lunes, 25 de marzo de 2013

Arriésgate conmigo: {14}.

—Aquí tienen—el hombre de recepción que nos acompañó hasta nuestra puerta, le entregó las llaves a Justin—. Espero que disfruten de su estancia en la mejor habitación de nuestro motel—añadió con una sonrisa forzada—. Cualquier problema que tengáis, hacedmelo saber—desapareció rápidamente por el final del pasillo.

Justin metió la llave en la cerradura y la giró hasta abrir la puerta. Era una habitación simple, con una cama de matrimonio con sábanas blancas bajo la ventana frente a nosotros y una puerta a la derecha, donde se encontraba el baño. Una cómoda, un pequeño armario, una vieja televisión  y algunas goteras distribuidas por la habitación era todo lo que había. Además del olor a humedad. Las paredes estaban empapeladas con un diseño de ornamento que en su día tuvo que ser azul oscuro. A través de la ventana, se podían ver las gotas de lluvia chocando contra el cristal y un cielo oscuro, acompañado de algún rayo que otro. Me alegré al ver que al menos había calefacción, necesitaba deshacerme de la ropa mojada que llevaba pegada a mi cuerpo y entrar en calor.


Justin se quitó la camiseta y la dejó encima del radiador para secarla, después se tumbó en la cama dejándose caer y poniendo los brazos cruzados detrás de la cabeza. Yo cerré la puerta detrás de mí y me quedé ahí de pie. Ninguno de los dos había dicho nada desde los besos en aquel callejón detrás del motel. El ambiente se había vuelto tenso e incómodo y no podía evitar sonrojarme al recordarlo todo. Sin embargo, él ni siquiera parecía que hubiera estado presente. Volvía a ser frío y a estar distante, como el Justin con el que me choqué en el pasillo del instituto. Me sentía una estúpida por haberme dejado llevar y haber sido el calentón de un idiota. Yo no era ese tipo de chica.


—¿Te vas a quedar ahí mirándome lo que queda de día?—preguntó mirando al techo. 

—Cállate.
—Qué amable—dijo con ironía.
—No es que tú lo estés siendo.
—Sólo quiero divertirme un poco.

Mostró una sonrisa pícara y se levantó de la cama acercándose a mí. Yo crucé los brazos delante de mi pecho. Mi alarma de peligro volvía a sonar. Justin sin camiseta, con el pelo alborotado y mojado y con esa sonrisa tan provocadora. Ya podía sentir el calor de sus besos en mis labios, de sus caricias en mi piel. 


—¿Y así te gusta divertirte?

—Tengo muchas formas de divertirme, pero una de mis favoritas es hacerte enfadar. 

No pude evitar morderme el labio y retroceder un paso hacia la puerta detrás de mí. Era exactamente igual que en el callejón. Sabía como iba a acabar esto. Y no sabía si lo quería. Una parte de mí me lo pedía a gritos, la otra me prohibía volver a caer en sus trampas, pero Justin estaba cada vez más cerca...


Y de nuevo se encontraba en mis labios. Mis dedos recorriendo su pecho desnudo, descubriendo nuevo territorio. Sus manos en mi cintura, acercándome a él tanto como podía. Retrocedimos hasta chocarnos con la puerta. Comenzó a besarme por el cuello, con suaves besos que poco a poco subían la temperatura de nuestros cuerpos. Yo subí mis manos hasta su cabeza masajeando, jugando y tirando de su pelo. Él gimió contra mi boca. Mi corazón comenzó a latir más rápido. Mi respiración se agitó. Era capaz de enviarme a un mundo mágico. 


