domingo, 10 de marzo de 2013

Arriésgate conmigo: {13}.

La moto negra de Justin, estaba a aparcada en el estacionamiento del instituto. Sin entender de motos, se sabía que la de Justin era cara y de las mejores que habían. Brillaba con la luz de el sol, estaba impecable, y Justin la miraba con orgullo. Orgulloso de saber lo que poseía. 

—Justin, ¿y tu coche?
—Lo están arreglando. Disparos, persecución... ¿Recuerdas?—se montó en la moto.
—Sí, pero no me pienso montar en la moto. 
—¿Por qué?—preguntó sin entender.
—Son peligrosas.
—Si estás conmigo, el coche es igual de peligroso. Lo sabes, nena.

Lo miré sin estar convencida del todo y menos aún después de lo que había dicho. 

—Vamos, Cath. No tengo todo el día, joder. 
—Eres un borde. Que lo sepas.

Subí en la moto detrás de Justin.

—Qué novedad, creo que nunca me lo habías dicho antes, nena.
—No me llames así, sabes que no me gusta.
—Está bien—hizo una pausa—, nena.
—Gilipollassusurré.

Justin soltó una risa ahogada, negando con la cabeza, y puso las manos en el manillar de la moto. Su pequeña rugió fuerte un par de veces y fue cuando pensé que le iba como anillo al dedo. 

Incómoda sin saber donde poner las manos, me agarré al asiento. No quería caerme y los nervios me estaban matando. Porque la imagen de que me caía, se repetía constantemente en mi cabeza.

—Si no te agarras a mí, te caerás.
—Sé lo que quieres y no lo voy a hacer.
—Cómo quieras. No digas que no te avisé. 

Justin aceleró de golpe y sin poder evitarlo, me agarré a él, envolviéndole con mis brazos. Sentí que Justin sonrió y no pude impedir imitarlo, tenía razón. No duré ni un segundo en agarrarme a él. 

*****

Tras casi media hora de trayecto, el cielo comenzó a nublarse y seguía sintiendo la adrenalina por mis venas, el aire en mi rostro y la sensación de libertad invadiéndome. Tenía la cabeza apoyada en la espalda de Justin y los ojos cerrados. Me gustaba estar así. Pero cuando abrí los ojos, me di cuenta de que ya habíamos pasado mi casa, es más, no tenía ni idea de dónde estábamos. 

—Justin, a mi casa no se va por aquí.
—¿Quién ha dicho que te llevo a tu casa, nena?
—¡Tú!
—Lo entendiste mal. Te pregunté si te venías conmigo—dijo con una sonrisa traviesa en sus labios.
—Serás...
—¿Encantador?
—Cabrón. Esa era la palabra.
—Oh, venga, nena. No seas aburrida, te llevo a pasar un buen rato. Agradécemelo.
—¿Divertirme contigo? Eso no es posible—negué con la cabeza—. ¿A dónde vamos?
—Sorpresa.
—Nada de sorpresas. ¿A dónde vamos?—insistí.
—No te voy a decir nada. 
—A veces eres odioso.
—Y tú estás mejor con la boca cerrada. 

Aceleró de golpe y no pude evitar agarrarme más fuerte a él.


—Te odio—susurré. 


Pude sentir como Justin se reía por las vibraciones que sentía y por alguna razón yo también sonreí. 


A pesar de que no sabía dónde estaba y mis padres seguramente estarían ensayando la bronca que me iban a echar cuando llegara a casa, no me preocupaba absolutamente ninguna de esas razones. Me estaba saltando las normas y me sentía bien. Libre por una vez desde hacía mucho tiempo. Y me encantaba esta sensación. No estaba siendo Catherine, la hija ejemplar, era Cat, la adolescente, y definitivamente me gustaba muchísimo más.


De repente, comencé a sentir pequeñas gotas chocando contra mi piel, mojando mi ropa y fue cuando me di cuenta de que estaba lloviendo. Pegué un grito ahogado por la sorpresa.


—¡Justin está lloviendo!—grité yo.

—¿De verdad, nena?—dijo con ironía—. Yo también me estoy mojando.

Bufé, me irritaba que se comportara así.


—¡Pues haz algo!

—Pararé cuando pueda. Aunque si tanta prisa tienes, te dejó aquí.
—Muy gracioso, Justin—reí falsamente. 

