Estaba asustada y dolorida. Nuestro coche y el de aquel hombre seguían en aquel pequeño juego del que alguien saldría malherido. Mi cabeza retumbaba por los golpes contra la ventana y sentía una molestia en mi hombro, cada vez que Justin daba un movimiento brusco para esquivar el otro coche.
—¿Estás bien?—preguntó Justin con las manos firmes en el volante, desviando por un segundo su mirada hacia mí.
—He tenido momentos mejores—miré hacia la izquierda, el coche negro se acercaba de nuevo hacia nosotros. —¡Cuidado, Justin!
Justin frenó de repente el coche y choqué contra el reposacabezas soltando un pequeño grito de dolor. Él dio un golpe al volante y dijo algo que no conseguí entender. Aceleró de nuevo y adelantó al otro coche, pasando por su izquierda. Miré a mi derecha y el hombre que conducía me lanzó un guiño. Yo fruncí el ceño y le mostré el dedo de en medio. Justin aceleró y le adelantamos.
—No creía que fueras a hacer eso, nena—dijo sonriendo.
—No me llames así. Ya estoy bastante cabreada.
—¿Y cómo quieres qué te llame? Nunca estás de acuerdo con los nombre que te pongo.
—¿Qué tal si me llamas por mi nombre?
—¿"Fea" o "nena"?
—Catherine.
—Nena.
—¡Haz lo que quieras!—grité.
Sentí un fuerte golpe procedente de atrás acompañado de un ruido estruendoso que no reconocí al principio. Me giré y el cristal estaba roto, hecho añicos sobre los sientos.
—Tiene un pistola—musitó—. Mierda.
—¿Qué?—grité yo agarrándome al asiento más fuerte mientras miraba a Justin diciéndole "sácame de aquí".
—Nena, bienvenida a mi mundo.
—Justin, no hay tiempo para gilipolleces. ¿Qué hacemos?
Otro disparo. Esta vez a penas se escuchó el ruido de los destrozos y Justin ni se inmutó recuperando el control total del coche. Sin embargo, yo me sobresalté y mis nervios augmentaron.
—Escúchame con atención—giré mi mirada hasta sus ojos color miel que ahora me miraban fijamente—. Voy a intentar despistar al gilipollas que nos sigue, te dejaré en frente de mi apartamento—hizo una pausa para coger unas llaves de su bolsillo—. Toma—las guardé entre mis manos, como si fuera un tesoro—. Subirás al tercer piso, entrarás en la segunda puerta a la derecha y te quedarás allí hasta que yo vuelva, ¿si?
—Sí —asentí—. ¿Y tú... tú qué vas a hacer?—tartamudeé.
—Hay cosas que es mejor que aún no sepas—volvió la vista hacia la carretera y aceleró la velocidad del coche.
Pasamos por las calles que, a diferencia de las anteriores que eran desiertas, estaban repletas de gente que caminaban mirando los escaparates de las tiendas, en busca de alguna oferta o de alguna prenda de su gusto. Justin giraba a la derecha y a la izquierda, bruscamente, sin saber a dónde iba, sólo con la esperanza de deshacerse del que nos perseguía.
—Joder—murmuró él—. El hijo de puta no se separa.
Llegamos a una avenida muy ancha con árboles a los lados y un semáforo al final de ésta. Durante unos segundos me quedé mirando la luz verde del semáforo y se me ocurrió una idea.
—Justin acelera—dije seria.
—¿Qué?
—¡Qué aceleres! Tengo una idea.
Justin me obedeció y aceleró. El semáforo se volvió ámbar, noté que Justin iba a frenar y mi tono de voz se alteró.
—¡No frenes!—grité.
Justin sonrió y por fin entendió mi plan. Mantuvo la velocidad y pasamos por debajo del semáforo cuando éste se puso rojo, dejando al coche negro detrás de nosotros. Dejé escapar una pequeña sonrisa.
—No te alegres tanto. Estoy seguro de que ese cabrón nos encontrará en seguida.
Giró a la izquierda y a la derecha, se metió por unas calles que no conocía, hasta llegar a un barrio apartado del centro. Eran bloques algo viejos, algunos derruidos incluso abandonados. Tenían algo en común, todos eran altos y con pocas y pequeñas ventanas. Nunca creí que Justin pudiera vivir en un sitio así, teniendo en cuenta el dinero que debia costar su coche, me lo imaginaba en una mansión a las afueras de la ciudad. Pero al parecer me equivocaba.
