domingo, 6 de enero de 2013

Arriésgate conmigo: {8}.

—¿Me has echado de menos, nena?—dijo Justin con una sonrisa en sus labios haciendo una pequeña mueca de dolor.
—Justin... ¿estás bien?—mi voz temblaba. 
—Perfectamente.

Me acerqué a él y observé de cerca la herida de su brazo. 


—Tenemos que ir a un hospital, estás perdiendo mucha sangre, Justin.

—No es la primera vez que me pasa y tampoco será la ultima—hizo  una mueca y comenzó a caminar dolorido hasta su habitación.

Yo le seguí. Entró en el baño y se puso a buscar algo en los armarios. 


—¡Quédate quieto!—entré al baño. —¿Qué estás buscando?

—Una venda y algo para desinfectarme las heridas—hizo una mueca de dolor y soltó un pequeño gemido.
—Siéntate en la cama—lo acompañé hasta ella.—Yo lo buscaré.

Volví al baño y empecé a buscar por los cajones. Nada. Me acerqué al espejo y lo abrí. Cogí una cesta con antisépticos, gasas y vendas y me acerqué a Justin. Estaba sentado en el borde de la cama, mirando sus heridas. Me agaché delante de él apoyando las rodillas en el suelo.


—Quítate la camiseta. 

—Ya sabía yo que querías algo más—se pasó la camiseta blanca por la cabeza, haciendo una mueca de dolor, y la lanzó al suelo.
—No te pases de listo o tu enfermera se va.

Su piel tenía un color dorado pálido, que marcaba una fuerte musculatura. Manchas de sangre seca salpicaban su torso y algunos tatuajes estaban marcados en su piel.


Cogí una gasa de la cesta y le quité la sangre alrededor de la herida.


—Me gusta como suena eso.

—¿El qué? —alcé un momento los ojos para encontrarme con los suyos.
—Mi enfermera—me mostró una sonrisa seductora y sacó la mía. 

Negué con mi cabeza y volví la atención a su brazo. 


—Sólo lo soy temporalmente. En cinco minutos volveré a odiarte y habré dejado el papel de enfermera—eché un líquido sobre la herida del brazo que le escoció y se le escapó un leve gemido de dolor.

—Entonces, rodeé la herida con la venda, enroscándola alrededor de su brazo— ¿no eres mía?—preguntó sonriendo.

Carcajeé y no pude evitar menear la cabeza con una sonrisa en mis labios.


—No soy tuya—alcé mis ojos hasta los suyos—. Ni lo seré.


Volví a la cesta, cogí otra gasa y la empapé de un líquido antiséptico para curar las heridas de su rostro. Me acerqué a sus labios rosados y ligeramente hinchados. Nunca me había fijado en ellos, pero cuando lo hice, me resultaron apetitosos y me entraron ganas de probarlos.


—¿Vas a seguir mirando o vas a continuar con tu trabajo, enfermera?

—Qué paciente más idiota.
—Qué enfermera más borde—le apreté un poco el labio con rabia, él se apartó.—No lo vuelvas a hacer.
—Cállate o lo haré.

Con leves toques, volví al labio inferior de Justin curando el pequeño corte que tenía. Nuestras miradas se encontraron formando una sonrisa en mi rostro que intenté disimular. Él curvó sus labios.


—No te muevas—dije intentando parecer concentrada.

—Eres tú la que me hace reír.
—Pero no la que te ha hecho esto, así que no tengo la obligación de curarte—aparté la gasa de sus labios y le miré a los ojos. —Listo.

Me levanté con la cesta en las manos y me acerqué al baño para dejarla donde estaba. A través del reflejo del espejo, pude ver que Justin estaba apoyado en el marco de la puerta mirándome.


—¿Qué?—dije girándome.

—Gracias—se acercó a mí y me dio un beso en la mejilla.

Yo me ruboricé y una sonrisa tonta apareció en mis labios. Suspiré.


