Miró el reloj de su muñeca, que parecía de plata, y suspiró. Alzó la mirada e hizo una pequeña mueca.
—Creo que es hora de irme—se levantó del sofá y yo me levanté detrás de ella.
—Te llevaré a casa.
—No hace falta—miró mi brazo izquierdo, donde tenía la herida. —Debes descansar—me dedicó una sonrisa y se acercó a la puerta.
—Puedo llevarte. He conducido en peores condiciones.
—Me da igual—negó con la cabeza levemente. —Cogeré el autobús—abrió la puerta y salió fuera.
Se dio la vuelta. Su rostro parecía aterrorizado, volvió a girarse y miró el suelo y las paredes. Estaban manchadas de rojo por la pelea. Un pequeño rastro de sangre bajaba por las escaleras. Estaba seguro de que Peter se había arrastrado por allí dejando las huellas de sus manos por la barandilla.
—¿Qué le has hecho a Peter?—preguntó en un hilo de voz.
—Le he dejado bien claro con quién puede meterse y con quién no.
—¿Lo has matado?
Estaba inmóvil, daba la sensación de que le hubiera pegado la paliza a ella. No paraba de mirar la sangre de las paredes. Y su voz era débil, casi un susurro.
—Me he asegurado de que respirara. La muerte es algo rápido.
—¿Y la sangre? ¿No la vas a limpiar?
— La mujer de la limpieza no dirá nada. Ella sabe lo que pasa, es de las mías.
—¿De las tuyas?—Cathy frunció el ceño.
—Ya te lo explicaré algún día.
—¿Y los vecinos?
—En este bloque hay pocas personas y una de ellas es una mujer mayor que vive en el primer piso y nunca subiría aquí.
—Oh, entiendo...
—¿Y los vecinos?
—En este bloque hay pocas personas y una de ellas es una mujer mayor que vive en el primer piso y nunca subiría aquí.
—Oh, entiendo...
No sabía identificar su rostro, pero estaba muy quieta, con la mirada clavada en el suelo. Pensando tal vez. Y jugaba con sus manos, nerviosa.
—Será mejor que te vayas. Preferiría que no estuvieras aquí cuando Luke llegue. Podría enfadarse—me miró.
—¿Luke?—preguntó confusa.
—Mi compañero de piso—hice una pausa y me apoyé en el marco de la puerta.—No le gusta que la gente se entere de lo que hacemos. Podría ser peligroso.
—¿Te refieres a qué yo le dijera algo a la policía? —asentí.
—Será mejor que no digas nada o tendré que ocuparme de ti...—mi tono fue firme y sonó un poco amenazador, aunque no lo dije convencido.
Su rostro cambió. Mostraba una mezcla de miedo y enfado, sin duda le molestó lo que dije y cómo lo hice.
Su rostro cambió. Mostraba una mezcla de miedo y enfado, sin duda le molestó lo que dije y cómo lo hice.
—Sé lo que me conviene. No quiero más problemas de los que ya tengo. Así que me voy. O mi padre se convertirá en uno—se acercó a las escaleras y comenzó a bajar.
—¡Eh, espera!—se giró para mirarme—. ¿No me vas a decir adiós?
Soltó una carcajada y miró hacia el suelo.
—Hasta mañana, Justin—me dedicó una sonrisa y desapareció por la escalera.
Entré en mi apartamento y fui directo al baño. Necesitaba una ducha urgente. El agua caliente tocó mi herida, haciendo que escociera, y me quité el vendaje manchado de sangre roja. Por primera vez vi la herida. Era bastante grande, pero no tan profunda como había imaginado. Tuve suerte de que la bala sólo me rozara la piel y no hubiera perforado en ella.
Salí del baño con una venda nueva y una toalla atada en mi cintura. Picaron al timbre. Cogí ropa interior, unos pantalones y me los puse. Fui hasta la puerta y la abrí. Era Luke. Sus ojos azules, transmitían rabia. Y su pelo castaño estaba alborotado, como si no se hubiera peinado por la mañana o se lo hubiera despeinado a propósito.
—¡Eh, espera!—se giró para mirarme—. ¿No me vas a decir adiós?
Soltó una carcajada y miró hacia el suelo.
—Hasta mañana, Justin—me dedicó una sonrisa y desapareció por la escalera.