Justin paró el coche enfrente de un estrecho bloque, con cuatro pequeñas ventanas y una escalera de emergencia en la parte derecha, algo vieja y oxidada, que quedó inutilizable un tiempo atrás. Bajé del coche y miré a Justin. Él me sonrió tranquilizándome y apreté con fuerza mi mano derecha donde tenía mis llaves.
—Nos vemos pronto, nena.
Cerré la puerta del coche y me apresuré a llegar a la entrada. Escuché el motor de un coche rugir, me giré para ver a Justin desaparecer por la carretera, pero me equivoqué. Justin ya no estaba y el coche negro que nos había estado persiguiendo durante largos minutos, había aparcado justo donde antes estaba Justin. Un chico de metro ochenta, con una gran cicatriz en su cara, me miraba desde el coche con una sonrisa maliciosa en su cara y un arma en su mano.
Me volví para meter la llave en la cerradura, pero no entraba. Comencé a ponerme nerviosa y mi respiración se volvió agitada. Las manos me temblaban y las llaves se me cayeron al suelo. Mierda. Me agaché rápida, las cogí y abrí la puerta. Solté un suspiro de alivio y la empujé para entrar al interior del edificio. La solté y dejé que se cerrara. Corrí a las escaleras, pero algo me detuvo. Una voz masculina se situaba justo detrás de mí.
—A sí que tú eres la nueva chica de Justin... —escuché sus pasos cada vez más cerca de mí.
Quería correr, pero mis pies se habían quedado estancados en el suelo, y por más que lo intentaba no conseguía moverme. Tenía miedo. Mucho miedo. La sensación de que los latidos de mi corazón iban a hacer estallar mi pecho, me ponía más nerviosa. Y mis manos temblaban, igual que si fueran gelatina.
—Tiene buen gusto para elegir—susurró en mi oído—. Tengo que admitirlo.
Yo me estremecí. Olía a alcohol y por su aspecto, había bebido más de la cuenta. Me rodeó y se puso delante de mí. Yo bajé mi mirada y me alejé de él poco a poco. Se acercó más a mí y me empujó contra la pared detrás de mí. Solté un leve gemido.
—No tengas miedo—cogió un mechón de cabello de mi cara y lo puso detrás de la oreja—. Voy a intentar que sea rápido.
Acarició mi mejilla y fue bajando la mano por mi cuello, donde depositó un beso.
—¡Quítate, hijo de puta!—le empujé lejos de mí y él rió.
Avanzó hacia mí rápido, me agarró los brazos con una de sus manos y los sujetó contra la pared. Con la otra mano siguió su recorrido por mi piel. Escuché ruidos que venían de la puerta principal. Justin la estaba forzando para abrirla, sus llaves las tenía yo.
—¡Justin! —grité.
Intenté soltarme de su agarre pero tenía demasiada fuerza. Llegó al borde de la camisa del uniforme y la subió poco a poco.
—¡Te he dicho que me sueltes!—le pegué una patada en sus partes íntimas y cayó al suelo. En él se retorció de dolor y yo aproveché para escapar por las escaleras.
Esuché pasos detrás de mí y corrí más áun. Subí hasta el tercer piso e intenté recordar. Segunda puerta a la derecha, segunda puerta a la derecha, susurré para mí misma. Pasé por la primera y corrí hasta la segunda.
—No te va a doler demasiado—se acercó a la puerta donde yo estaba.
—Qué pena que a ti si te vaya doler, Peter.
Justin estaba detrás de mí. La furia se notaba en su cara. Se acercó violento a él, pero antes de que llegara a nosotros, Peter me cogió por el cuello y me puso la pistola en la cabeza.La llaves se me cayeron al suelo y agarré con fuerza su brazo para intentar apartarlo lejos de mí. Me estaba apretando demasiado.
—Déjala. Esto es entre tú y yo. Ella no tiene nada que ver.
—Eso no me impide tener un poco de diversión—apretó un poco más mi cuello, yo grité, sin embargo apenas me salió voz.
—Te he dicho que la dejes, hijo de puta.
—Vaya, Justin. ¿Hoy no quieres jugar?
