Mi padre estaba alterado. La situación empeoró cuando vió la fotografía y reconoció a Matt en ella. La tenía entre sus manos, que la sujetaban tensa y firmemente.
—¿Cómo has conseguido esto?—la alzó en su mano derecha.
Me levanté de la butaca y cogí la imagen con brusquedad de su mano. No podía permitir que vieran lo que ponía detrás de ella. Harían más preguntas a las que yo no tenía respuesta y no quería eso. Sería agregar un problema más a la lista y era innecesario.
—Entonces es Matt, ¿no?
—Cariño...—fue mi madre la que habló, intentando relajarme con caricias en la espalda.
—De cariño nada mamá. Explicadmelo todo.
Fui un poco borde con mi madre, lo admito. Pero no estaba de humor, no quería perder el tiempo, no quería que me trataran como a una niña pequeña, si no como a la mujer que sería capaz de soportar, y de levantarse sola en el caso de caerse.
Mis padres compartieron una mirada de complicidad y mi madre miró al suelo, pero mi padre seguía con la mirada fija en mí, con su rostro indicando preocupación, añoranza y miedo a la vez. Entonces supe que iba a hablar. La pregunta era: ¿Estaba preparada para escucharlo?
—Catherine, ni siquiera nosotras sabemos cómo murió—la voz de mi padre era tensa, cansada y débil.
—¿Cómo que no lo sabéis?—pregunté más confundida que nunca.
—Los que llevan a cabo la investigación de la muerte de tu hermano, aún no han encontrado pistas suficientes para culpar a alguien del asesinato.
—¿Entonces Sam? Me dijisteis que fue él quién lo mató.
—Y lo hizo. Al menos eso fue lo que nos dijeron. Encontraron sangre de Sam en el cadáver. Era el principal sospechoso.
—¿En eso se basaron? ¿Sólo en eso?—pregunté casi gritando. Me estaba alterando.
—Catherine, tranquilízate.
—¿Cómo quieres que lo haga? He estado culpando a Sam de la muerte de Matt desde el primer día después de la fiesta, odiándole hasta desearle la muerte cada día, ¿y quieres que me tranquilize? ¡Yo le quería!
—Cariño, escucha a tu padre, por favor—interrumpió mi madre.
—No, no lo entendéis porque vosotros no sabéis lo que yo sentía por Sam. Y tampoco perdisteis a dos personas a la vez.
—Cathy, sé que tú te llevaste la peor parte de todo esto, pero nosotros perdimos un hijo y eso no es algo fácil de superar.
Supiré, tomé varias respiraciones profundas y me tranquilicé. Me temblaban las manos y el corazón comenzó a cobrar vida, rebotando en mi pecho cada vez más fuerte. Notaba las lágrimas en mis ojos, pero eso era lo que menos me importaba. El vacío que sentía se volvió más intenso por los recuerdos que venían a mí. Las risas, los gritos. Los momentos buenos y también los malos. Las sonrisas, las lágrimas. Echaba de menos absolutamente todo lo que tenía que ver con él.
—Sam salió corriendo después de apuñalarte, tu hermano fue detrás de él y llegaron al pequeño bosque que hay detrás de la casa de Emily. ¿Lo recuerdas?—yo asentí—. Comenzaron una pelea...
—Entonces sí que sabéis como murió—le corté yo.
—La policía encontró pruebas de que allí había más de una persona. Sam y tu hermano no estaban solos—continuó mi madre.
—¿Sam tenía planeada la muerte de Matt? ¿Es eso lo que queréis decir?
—Eso es lo que la policía dice, por eso siguen buscando pruebas y pistas o nuevas hipótesis con las que continuar trabajando—contestó mi padre.
—¿Y por qué querría Sam matarlo? No-no lo entiendo—tartamudeé.
Mis padres compartieron una mirada de complicidad, teñida por la tristeza y la ausencia de Matt. No supe realmente que significaba. No sabía si era por mí o tal vez por algo que aún no me habían dicho, difícil de contar. Pero me daba igual, no quería escuchar nada más. No sería capaz de soportarlo. Sólo al imaginarme a mi hermano, al cuerpo de mi hermano, en medio del bosque, sin vida, desangrado... No podía más. Eso era suficiente. Más que suficiente.
—No lo sabemos, cariño—dijo mi madre con delicadeza.
Mi madre en algún momento se acercó a mí y se agachó en el suelo hasta estar a mi altura.
—Nadie lo sabe, Cathy—dijo mi madre.