Me cogió de la cintura y comenzó a besarme por el cuello. Mi corazón comenzó a latir más rápido. Mi respiración se agitó. Sabía lo que quería. La cama de matrimonio en frente de nosotros con los mismo pétalos que vi en el suelo y las velas alrededor de ella, sabía lo que significaban. La pregunta era: ¿Estaba dispuesta a hacer algo que no quería por no perderle? Seguía besándome. Quería algo de mí que no le podía dar. Un beso más. Dejó caer mi labio inferior después de un pequeño mordisco. Me estremecí. Tal vez no fuera tan mala idea. Pero no, estaba borracho, lo podía notar en cómo me besaba, en como me miraba. Le aparté de mí.

—Estás borracho Sam. No quiero hacerlo. Hoy no.

—Vamos, Cat. No seas una aguafiestas, joder. —dijo  furioso con un tono muy serio y frío. No conocía esa parte de él y realmente no me gustaba. 

Se volvió a acercar a mí. Agresivo. Dispuesto a conseguir lo que quería. Aunque yo no estaba dispuesta a dárselo. Me cogió las muñecas con fuerza y las puso contra la pared. Dejándome inmóvil, indefensa. Gemí en el contacto con ésta. Fría. Dura.  No quería seguir con eso. 


Conseguí alejarme de él e ir hacia la puerta, pero me cogió por la cintura atrapándome entre sus brazos. 


—De aquí no te mueves hasta que no me des lo que merezco.

—No te mereces nada que venga de mí.

Me besó una vez más en los labios, intentando acceder a mí. Intenté con todas mis fuerzas deshacerme de su agarre pero era más fuerte que yo. Me sentía pequeña. Sus manos ya no estaban en mi cintura, habían bajado hasta mi culo y me sentía incómoda. Lo aparté de nuevo. Corrí de nuevo hacia la puerta, consiguiendo abrirla y salir. Él salió detrás de mí. Empecé a correr escaleras abajo...


Sam vino a mente. Aparté a Justin de mí. Un escalofrío me recorrió el cuerpo. Justin me miró, preguntándome con la mirada que era lo que iba mal.


—No voy a continuar con tu juego—bajé la cabeza, no podía mirarle a los ojos.

—¿Qué juego?
—¿Te crees que soy estúpida?
—No creo que quieras que responda a eso.
—Eres idiota.

Pasé por su lado caminando hacia el baño, pero su voz me paró. 


—¿Qué coño te pasa? Estábamos bien, hasta que...

—Hasta que te he jodido el plan de acabar conmigo en la cama, ¿no?
—¡No he dicho nada de eso, joder!
—Seamos realistas Justin. A ti es lo único que te importa.
—Ya sé lo que te pasa, te da miedo.
—¿El sexo?—Justin asintió—. ¿Miedo? No digas gilipolleces.
—Eres virgen.
—¿Qué?
—Eres virgen—repitió él.
—Yo... ¿A ti qué te importa?
—¿Tratas de decir que no lo eres?—negó con la cabeza—. No te creo.
—Me da absolutamente igual que me creas o no.
—No te da igual y lo sabes.
—Cállate.
—Demuéstrame que no eres virgen y me callaré.
—Eres gilipollas si te crees que voy a caer en eso.
—Sólo tienes que demostrármelo—me dedicó una sonrisa.
—No tengo porque hacerlo. No es de tu maldita incumbencia que sea o no sea virgen.
—Yo no diría eso—se encogió de hombros y se acercó un poco a mí—. Me gusta saber con qué tipo de chicas salgo.
—¿Perdona? Tu y yo no tenemos nada.
—Oh, ¿de verdad? Entonces no tenemos nada.

Yo negué con la cabeza y él se acercó más a mí, quedando a apenas unos centímetros. El ritmo de mi respiración aumentó, igual que el de mi corazón.


—Por eso te pones nerviosa cuando hago esto—rozó mis labios y cerré los ojos. —O se te acelera el latido de tu corazón al hacer esto—susurró y se acercó a mi cuello y depositó dos o tres besos. —¿Verdad? —susurró en mi oído.