—Parece mentira que no me conozcas, Peter. Yo nunca me canso de jugar—se acercó a nosotros—. Y sabes que se me da muy bien ganar.
Justin desvió la mirada hacia mí. Estaba enfadado, la rabia se veía en sus ojos. Sus puños estaban preparados para pelear y su mandíbula se tensaba continuamente.
—No te arriesgues demasiado. La última vez dijiste lo mismo y acabaste perdiendo.
—Aprende a diferenciar entre ganar y entre que te dejen ganar.
—¿Ahora me vas a decir qué me dejaste ganar?—vaciló Peter—. Te rendiste porque sabías que lo habías perdido todo. La habías perdido a ella.
Miré a Justin, su mirada fija en Peter transmitía odio. Su postura rígida demostraba la tensión que sentía en aquel momento y su respiración se había vuelto agitada, como si hubiera acabado de correr una maratón.
—No te lo voy a repetir de nuevo. Suéltala—mantenía una mirada fría fija en Peter.
—Está bien —me soltó y me empujó al suelo con la pierna.
Acaricié mi cuello y recuperé la respiración. Alcé la mirada y me encontré con la de Justin.
—¿Estás bien?—susurró.
Yo asentí y suspiré aliviada. Me arrastré por el suelo y cogí las llaves. Me levanté apoyándome en la dura pared blanca y caminé hasta la puerta. Observé la discusión que mantenían Peter y Justin. No conseguí entender nada, hablaban en un susurro casi inaudible. Miré a Justin por última vez y éste asintió con la cabeza dándome permiso para entrar. Peter aprovechó su distracción y le pegó un puñetazo a Justin en su mandíbula. Pegué un pequeño grito y éste escupió sangre a un lado para luego devolverle el golpe.
Entré en el apartamento de Justin. Era pequeño, pero más grande y mejor decorado de lo que me creía. El salón era acogedor. Tenía un sofá de piel oscura justo en medio, delante de una gran pantalla de televisión. La pequeña y única ventana en el salón dejaba entrar una cálida luz que iluminaba la casa. Sorprendentemente todo estaba recogido y limpio.
Me acerqué a un mueble que había debajo de un espejo, dónde Justin tenía algunas fotos. Cogí una entre mis manos donde aparecían él y su familia. Él tal vez tendría unos 15 años y sostenía una niña entre sus brazos de unos tres años, los dos mostraban una amplia sonrisa. A su derecha había una mujer muy guapa, más baja que Justin, con un bebé en sus manos al que acariciaba. A su izquierda un hombre alto con tatuajes por todo el cuerpo y con aspecto de duro, también sonreía y de una forma muy parecida a Justin. Se les veía que eran una familia feliz, pero por alguna razón Justin vivía solo.
Dejé la foto en su sitio y me miré al espejo. Estaba despeinada y en algún momento, mi labio volvió a sangrar. A pesar de los rugidos de mi barriga por el hambre, me senté en el sofá a que viniera Justin para comer algo. Mis nervios aumentaban por cada golpe que escuchaba. Sabía que habían comenzado una pelea, pero no sabía quién iba ganando y eso me inquietaba. Decidí tumbarme en el sofá e intentar relajarme, pero un sonido familiar me hizo sobresaltar. Un disparo. Recordé que Peter tenía un arma, en cambio Justin sólo sus puños. Me levanté del sofá y me acerqué a la puerta dudosa de abrirla o dejarla tal y como estaba. Si salía me arriesgaba a que Peter me disparara o algo peor, pero ¿Y si Justin necesitaba mi ayuda?
Abrí la puerta y me sobresalté. Justin estaba delante de mí. Retrocedí unos pasos y solté una exclamación ahogada cuando la luz que entraba por la ventana lo iluminó, mostrando todas sus heridas. Su labio sangraba y tenía el ojo derecho hinchado. Su camiseta blanca estaba manchada de sangre, especialmente en el brazo izquierdo, donde había una gran mancha y la camiseta estaba rota mostrando una herida de bala.
—¿Me has echado de menos, nena?
RT AQUÍ SI HAS LEÍDO EL CAPÍTULO, POR FAVOR. ¡FELIZ AÑO 2013! Espero que os haya gustado el capítulo. Gracias por comentar, os lo agradezco muchísimo de verdad. Aún siguen habiendo lectoras fantasmas, pero muchas habéis comentado. Si queréis que os avise para el siguiente capítulo, sólo tenéis que decírmelo. ¡Gracias por leer mi novela! Nos vemos pronto. <3
—¿Estás bien?—preguntó Justin con las manos firmes en el volante, desviando por un segundo su mirada hacia mí.