"Cathy". La miré a los ojos. Me solía llamar así cuando era pequeña y tenía que decirme algo delicado o cuando me hablaba con dulzura. Hacía mucho que no utilizaba ese nombre para dirigirse a mí. Ella me miraba con sus ojos verdes, a través de sus largas pestañas. Las lágrimas formaron un nudo en mi garganta. Me mordí el labio inferior reteniéndolas. Miré hacia arriba. Se me nublaban los ojos. Y mi respiración se entrecortaba.
—Catherine—me llamó mi padre.
Yo bajé la mirada y me encontré con la suya, al otro lado del despacho, observando la escena entre mi madre y yo.
—¿No deberías estar en el instituto?
Y ahí estaba mi padre. Él nunca había sabido tratar las situaciones delicadas, siempre ha sido mi madre la que se ha encargado de eso. Simplemente no sabe comportarse o consolar a alguien cuando está pasando un mal momento. A veces puede ser muy frío y distante, todo lo contrario de lo que puede llegar a ser mi madre. Y eso es lo que siempre me ha faltado de él, que me demostrara un poco más. Que le demostrara un poco más de apoyo, amor y cariño a su hija cuando más le necesitaba. Porque a pesar de todos los errores que ha cometido conmigo, y de que yo haya llegado a odiarle en ciertos momentos, era mi padre y el amor de un padre no se puede cambiar por ninguno otro.
—Jack, no vengas con esas ahora—contestó mi madre con un tono serio, levantándose para mirar a mi padre.
—Elisabeth, tú hija se ha escapado del instituto, ¿y no le das importancia?
—¡Hay cosas más importantes sobre las que ocuparse!
Picaron a la puerta. Tres golpes secos. Todos nos giramos y observamos a Joseph aparecer por ella.
—Disculpen la interrupción—dijo tan amable como siempre—. La comida está servida.
—Gracias, Joseph. En seguida estaremos abajo—dijo mi madre.
Le mostró una pequeña sonrisa y Joseph se despidió con otra después de desaparecer por la puerta. Volví la atención a mis padres, que tenían los rostros encendidos y se enviaban miradas llenas de rabia y furia.
—Catherine, baja a comer. Ahora iremos tu madre y yo. Ya discutiremos después sobre tu castigo.
Ni siquiera me miró a la cara cuando me hablaba. Estaba enfurecido y sabía que tendría una discusión fuerte con mi madre.
Sin mirar atrás, cerré las puertas del despacho detrás de mí y caminé por el pasillo. Despacio, cansada y sin ganas. Intentaba asimilar todo lo que había pasado. Me sentía extraña. Vacía. Sí, definitivamente esa era la palabra perfecta. La fotografía permanecía en mi mano. No me atrevía a mirarla. Era diferente cuando no estaba segura de que era él, a saber que era Matt. Sin dudas.
Llegué al salón, dónde la mesa estaba puesta y la comida servida. Pasé la gran mesa, para más comensales de los que nunca se sentarían allí, y llegué a la cocina, dónde se encontraba Joseph cocinando.
—¿Qué ha pasado, Catherine?—preguntó nada más verme entrar.
—¿Tú también sabías lo de Matt?
Joseph no dijo nada, así que lo interpreté como un sí.
—Lo siento, Catherine. Me enteré por error y tus padres me hicieron prometer que no dijera nada y así lo hice—sonaba arrepentido.
—No te preocupes—intenté sonreírle.— No puedo enfadarme contigo, se supone que deberían ser mis padres los que deberían haber hablado conmigo.
—¿Y cómo estás?—preguntó con un tono de voz suave y dulce, apartando del fuego una sartén que no pude ver que contenía.
—No sé. Sabía que Matt estaba muerto, pero ha sido cómo revivir el momento en que mis padres me dijeron lo que había pasado.
—Debe ser duro.
—Lo es, no es nada fácil. Pero las lágrimas no solucionan los problemas.
Joseph me dedicó una sonrisa y yo me sentí mal por no devolvérsela, pero en aquel momento no me salía. No iba a llorar, porque no quería, pero que no me dijeran que sonriera, porque era incapaz.