—¿Quién era ese tal Peter?—pregunté.

—Sólo un viejo amigo—Justin seguía sin camiseta y era difícil mantener la mirada en sus ojos, sin desviarla para observar su cuerpo.
—¿Amigo? —carcajeé.— No sabía que los amigos se mataban entre sí. 
—Tuvimos algunos problemas en el pasado. 

La voz de Justin sonó débil y apartó la mirada de la mía. Entonces, vi a otro Justin. Como si detrás del que intentaba parecer duro e intentaba demostrar que no le importaba nada, hubiera un Justin con sentimientos y con un pasado que le dolía recordar. 


No quise pregunta porque se había puesto así. Aunque no me importaría sentarme a esuchar la historia, él no parecía muy animado en hablar del tema. Tampoco en abrir la boca para pronunciar palabra.


—¿Estás bien?—pregunté.


Sus labios se juntaron formando una fina línea. Bajó la cabeza y volvió a la habitación, yo seguí sus pasos, pero me paré en la puerta del baño, observándole desde allí. Se acercó a la cama y se dejó caer, cruzando los brazos debajo de su cabeza mirando al techo fijamente.


—Lo siento.

—¿Por qué?—pregunté confundida frunciendo mi ceño.

Se sentó en la cama, apoyándo la espalda en la pared detrás de ésta y con unos golpecitos en la sábana, me indicó que me sentara a su lado. Me acerqué a él y me senté en la cama, algo separada de él.


—¿No está claro?—preguntó.—Me ofrezco a llevarte a casa como modo de disculpa por lo de anoche y lo único que consigo es llevarte directa a las manos de ese cabrón—miraba a la pared de enfrente, porque por alguna razón no era capaz de mirarme a los ojos, y su voz estaba teñida de enfado, rabia y, en lo más profundo, de pena.

—Qué Peter apareciera en aquella carretera y nos persiguiera hasta aquí, no fue tu culpa—intenté sonar tranquila y serena, pero una parte de mí quería desahogarse chillando y llorando mientras arrojaba al suelo todo lo que había en la habitación—. Y que me quedara a solas con él—noté que mi voz sonaba débil al recordar aquel momento—, tampoco fue tu culpa. Sólo suya.

A pesar de que su mirada no estuvo puesta en mí, yo mantenía la mía en él todo el tiempo. Incluso en aquel momento en el que se encontraron, la mía siguió fija en sus ojos miel.


—¿Por qué haces esto?—preguntó apoyando la cabeza en la pared sin apartar la mirada.

—¿El qué?—pregunté confusa.
—Quedarte aquí. Curarme. ¿Por qué no has salido corriendo como las demás habrían hecho?
—No sé—me encogí de hombros.—Supongo que no soy como las demás.

Justin se acercó a mí, poco a poco. Sabía lo que iba a pasar, sin embargo no me aparté aunque debería haberlo hecho.


—Lo sé, nena—noté su respiración sobre la mía, sus ojos eran de un color miel más claro de lo que nunca los había visto. —Sé que no eres como las demás.


Desvió su mirada hacia mis labios, mojó los suyos y se acercó más a mí. Cerré los ojos, dejándome llevar por la situación. Pero una melodía procedente de mi móvil, me hizo saltar de la cama y correr hasta el salón de dónde procedía el sonido.


Cogí el teléfono que se encontraba tirado en el sofá. Segundos antes de que descolgara la llamada, miré la pantalla. Era mi padre.


—Catherine, ¿dónde estás? —No podía ver a mi padre, pero me imaginaba un rostro enfurecido, a punto de arder. Su voz era fría, firme y sobretodo seria.