—He tenido momentos mejores—miré hacia la izquierda, el coche negro se acercaba de nuevo hacia nosotros. —¡Cuidado, Justin!
Justin frenó de repente el coche y choqué contra el reposacabezas soltando un pequeño grito de dolor. Él dio un golpe al volante y dijo algo que no conseguí entender. Aceleró de nuevo y adelantó al otro coche, pasando por su izquierda. Miré a mi derecha y el hombre que conducía me lanzó un guiño. Yo fruncí el ceño y le mostré el dedo de en medio. Justin aceleró y le adelantamos.
—No creía que fueras a hacer eso, nena—dijo sonriendo.
—No me llames así. Ya estoy bastante cabreada.
—¿Y cómo quieres qué te llame? Nunca estás de acuerdo con los nombre que te pongo.
—¿Qué tal si me llamas por mi nombre?
—¿"Fea" o "nena"?
—Catherine.
—Nena.
—¡Haz lo que quieras!—grité.
Sentí un fuerte golpe procedente de atrás acompañado de un ruido estruendoso que no reconocí al principio. Me giré y el cristal estaba roto, hecho añicos sobre los sientos.
—Tiene un pistola—musitó—. Mierda.
—¿Qué?—grité yo agarrándome al asiento más fuerte mientras miraba a Justin diciéndole "sácame de aquí".
—Nena, bienvenida a mi mundo.
—Justin, no hay tiempo para gilipolleces. ¿Qué hacemos?
Otro disparo. Esta vez a penas se escuchó el ruido de los destrozos y Justin ni se inmutó recuperando el control total del coche. Sin embargo, yo me sobresalté y mis nervios augmentaron.
—Escúchame con atención—giré mi mirada hasta sus ojos color miel que ahora me miraban fijamente—. Voy a intentar despistar al gilipollas que nos sigue, te dejaré en frente de mi apartamento—hizo una pausa para coger unas llaves de su bolsillo—. Toma—las guardé entre mis manos, como si fuera un tesoro—. Subirás al tercer piso, entrarás en la segunda puerta a la derecha y te quedarás allí hasta que yo vuelva, ¿si?
—Sí —asentí—. ¿Y tú... tú qué vas a hacer?—tartamudeé.
—Hay cosas que es mejor que aún no sepas—volvió la vista hacia la carretera y aceleró la velocidad del coche.
Pasamos por las calles que, a diferencia de las anteriores que eran desiertas, estaban repletas de gente que caminaban mirando los escaparates de las tiendas, en busca de alguna oferta o de alguna prenda de su gusto. Justin giraba a la derecha y a la izquierda, bruscamente, sin saber a dónde iba, sólo con la esperanza de deshacerse del que nos perseguía.
—Joder—murmuró él—. El hijo de puta no se separa.
Llegamos a una avenida muy ancha con árboles a los lados y un semáforo al final de ésta. Durante unos segundos me quedé mirando la luz verde del semáforo y se me ocurrió una idea.
—Justin acelera—dije seria.
—¿Qué?
—¡Qué aceleres! Tengo una idea.
Justin me obedeció y aceleró. El semáforo se volvió ámbar, noté que Justin iba a frenar y mi tono de voz se alteró.
—¡No frenes!—grité.
Justin sonrió y por fin entendió mi plan. Mantuvo la velocidad y pasamos por debajo del semáforo cuando éste se puso rojo, dejando al coche negro detrás de nosotros. Dejé escapar una pequeña sonrisa.
—No te alegres tanto. Estoy seguro de que ese cabrón nos encontrará en seguida.
Giró a la izquierda y a la derecha, se metió por unas calles que no conocía, hasta llegar a un barrio apartado del centro. Eran bloques algo viejos, algunos derruidos incluso abandonados. Tenían algo en común, todos eran altos y con pocas y pequeñas ventanas. Nunca creí que Justin pudiera vivir en un sitio así, teniendo en cuenta el dinero que debia costar su coche, me lo imaginaba en una mansión a las afueras de la ciudad. Pero al parecer me equivocaba.
