva lectora la verdad es que me gusta mucho tu novela es interesante y unica de vdd que nunca lei una asi tienes mucha creatividad y escribes exelente. Espero que subas pronto.
ResponderEliminarSigueme en twitter: @andrea_goomez
Muchísimas gracias, en serio. Ya te he seguido en twitter. Un beso, cielo.
EliminarGracias baby
EliminarPasare por mi nueva novela, es nueva y apenas estoy aprendiendo a escribir se que no es muy buena pero igual porfa pásate http://lanoveladejustinbieberytn.blogspot.com/?m=1
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