Entré en mi apartamento y fui directo al baño. Necesitaba una ducha urgente. El agua caliente tocó mi herida, haciendo que escociera, y me quité el vendaje manchado de sangre roja. Por primera vez vi la herida. Era bastante grande, pero no tan profunda como había imaginado. Tuve suerte de que la bala sólo me rozara la piel y no hubiera perforado en ella.
Salí del baño con una venda nueva y una toalla atada en mi cintura. Picaron al timbre. Cogí ropa interior, unos pantalones y me los puse. Fui hasta la puerta y la abrí. Era Luke. Sus ojos azules, transmitían rabia. Y su pelo castaño estaba alborotado, como si no se hubiera peinado por la mañana o se lo hubiera despeinado a propósito.
—¿Quién era esa tía?—preguntó enfadado, su tono era serio y firme.
Entró al salón, dándome un leve empujón en el hombro.
—A ti no te importa—cerré la puerta.
—Tengo derecho a saber a que tías te follas en mi casa.
—También es la mía y no me la he follado.
—¿Entonces es tu prima?
—¿Qué coño dices?
—Ah, no. Es verdad que a tu prima también te la has follado.
Se acercó al armario de las bebidas y cogió el mejor whisky que teníamos para ocasiones especiales. Ni siquiera se molestaba en mirarme a los ojos mientras hablaba. Estaba enfadado, lo conocía lo suficiente como para saber que no había tenido un buen día.
—Si has tenido un mal día, no lo pagues conmigo.
—Vengo de comisaría—se dejó caer en el sofá—. Han encontrado el cuerpo del cabrón que maté el otro día—dió un trago a la botella.
—¿Tienen pruebas suficientes para encerrarte?
—No lo sé. He hablado con James. Me ha dicho que el se encargará de esto—me senté a su lado.
—Mira la parte buena. Si vas a la cárcel, estás libre de toda esta mierda.
Cogí su botella y bebí.
—En eso te doy la razón—giró la cabeza hacia mí y recuperó la botella—. Entonces, ¿te apuntas?
—No—negué con la cabeza—. Lo siento, pero esta vez te dejo solo. La cárcel no es lo mío.
Hubo un pequeño silencio.
—Ah, por cierto—volvió a beber de la botella—. James quiere que vayas a verle mañana. Quiere hablar contigo. Me dijo que era importante.
—¿No te dijo lo que era?
—No—negó con la cabeza—. Pero será mejor que te prepares. Estaba enfadado, a saber qué trabajo tiene preparado para ti.
*****
El trayecto en autobús duró más de lo que esperaba. Mi compañero de asiento fue el culpable de eso. Un hombre algo mayor, de más de 40 años, con un pelo canoso y unas grandes ojeras oscuras bajo los ojos, entró al autobús agotado, arrastrando los pies e intentado controlar su respiración agitada después de hacer algo de deporte. El sudor mojaba su camiseta gris ceñida al cuerpo, que marcaba sus grandes curvas y la grasa que le sobraba. Y llevaba unos pantalones elásticos negros ajustados, que combinaban con sus deportivas rojas y negras, y que completaban su vestimenta para intentar bajar peso.
Nada más entrar, se sentó a mi lado en el asiento que quedaba vacío, y a pesar de que el olor que desprendía era asqueroso, no me cambié de sitio por educación. Algo de lo que me arrepentí. Al bajar del autobús, a una manzana de mi casa, tomé una bocanada de aire limpio y sentí que por fin podía respirar. Caminé cinco minutos y llegué a mi casa. Joseph me abrió la puerta y me recibió con una sonrisa en sus labios.
—¿Cómo te ha ido el trabajo?—preguntó mientras se hacia a un lado para dejarme pasar.
—Oh, el trabajo —exclamé. —Muy bien, ya casi está terminado.
Odiaba mentir. Y más si le mentía a Joseph. Era como mi segundo padre, o tal vez el primero. A pesar de que no compartíamos sangre, el cariño que le había cogido, casi desde mis primeros días, lo había convertido en alguien de la familia para mí.
—Si no me equivoco, tu padre te está esperando arriba. En su despacho. Quería hablar contigo.
—Sí, ya me lo dijo. Igualmente, gracias por recordármelo.
Le dediqué una sonrisa y subí las escaleras pensando en lo que me esperaba. ¿Estaría sentado en su gran sillón de piel, mientras observaba su reloj? ¿Tal vez leyendo algún libro, o rellenando algunos papeles mientras pensaba lo que me diría? Estaba nerviosa, había empezado a jugar con mis dedos. Intentando relajarme. Pero no lo conseguí.