Justin paró el coche enfrente de un estrecho bloque, con cuatro pequeñas ventanas y una escalera de emergencia en la parte derecha, algo vieja y oxidada, que quedó inutilizable un tiempo atrás. Bajé del coche y miré a Justin. Él me sonrió tranquilizándome y apreté con fuerza mi mano derecha donde tenía mis llaves.
—Nos vemos pronto, nena.
Cerré la puerta del coche y me apresuré a llegar a la entrada. Escuché el motor de un coche rugir, me giré para ver a Justin desaparecer por la carretera, pero me equivoqué. Justin ya no estaba y el coche negro que nos había estado persiguiendo durante largos minutos, había aparcado justo donde antes estaba Justin. Un chico de metro ochenta, con una gran cicatriz en su cara, me miraba desde el coche con una sonrisa maliciosa en su cara y un arma en su mano.
Me volví para meter la llave en la cerradura, pero no entraba. Comencé a ponerme nerviosa y mi respiración se volvió agitada. Las manos me temblaban y las llaves se me cayeron al suelo. Mierda. Me agaché rápida, las cogí y abrí la puerta. Solté un suspiro de alivio y la empujé para entrar al interior del edificio. La solté y dejé que se cerrara. Corrí a las escaleras, pero algo me detuvo. Una voz masculina se situaba justo detrás de mí.
—A sí que tú eres la nueva chica de Justin... —escuché sus pasos cada vez más cerca de mí.
Quería correr, pero mis pies se habían quedado estancados en el suelo, y por más que lo intentaba no conseguía moverme. Tenía miedo. Mucho miedo. La sensación de que los latidos de mi corazón iban a hacer estallar mi pecho, me ponía más nerviosa. Y mis manos temblaban, igual que si fueran gelatina.
—Tiene buen gusto para elegir—susurró en mi oído—. Tengo que admitirlo.
Yo me estremecí. Olía a alcohol y por su aspecto, había bebido más de la cuenta. Me rodeó y se puso delante de mí. Yo bajé mi mirada y me alejé de él poco a poco. Se acercó más a mí y me empujó contra la pared detrás de mí. Solté un leve gemido.
—No tengas miedo—cogió un mechón de cabello de mi cara y lo puso detrás de la oreja—. Voy a intentar que sea rápido.
Acarició mi mejilla y fue bajando la mano por mi cuello, donde depositó un beso.
—¡Quítate, hijo de puta!—le empujé lejos de mí y él rió.
Avanzó hacia mí rápido, me agarró los brazos con una de sus manos y los sujetó contra la pared. Con la otra mano siguió su recorrido por mi piel. Escuché ruidos que venían de la puerta principal. Justin la estaba forzando para abrirla, sus llaves las tenía yo.
—¡Justin! —grité.
Intenté soltarme de su agarre pero tenía demasiada fuerza. Llegó al borde de la camisa del uniforme y la subió poco a poco.
—¡Te he dicho que me sueltes!—le pegué una patada en sus partes íntimas y cayó al suelo. En él se retorció de dolor y yo aproveché para escapar por las escaleras.
Esuché pasos detrás de mí y corrí más áun. Subí hasta el tercer piso e intenté recordar. Segunda puerta a la derecha, segunda puerta a la derecha, susurré para mí misma. Pasé por la primera y corrí hasta la segunda.
—No te va a doler demasiado—se acercó a la puerta donde yo estaba.
—Qué pena que a ti si te vaya doler, Peter.
Justin estaba detrás de mí. La furia se notaba en su cara. Se acercó violento a él, pero antes de que llegara a nosotros, Peter me cogió por el cuello y me puso la pistola en la cabeza.La llaves se me cayeron al suelo y agarré con fuerza su brazo para intentar apartarlo lejos de mí. Me estaba apretando demasiado.
—Déjala. Esto es entre tú y yo. Ella no tiene nada que ver.
—Eso no me impide tener un poco de diversión—apretó un poco más mi cuello, yo grité, sin embargo apenas me salió voz.
—Te he dicho que la dejes, hijo de puta.
—Vaya, Justin. ¿Hoy no quieres jugar?
—Parece mentira que no me conozcas, Peter. Yo nunca me canso de jugar—se acercó a nosotros—. Y sabes que se me da muy bien ganar.