Se separó de mí hasta quedar a la altura de mis ojos y observé el brillante color miel en su iris. Tal vez estuvimos mirándonos así, sin decir nada, una eternidad, una eternidad que se me hizo demasiado corta. Y después volvió a rozar mis labios, provocándome, sin besarme, dejándome con las ganas. Hasta que besó mis labios una vez más. Un beso rápido y suave en el que se paró el tiempo. Sonrió contra mi boca y yo me mordí el labio. Esto era demasiado. No podía parar de pensar en que me estaba equivocando. Sabía que Justin sólo me traería problemas, pero yo seguía ahí, cayendo en sus tentaciones una y otra vez. Y lo peor de todo era que me gustaba estar así con él por mucho que me sacara de quicio algunas veces. Además tenía miedo, miedo de enamorarme de nuevo de la persona equivocada, de que el amor no jugara en mi favor.


—Justin—lo empujé lejos de mí. 


Abrí la puerta del baño, entré y vi mi reflejo en el espejo. Tenía los labios hinchados y más rosados de lo normal. El pelo alborotado y aún húmedo por la lluvia. Aún llevaba el uniforme mojado, que se pegaba a mi piel haciéndome estremecer por el frío. Me acerqué a la pared y me deslicé por ella hasta sentarme en el suelo, rodeando mis piernas con los brazos y apoyando la cabeza de lado en mis rodillas. 


Sam. Justin. Will. Esos nombres se repetían constantemente en mi cabeza. Justin me recordaba a Sam. Los dos con el mismo objetivo: el sexo. Nada más. Ya había cometido ese error una vez, no iba a tropezar con la misma piedra dos veces.  En cambio Will era dulce, amable y muy bueno conmigo. Y a pesar de que no teníamos nada, la sensación de que le traicionaba estaba presente en mí. Ni siquiera yo misma sabía como me sentía en aquel momento. Demasiadas emociones en un mismo instante.


Picaron tres veces en la puerta y Justin apareció por ella. Llevaba su camiseta blanca, ahora seca en la mano, tenía el pelo alborotado y los labios húmedos e hinchados por la sesión de besos que habíamos compartido. Me sonrojé al instante. 


—Ponte esto—me lanzó su camiseta— y quítate el uniforme mojado. Te sentirás mejor.


Juntó sus labios en una fina línea curva y cerró la puerta. Bajé la mirada hasta la camiseta, estaba algo arrugada, pero ya estaba seca y parecía lo suficientemente larga para que no se me viera nada. Me quité el uniforme del  instituto mojado y me quedé en ropa interior. Después de unos segundos pensando si debía ponerme la camiseta, me la puse. Era más corta de lo que creía, pero por suerte, no se veía nada. Seguía teniendo frío, pero era reconfortante vestir algo que no estuviera húmedo. Suspiré, de nuevo pensando en Justin. Por mucho que no quisiera, tenía que reconocer que era muy buen besador y no sabía si podría resistirme a él una vez más.


Era demasiado difícil. 


—¿Mejor?—preguntó Justin tumbado en la cama cuando salí del baño.

—Sí—le mostré una pequeña sonrisa.—Gracias.

Me miró de arriba a abajo con una sonrisa en sus labios. Intenté no sonrojarme, ni ponerme nerviosa, pero era imposible. Las mariposas en mi estómago cobraban vida y los latidos de mi corazón se aceleraban inevitablemente. Me sentía una inútil. Ya me lo había dicho Abby, todas caemos en las trampas de Justin y no se equivocaba. Y también me había dicho que era peligroso, incluso había llegado a matar, pero yo seguía aquí, tentando al peligro. 


—He pensado que tendrías hambre, ya es la hora de la cena y desde que hemos venido no has comido nada, así que he pedido un pizza. 

—Oh, bien. 

Se creó un aire tenso entre nosotros, Justin miró hacia la ventana mojada por las gotas de lluvia, pero yo dejé la mirada fija en él, observando su torso y brazos musculados, los mismos que había recorrido con mis manos hasta el último centímetro de piel en varias ocasiones.