Llegué a las puertas del despacho de mi padre. Suspiré. Estaban entreabiertas y se oían voces que procedían del interior. Me acerqué y pude identificar la voz de mi madre que sonaba alarmante, preocupada y enfadada. Y después la de mi padre, más segura y firme, pero sin la frialdad a la que estaba acostumbrada a escuchar. Estaban discutiendo.
—¿Y qué quieres que le pase igual que a su hermano?—gritó mi madre.
—Relájate, por favor—pidió mi padre.—Lo tengo todo controlado.
—Dijiste lo mismo la última vez, ¿se supone que debo creerte ahora?
—¿Y qué quieres que haga?—sonó un golpe fuerte, supuse que mi padre pegó con su mano en la mesa.—¿Que les de el dinero que no les debo? Cerramos un trato.
—¿Y la policia? Nos pueden ayudar.
—¿A qué? ¿A que me encierren? Los dos sabemos que no hicimos lo correcto.
—Lo sé, pero ya no hay vuelta atrás. Lo único que queda es darles el dinero que nos piden, para que os dejen en paz.
—Sabes que no lo harán. Esto se trata de algo más que de dinero.
—Entonces me entregaré yo.
—No digas tonterías, por favor. Te quiere a ti, pero para hacerme daño a mí. La mataría a ella y puede que incluso a ti, sólo para conseguirlo.
El silencio inundó el despacho y la curiosidad me invadió a mí. Quería saber de que hablaban, entrar ahí y exigirles que me explicaran la verdad. Porque merecía saberla.
—No quiero perderla—la voz de mi madre sonó débil, estaba llorando.
Miré por la pequeña rendija de luz entre las puertas entreabiertas. Mi madre estaba entre los brazos de mi padre, llorando en su pecho. Parecía más pequeña que nunca. Me asombraba verla con lágrimas en su cara, acostumbrada a ver una enorme sonrisa en ella. Siempre desprendiendo esa luz, que ahora parecía haber desaparecido, y esa felicidad que ya no tenía.
Y lo peor de todo era que lloraba por mí. Porque no quería perderme. Porque había alguien que me quería muerta y ella no podía hacer nada para evitarlo.
—¿Y qué quieres que le pase igual que a su hermano?—gritó mi madre.
—Relájate, por favor—pidió mi padre.—Lo tengo todo controlado.
—Dijiste lo mismo la última vez, ¿se supone que debo creerte ahora?
—¿Y qué quieres que haga?—sonó un golpe fuerte, supuse que mi padre pegó con su mano en la mesa.—¿Que les de el dinero que no les debo? Cerramos un trato.
—¿Y la policia? Nos pueden ayudar.
—¿A qué? ¿A que me encierren? Los dos sabemos que no hicimos lo correcto.
—Lo sé, pero ya no hay vuelta atrás. Lo único que queda es darles el dinero que nos piden, para que os dejen en paz.
—Sabes que no lo harán. Esto se trata de algo más que de dinero.
—Entonces me entregaré yo.
—No digas tonterías, por favor. Te quiere a ti, pero para hacerme daño a mí. La mataría a ella y puede que incluso a ti, sólo para conseguirlo.
El silencio inundó el despacho y la curiosidad me invadió a mí. Quería saber de que hablaban, entrar ahí y exigirles que me explicaran la verdad. Porque merecía saberla.
—No quiero perderla—la voz de mi madre sonó débil, estaba llorando.
Miré por la pequeña rendija de luz entre las puertas entreabiertas. Mi madre estaba entre los brazos de mi padre, llorando en su pecho. Parecía más pequeña que nunca. Me asombraba verla con lágrimas en su cara, acostumbrada a ver una enorme sonrisa en ella. Siempre desprendiendo esa luz, que ahora parecía haber desaparecido, y esa felicidad que ya no tenía.
Y lo peor de todo era que lloraba por mí. Porque no quería perderme. Porque había alguien que me quería muerta y ella no podía hacer nada para evitarlo.
RT AQUÍ SI HAS LEÍDO EL CAPÍTULO. Perdón por tardar tanto en subir, he estado muy ocupada estos días, con éxamenes, trabajos... Intentaré que no vuelva a pasar. Gracias por leer y por los comentarios. ¡OS QUIERO MUCHO! <3
PD: Sólo avisaré a quién comente el capítulo.
PD: Sólo avisaré a quién comente el capítulo.
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