—En casa de una compañera de clase—Ni siquiera supe como habían salido esas palabras de mi boca. 
—¿No te dije que llamaras a Joseph para que te trajera a casa?
—Sí, lo hiciste—hice una pausa, me giré y vi a Justin apoyado en la puerta que conectaba el salón y su habitación, observándome. —Pero me encontré con ella y me recordó que teníamos que hacer un trabajo para presentarlo mañana y me invitó a su casa para hacerlo. Pensé en llamar a Joseph en cuanto llegara a su casa, pero se me olvidó—al otro lado de la línea sólo obtuve silencio—. Lo siento.
—No arreglarás las cosas con un lo siento, lo sabes. Te quiero aquí antes de cenar y tendremos una charla seria sobre lo que puedes y no puedes hacer a partir de ahora.

Y colgó.


Me senté en el sofá detrás de mí y apoyé los codos en las rodillas con la cabeza en mis manos. Cerré los ojos y negué con la cabeza. Si se refería a tener una charla parecida a la de ayer, prefería irme con Peter a estar con mi padre. 


—Tengo la sensación de que no ha ido demasiado bien—Justin estaba sentado a mi lado en el sofá. 

—No—me levanté de golpe—. Nada bien. Peor que mal—empecé a andar nerviosa por toda la habitación. —¡Odio a mi padre! Seguro que me castiga semanas o algo peor.
—Nena—Justin se puso delante de mí y me cogió la cara—.Todo irá bien, ya lo verás.
—No, Justin—me aparté de él—. No lo conoces.
—Sé que no es el hombre más agradable del mundo, pero...
—No sabes lo que es capaz de hacer—le interrumpí. Mi voz sonó firme, pero a la vez débil. 
—Sé que para ti es algo duro que no te dejen dormir con tu peluche o que no dejen una luz encendida por la noche, pero te aseguró que lo superarás, nena.
—Eres gilipollas—le dediqué una mueca de asco y me acerqué a la puerta.
—¿Dónde vas?—Justin alzó los brazos en el aire—. No lo decía en serio—Y los dejó caer.
—Sé que no lo hacías, pero tengo que irme—me cogió del brazo y evitó que abriera la puerta.
—Estás haciendo un trabajo, quedaría un poco mal si te fueras a tu casa sin acabarlo, ¿no?—alzó las cejas esperando una respuesta, yo suspiré—. Además, debes estar hambrienta y si te vas, tardarás más de una hora en llegar a tu casa y...—no le dejé acabar.
—Está bien—reí un poco—. Sólo comer. Después me iré—él sonrió satisfecho y asintió con la cabeza.

Fuimos a la cocina y me subí en la encimera. Justin se acercó a a nevera y la abrió. Lo único que pude ver, eran restos de comidas en platos de plástico con un aspecto no muy saludable, gelatina, algo de queso y cervezas. 


—Qué prefieres... ¿restos de antes de ayer? ¿O que pidamos una pizza?—preguntó Justin girándose hacia mí.

—A pesar de que los restos suenan interesantes, me quedo con la pizza—mis labios se curvaron en una pequeña sonrisa mientras asentía con la cabeza.
—Buena elección —cerró la nevera y vino hacia mí, rodeándome la cadera con sus brazos—. Creo que antes nos hemos quedado en medio de algo, ¿no?

Una sonrisa seductora apareció en su rostro mientras se acercaba a mí. Mojó sus labios y alzó sus ojos hasta los míos. Yo sonreí y me acerqué a él.


—Tienes razón, pero la pizza no se va a pedir sola—le susurré al oído.


Él se apartó de mí con una sonrisa en su rostro y yo bajé de la encimera. No quería besarme con él.


—No te acostumbres a esto. Suelo conseguir lo que me propongo—dijo él cuando yo pasaba por la puerta hacia el salón.

—Tal vez tus planes te fallen conmigo—me cogió de la mano y me hizo girar para mirarle.
—Estoy seguro de que no, nena. 


RT  AQUÍ SI HAS LEÍDO EL CAPÍTULO. Muchísimas gracias por leer, sois increíbles, en serio. No os olvidéis de decirme que os ha parecido, por favor. ¡Nos vemos pronto! <3

No hay comentarios:

Publicar un comentario