—¿Quieres una foto? Suele durar más.

—Eres irritante. ¿Te habías dado cuenta?
—¿Yo?—preguntó Justin señalándose.
—No veo a nadie más en la habitación.
—Déjame decirte esto, nena. Pero la única irritante y molesta eres tú—se levantó de la cama.
—¿Yo?—me señalé a mí misma—. ¿Lo dices en serio? ¿Acaso no has visto las cosas que haces?
—¿Y qué se supone que hago?
—Estar enfadado con el mundo. ¿Y sabes qué? Yo no tengo la culpa.
—Oh, sí que la tienes. Eres un gran problema para mí—asintió con la cabeza levemente acercándose a mí.
—Esto sí que es una sorpresa—solté una risa ahogada—. ¿Puedo saber por qué?
—No paras de quejarte de todo. ¡Absolutamente de todo!—alzó las manos en el aire y las dejó caer—. Pareces una asquerosa niñita mimada.
—Estás exagerando. ¡De lo único que me quejo es de ti!—repuse yo—. No tengo la culpa de que tengas una mierda de vida y aún así lo pagas conmigo.

Justin se quedó en silencio unos segundos con una leve risa en sus labios.


—¿Qué has dicho?

—Lo que has oído. Que tu vida es una mierda y lo pagas conmigo.
—No sabes nada sobre mí—escupió.
—Sé lo suficiente para saber que estás metido en algo tan gordo que no puedes salir ni aunque quieras—susurré ya que estaba a penas a unos centímetros de mí.

Él volvió a sonreír con esa sonrisa burlona.


—Eres una hija de puta, ¿lo sabías?

—Y tú un puto gilipollas.
—No sabes a lo que estás jugando, nena.
—No estoy jugando a nada. Eres tú el que se comporta como un completo cabrón, insultándome, y después me viene con besos y mierdas. 
—Ten cuidado con lo que dices e intenta no meterte en donde no te llaman—adoptó una voz dura y fría.
—No eres mi padre para decirme lo que debo hacer y lo que no.
—¿Cómo quieres que no lo haga? Te comportas como una auténtica zorra, joder.

Picaron a la puerta, Justin se separó de mí cabreado y fue a abrir. Pero yo me mantuve allí de pie, quieta, mirando a ningún sitio, con los brazos cruzados en mi pecho. 


Si las palabras hirieran como lo hace un arma, estaría sangrando. 


Escuché voces a lo lejos, pero realmente no  les prestaba atención. Estaba demasiado ocupada pensando en la mierda que me acababa de decir Justin y en lo mucho que dolía justo en el corazón.


El ruido de la puerta al cerrarse, me sacó de mis pensamientos. Miré a Justin. Éste dejó la pizza en la cómoda y yo me acerqué a la cama, para sentarme, pero sentí un par de brazos envolviéndome por la cintura antes de llegar a ella.


—Lo siento—susurró Justin en mi oído con lamento en su voz.


Yo sólo asentí, me deshice de su agarre suavemente y me acerqué a la cómoda, cogí la pizza y la llevé a la cama para comenzar a comer.


Ninguno de los dos dijo nada durante la cena. Justin se limitaba a mirar los programas que emitían en la  televisión, cambiando constantemente de canal. El ambiente se volvió tenso y a pesar que de intentaba sacar tema de conversación, lo único que me salían eran insultos y reproches. Así que al acabarme dos porciones de pizza, me acosté sin decir nada y cerré los ojos con la intención de dormir. Unos minutos más tarde, Justin hizo lo mismo que yo, se tumbó al otro lado de la cama y apagó la luz, quedando casi completamente a oscuras si no fuera por la poca luz que entraba por la ventana. Sólo se oía el sonido de las gotas de lluvia cayendo sobre el techo de la habitación y la respiración de Justin, calmada y suave. 