Justin desvió la mirada hacia mí. Estaba enfadado, la rabia se veía en sus ojos. Sus puños estaban preparados para pelear y su mandíbula se tensaba continuamente.
—No te arriesgues demasiado. La última vez dijiste lo mismo y acabaste perdiendo.
—Aprende a diferenciar entre ganar y entre que te dejen ganar.
—¿Ahora me vas a decir qué me dejaste ganar?—vaciló Peter—. Te rendiste porque sabías que lo habías perdido todo. La habías perdido a ella.
Miré a Justin, su mirada fija en Peter transmitía odio. Su postura rígida demostraba la tensión que sentía en aquel momento y su respiración se había vuelto agitada, como si hubiera acabado de correr una maratón.
—No te lo voy a repetir de nuevo. Suéltala—mantenía una mirada fría fija en Peter.
—Está bien —me soltó y me empujó al suelo con la pierna.
Acaricié mi cuello y recuperé la respiración. Alcé la mirada y me encontré con la de Justin.
—¿Estás bien?—susurró.
Yo asentí y suspiré aliviada. Me arrastré por el suelo y cogí las llaves. Me levanté apoyándome en la dura pared blanca y caminé hasta la puerta. Observé la discusión que mantenían Peter y Justin. No conseguí entender nada, hablaban en un susurro casi inaudible. Miré a Justin por última vez y éste asintió con la cabeza dándome permiso para entrar. Peter aprovechó su distracción y le pegó un puñetazo a Justin en su mandíbula. Pegué un pequeño grito y éste escupió sangre a un lado para luego devolverle el golpe.
Entré en el apartamento de Justin. Era pequeño, pero más grande y mejor decorado de lo que me creía. El salón era acogedor. Tenía un sofá de piel oscura justo en medio, delante de una gran pantalla de televisión. La pequeña y única ventana en el salón dejaba entrar una cálida luz que iluminaba la casa. Sorprendentemente todo estaba recogido y limpio.
Me acerqué a un mueble que había debajo de un espejo, dónde Justin tenía algunas fotos. Cogí una entre mis manos donde aparecían él y su familia. Él tal vez tendría unos 15 años y sostenía una niña entre sus brazos de unos tres años, los dos mostraban una amplia sonrisa. A su derecha había una mujer muy guapa, más baja que Justin, con un bebé en sus manos al que acariciaba. A su izquierda un hombre alto con tatuajes por todo el cuerpo y con aspecto de duro, también sonreía y de una forma muy parecida a Justin. Se les veía que eran una familia feliz, pero por alguna razón Justin vivía solo.
Dejé la foto en su sitio y me miré al espejo. Estaba despeinada y en algún momento, mi labio volvió a sangrar. A pesar de los rugidos de mi barriga por el hambre, me senté en el sofá a que viniera Justin para comer algo. Mis nervios aumentaban por cada golpe que escuchaba. Sabía que habían comenzado una pelea, pero no sabía quién iba ganando y eso me inquietaba. Decidí tumbarme en el sofá e intentar relajarme, pero un sonido familiar me hizo sobresaltar. Un disparo. Recordé que Peter tenía un arma, en cambio Justin sólo sus puños. Me levanté del sofá y me acerqué a la puerta dudosa de abrirla o dejarla tal y como estaba. Si salía me arriesgaba a que Peter me disparara o algo peor, pero ¿Y si Justin necesitaba mi ayuda?
Abrí la puerta y me sobresalté. Justin estaba delante de mí. Retrocedí unos pasos y solté una exclamación ahogada cuando la luz que entraba por la ventana lo iluminó, mostrando todas sus heridas. Su labio sangraba y tenía el ojo derecho hinchado. Su camiseta blanca estaba manchada de sangre, especialmente en el brazo izquierdo, donde había una gran mancha y la camiseta estaba rota mostrando una herida de bala.
—¿Me has echado de menos, nena?
RT AQUÍ SI HAS LEÍDO EL CAPÍTULO, POR FAVOR. ¡FELIZ AÑO 2013! Espero que os haya gustado el capítulo. Gracias por comentar, os lo agradezco muchísimo de verdad. Aún siguen habiendo lectoras fantasmas, pero muchas habéis comentado. Si queréis que os avise para el siguiente capítulo, sólo tenéis que decírmelo. ¡Gracias por leer mi novela! Nos vemos pronto. <3
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