La comida fue lenta e incómoda. Mis padres ni se miraban y a penas vaciaron los platos, me incluyo en ello. El apetito me había desaparecido por completo, así que aparté el plato y subí a mi habitación. Allí me desahogué. Me tumbé en la cama boca abajo y lloré. Cogí la fotografía de Matt, que había guardado en el bolsillo trasero de los pantalones y la rompí. Escuché un ruido detrás de mí. Me levanté de la cama y miré a mi alrededor. No había nada. Me volví a tumbar. Junté los trozos de la fotografía y los rompí de nuevo, partiéndola en cuatro. Los tiré y los trozos cayeron lentamente hasta llegar a tocar el suelo. Me giré sobre la cama, mirando hacia el techo y cerré los ojos. Una lágrima se deslizó por mi mejilla y rápidamente me la sequé.
—Hola, Caht.
Me levanté de golpe de la cama. Justin estaba al lado de la ventana, abierta. Pegué un grito y él se acercó a mí rápido y veloz para taparme la boca. Entonces me di cuenta de que me había llamado Cath. Ni nena, ni fea o cualquiera de los apodos que él me ponía. Y me gustaba como sonaba en su boca.
—Creí que te alegrarías más de verme, nena.
Definitivamente había vuelto Justin, con su particular sonrisa en sus labios y sus ojos color miel mirándome de esa forma tan suya.
—¿Pero a ti qué te pasa?—dije borde—. ¡No te he invitado a colarte por mi ventana!
—Eso no importa. ¿Qué te pasa a ti? La mayoría de las veces que te veo estás llorando y eso no me gusta nada.
¿Había dicho eso? ¿O estaba soñando? Me quedé mirándole fijamente por unos segundos. Confusa. Entrecerré mis ojos y entreabrí mi boca en sorpresa. Lo decía muy en serio, por su mirada profunda y preocupada fija en mí. Y sin poder remediarlo, se formó una sonrisa en mis labios. Y él sonrió conmigo. Los latidos de mi corazón aceleraron el ritmo. Y las mariposas de mi estómago cobraron vida.
Se había sentado frente a mí en la cama, y estábamos a escasos centímetros. Podía ver claramente sus ojos por la luz que entraba por la ventana. Me encantaban. Eran de un precioso color miel. Y su sonrisa. Eso era un vicio. Una adicción desde la primera vez que la vi.
—¿Me vas a decir qué te pasa o no?—preguntó.
—Dime primero por qué has venido.
—Vente conmigo y te lo diré—sonrió divertido.
—¿Qué me vaya contigo?—él asintió.—¿A dónde?
—Vente conmigo y lo sabrás.
—No juegues a eso.
—¿A qué?
—No puedo salir de aquí.
—Puedes hacerlo, pero no quieres, es diferente, nena.
—Estoy castigada.
—Por escaparte del instituto, ¿verdad?
—¿Cómo...?—entrecerré mis ojos y fruncí el ceño—. ¿Cómo lo sabes?
—Vi cómo te ibas. No sabía que tenías un lado malo, pero me gusta mucho—me dedicó una mirada pervertida y me guiñó el ojo.
—No empieces, Justin—rodé los ojos y me levanté de la cama—. Ibas muy bien, ¿sabes?
Él se levantó después de mí y me abrazó por detrás, apoyando su cabeza entre mi hombro y mi cuello.
—Lo siento, comenzaré de nuevo—susurró en mi oído con una sonrisa en sus labios.
—Estás muy extraño hoy—sonreí.
—¿Para mejor?—yo asentí—. ¿Eso quiere decir que te vienes?
Me di la vuelta. Sus brazos seguían rodeándome la cintura y mis manos estaban apoyadas en su pecho. Sólo nos separaban unos centímetros que desearía que desaparecieran. Su mirada iba directa a mis labios, mientras pasaba la lengua por los suyos para mojarlos. Era malditamente sexy.
—Eso quiere decir que me gustaría irme contigo, pero que no puede ser.
Me alejé de él.
—¿Por qué?—preguntó.
—Estoy castigada—repetí—.Si sube mi padre y ve que no estoy aquí, duplicara el castigo o algo peor. No puedo arriesgarme a que me pille.
—En ese caso...—se le iluminaron los ojos y se acercó de nuevo a mí.
—¿Qué?—pregunté en un susurro. De nuevo estábamos a centímetros.
—Arriésgate conmigo y haré que merezca la pena.
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Y bueno, ahora lo de siempre, decidme lo que os ha parecido el capítulo dejando un comentario por aquí o un tweet en mi twitter (@Myinfinitelove) y si tenéis alguna pregunta, curiosidad, lo que sea, preguntadme en mi ask. Si no os aviso y queréis que lo haga, decídmelo por twitter.
Nos leemos pronto. Besos.
sigue pronto guapa!!!!! :)
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