Cinco minutos después llegamos a un motel. Estaba formado por una planta, con largos pasillos por dónde se accedía a las habitaciones directamente desde el aparcamiento. No tenía aspecto de estar bien cuidado y en la entrada, alguna vez tuvo que haber césped. Era cutre y muy viejo. Justin aparcó la moto, me bajé enfadada y comencé a caminar sin tener muy claro a dónde iba. 


—Cat—me llamó Justin bajo la lluvia.

—¿Qué?—grité yo, sin girarme.
—¿A dónde coño vas?
—A llamar a mi padre para que venga a buscarme.
—Genial. ¿Y dónde se supone que le vas a decir que estás?

Me quedé en silencio, sabía que tenía razón. El único cartel que había era uno destrozado del que solo quedaba una "s" final difícil de visualizar.


—Nos quedaremos aquí hasta que pase la tormenta.

—No me pienso quedar aquí.
—Joder—susurró Justin por lo bajo—. Mira, niña de papá. Estoy harto de tus caprichos de mierda. Si no te gusta este sitio, te jodes, porque es lo único que hay. Y si estás acostumbrada a conseguir siempre todo lo que quieres, esta es la vida real. No el mundo de mierda en el que te habrán criado tus putos padres. 
—No me hables así.
—Te hablo como quiera. ¿Sabes qué? Será mejor que te vayas por dónde has venido, porque no te aguanto más, zorra mimada. 

Mis ojos comenzaron a llenarse de lágrimas de la enorme impotencia que sentí en mi interior. Era un cabrón y sus palabras dolían como punzadas directas al corazón. Se dio la vuelta y,  empapado por la lluvia y con la ropa pegada a su cuerpo, comenzó a caminar hacia la recepción.


Sofocada entre la lluvia y las lágrimas, pasé corriendo por todas las habitaciones del largo pasillo y llegué a un estrecho callejón al final de aquel establecimiento. Tenía las paredes de ladrillo y parecía un vertedero lleno de basura y restos de trastos viejos ahora mojados. Me apoyé en la pared y me dejé caer hasta quedar sentada en el suelo. Rodeé mis piernas con mis brazos y agaché la cabeza entre ellas. Llovía a raudales y cada centímetro de mi ropa y mi pelo estaba empapado.  Comencé a temblar por el frío que tenía y cerré los ojos, intentando dejar de llorar, dejándome llevar por la música de la lluvia sobre mí. La luna se alzaba en el cielo, borrosa entre las nubes oscuras y un leve viento había comenzado a correr por aquel callejón en el que me encontraba.

—Cath—escuché mi nombre y alcé la cabeza.

Justin estaba tan empapado como yo, con una camiseta blanca pegada a sus abdominales por la lluvia y su pelo alborotado y mojado. 

—Te he estado buscando.
—Pues ya has encontrado a la zorra mimada que buscabas. 

Me levanté y estaba apunto de echar a correr de nuevo, pero Justin me agarró y me obligó a volverme hacia él. 

—Suéltame.

Me temblaba la voz. Las lágrimas habían vuelto a mis ojos. 

—No, tenemos que hablar, pero no aquí. Vamos. 

Comenzó a caminar y a arrastrarme, pero me solté de su agarre.

—No te molestes en pedir disculpas—aparté el pelo mojado de mi cara—. No quiero oír nada de lo que tengas que decirme
—Me he pasado, lo reconozco.
—Pues aprende a controlarte porque no te voy a pasar ni una más.
—Es que a veces te comportas como una zorra. 
—¿Y vuelves a decírmelo, gilipollas?—le empujé hacia atrás. 

Chocó con la pared levemente y una sonrisa apareció en sus labios.

—¿De qué coño te ríes tu ahora?
—No estás mal, Blair—me miró de arriba a abajo y seguí su mirada. Mi camisa blanca se transparentaba, dejando al descubierto el sujetador. Crucé los brazos en mi pecho y le fulminé con la mirada, mandándole todo el odio que sentía en aquel mismo momento—. Ya que he reservado una habitación, podemos aprovechar la cama.
—¡Vete a la mierda, Justin!—le pegué un puñetazo en el pecho por el que a penas se inmutó—. Eres un completo imbécil, ¿te has dado cuenta?
—Lo sé, igual que sé que te gusto, no intentes disimularlo.
—Eres un prepotente de mierda que se cree el centro del mundo porque todas las tías vayan detrás de él.
—Incluso tú—susurró él avanzando hacia mí.
—Excepto yo—corregí—. Los tíos mujeriegos con el ego por las nubes como tú, no me gustan nada.
—Te gustan mucho. Admítelo—retrocedí un paso.
—Además, odio que no sepas tratar a una mujer—retrocedí una paso más.
—Las sé tratar en la cama. ¿Algo más?
—Te odio.
—Yo te odio más, nena.