Todo era demasiado extraño. Mejor dicho, desconocido. Estaba durmiendo con un asesino, en la habitación de un motel que ni siquiera sabía donde estaba y por lo único que me preocupaba era por mis padres. Mayoritariamente por mi padre. Le tenía miedo, incluso más que a Justin sabiendo cómo era. No quería reconocerlo, pero esa era la realidad. ¿Tendría que quererlo por ser mi padre, a pesar de que no se comportara como tal? Una parte de mí, estaba convencida de que me pegaba, porque me lo merecía, por mi bien, tal y como él decía, a veces llegaba a lograr convencerme. Pero la otra parte de mí, lo odiaba. Que fuera mi padre, no le daba derecho a hacer lo que hacía. Siempre había envidiado a mi hermano por la relación que mantenía con él. Era completamente diferente a cuando estaba conmigo. Nunca mostraba conmigo la parte paternal que me merecía y nunca lo haría.


Me estremecí. Hacía frío en la habitación y los recuerdos no ayudaban mucho.


—¿Justin?—susurré.


Se removió en la cama y se giró en mi dirección.


—¿Qué?

—¿Estás despierto?
—Nena, te estoy hablando, ¿tú que crees?
—No empieces. 
—¿Me has despertado sólo para eso?
—No—contesté sin decir nada más.
—¿Entonces?
—Da igual. Déjalo—me giré hacia la pared y bufé.

Me encogí intentando entrar en calor, pero no hizo falta, porque noté unos brazos en mi cintura, una piernas que se amoldaban perfectamente a las mías, mi cabeza bajo la barbilla de Justin, mi espalda contra los latidos de su corazón y mi cuerpo pegado al de él. Como un perfecto rompecabezas en el que encajan todas las piezas.


—¿Así mejor?

—Sí—asentí con la cabeza.—Gracias.
—La próxima vez utiliza tu boca para hablar, nena, para eso la tienes. Bueno, a parte de tenerla para besarme—yo bufé.
—Cállate, Justin. Ibas muy bien y lo estás estropeando todo.
—Está bien, lo siento—dijo sonriendo. Buenas noches, nena.


RT AQUÍ si has leído este capítulo. ¡LO SIENTO! He estado como dos semanas sin poder subir y cuando por fin tenía el capítulo casi acabado, me desapareció como por arte de magia y tuve que volverlo a escribir todo. Pero ahora sí que sí, esta semana subiré más de un capítulo como disculpa. 

Y como siempre, muchísimas gracias por estar ahí y leer cada uno de los capítulos. Bienvenidas a las nuevas lectoras y a las que están desde los primeros capítulos, mil gracias. Comentad lo que os ha parecido, que vuestros comentarios siempre me animan, y recomendad la novela a vuestras amigas, si no es mucho pedir. 

Gracias otra vez. Os quiero. Besos. <3



6 comentarios:

  1. La magia que me haces sentir es kejgnkejgnksdjnglsdkjgnskld. Cuelga pronto por favor, me has dejado en otro mundo.

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    1. Vale, me acabas de matar con lo que has dicho. Muchísimas gracias, en serio.

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  2. Me encanta esta novela! Siguela! Asdfghjkln


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    1. Jo, muchas gracias, cielo. Intentaré seguirla lo antes que pueda.

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  3. Dios. Me. Encanta. Tu. Historia. Tu y tu forma de escribir sois totalmente AHDSGAKHGFAKHDGF lo digo muy en serio. He empezado hoy a leerla, y hoy mismo me he quedado aquí. Nunca dejes de escribir, porque lo tuyo debe de ser un don. Un beso muy fuerte y sigue pronto!

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    1. Me. Has. Matado. Con. Tu. Comentario. Muchísimas gracias, en serio, asdfghjkl. Me alegro de que te haya gustado, cielo. Un beso. <3

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