Retrocedí una vez más y choqué con la pared del callejón. Un segundo más tarde, Justin me tenía entre sus brazos, besándome y reteniéndome con sus feroces labios.

Mi cabeza decía que parara, que le detuviera y tomara la decisión más sensata. Pero mi cuerpo ignoraba todo lo que tuviera que ver con la sensatez y no respondía a otras órdenes que no vinieran del corazón. Era imposible apartarlo cuando me besaba de aquella forma como si pensase que el mundo se acaba. Yo sabía que aquello estaba mal, pero merecía la pena saltarse las normas una vez más.

Me rodeó por la cintura y me acercó a su cuerpo mojado. Seguía el ritmo de su boca, haciendo que ambas bailaran al compás, mientras su lengua jugaba con la mía. Podía sentir su piel ardiente debajo de la fría lluvia. Rodeé su cuello con mis brazos y enredé las manos por su cabello empapado. Capturó mis labios en un beso y dejó caer el inferior lentamente, después de un pequeño mordisco. Yo sonreí contra su boca.

—Te odio demasiado—susurró Justin entre beso y beso.

Después recorrió mi cuello con besos y bajó hasta la clavícula, para volver a mis labios. Clavé mis uñas en sus hombros y noté que hacia una mueca de dolor, pero siguió besándome. Entonces él puso sus manos a ambos lados de mi cara y me acercó más a él, juntando nuestros cuerpos un poco más, pero no del todo. Sentía que me derretía bajo sus caricias. Deseaba sentirlo más cerca, que me abrazara con más fuerza. Pero se separó de mí, permitiendo que sus pulmones se llenaran de aire.

—Esto no tiene sentido—dije yo, y él bajó la cabeza para mirarme a la cara y encontrarse con mis ojos.  
—Sólo lo tiene si tú quieres que lo tenga, nena.

Justin me levantó para apretarme más contra sí y retrocedí aún más hacia la pared, levantando la falda mojada del uniforme para sujetarme mejor. Yo rodeé su cintura con mis piernas. Mis manos estaban bajo su camisa arañando su espalda. Podía sentir el rápido latir de mi corazón y también el suyo, latiendo a una velocidad no permitida. Ahora nuestros cuerpos encajaban perfectamente como las piezas de un rompecabezas. Me besaba, besos intensos, pero lentos que me hacían estremecer una y otra vez. Él gemía suavemente en mi boca, besándome. Nunca teníamos suficiente. 

De repente, un sonido estruendoso me sobresaltó. Grité y me separé de Justin, empujándolo lejos de mí. 

—Tranquila. Sólo ha sido un trueno.

Entonces fue como si despertara de un sueño. Me arreglé el pelo, la camisa y la falda y miré a Justin. Él me sonreía con sinceridad. Si según la gente era el demonio, ¿cómo podía tener esa sonrisa de ángel? Había conseguido engañarme por unos segundos. Unos maravillosos segundos. Y no pude evitar sonrojarme al recordarlo todo. Al recordar sus labios, sus caricias, su piel, su calor...  Temía que hubiera sido sólo un sueño, porque tenía la sensación de que todo había sido demasiado perfecto. Y me horrorizaba la idea de que para él, sólo hubieran sido un par de besos con otra más.


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¡OS QUIERO!


4 comentarios:

  1. Me encanta la novela, he empezado a leerla y hasta que no he terminado con todos los capitulos no he parado. Me tienes enganchada. Sigue así que escribes genial. Besos :*

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    1. Aww, muchísimas gracias, cielo. Me alegro de que te haya gustado. Un beso. <3

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  2. ¿¡Cuándo vas a continuar subiendo capítulos!?, es que no puedo vivir sin leer tu novela... Tus novelas son las mejores que he leído, y mira que he leído un montón. CONTINUA, POR FAVOR PRECIOSA! <3

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    1. Aww, muchísimias gracias, en serio. Ya he subido un capítulo nuevo, espero que lo disfrutes. <3

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