sábado, 29 de diciembre de 2012

Arriésgate conmigo. {6}.

—¡Vamos, Cathy! ¡Tienes media hora para arreglarte y bajar abajo!—mi madre picó tres veces en la puerta—. Tu padre te estará esperando—su voz sonó apagada. Como si pronunciar esas palabras le hubiera dolido.

¿Le habrá dicho mi padre lo que pasó? Él no lo haría, así que descarté esa idea y opté por la más lógica y creíble. Ella escuchó nuestra conversación y todo lo que pasó. 


—¿Estás despierta?—picó una vez más.


Yo me removí entre las sábanas blancas, ahora arrugadas de mi habitación. Me estiré y bostecé un par de veces, sentada en el borde de la cama para levantarme.


—Estoy despierta mamá—dije apenas sin ánimos.

—Vale, en media hora te quiero abajo.
—Sí.

Finalmente, conseguí abandonar la cómoda cama para ir al baño y darme una ducha rápida. No había mejor sensación que la de notar el agua caliente recorrer cada centímetro de mi piel, haciéndome desconectar por unos segundos de todos mis problemas y mi mundo.


 Al acabar, rodeé mi cuerpo con una toalla y salí a coger mi uniforme. Cada vez que lo miraba, lo odiaba más. Entré de nuevo al baño y me paré a mirarme en el espejo. Las heridas del labio eran claramente visibles. Por un momento, cerré los ojos. Me gustaría entender porque actuaba de esa forma. Intenté disimular de alguna forma la herida, pero no encontré por ningún lado el poco maquillaje que tenía para estos casos. 



Salí de mi habitación dejando al descubierto mi herida en el labio. Intenté evitar a mi madre y correr lo que más pude hasta el coche, pero gracias a mi suerte, ella estaba esperándome en la puerta. Bajando por las escaleras, sólo observaba mi labio. Sin embargo, parecía más contenta que nunca, mostrando una sonrisa en su rostro.

—¿Cómo has despertado?

—Bien, gracias por preguntar. 

Ella notó que había algo raro en mi voz, lo supe por su expresión y por la forma en que miraba mi herida pero no dijo nada al respecto.

—Será mejor que te vayas. Tu padre lleva esperando unos minutos y odia esperar—hizo una pausa.— Ya lo sabes—asentí con mi cabeza y avancé hacia la puerta—. Espera—se acercó a mí y me abrazó. —Te quiero.
—Y yo a ti mamá—hice un esfuerzo por sonreír, pero la herida me lo impedía.

Comencé a caminar hacia el coche de mi padre. Me sorprendía saber lo diferentes que podían llegar a ser. Mi madre era dulce, incluso cuando me regañaba. Mi padre agresivo y amenazante, incluso cuando me felicitaba o se sentía orgulloso de mí.


Llegué al coche y me senté en la parte trasera de él. Mi padre no tuvo ninguna opinión al respecto y mantuvo el silencio durante todo el viaje. Noté su mirada posarse sobre mí un par de veces, pero la ignoré y seguí mirando por la ventanilla.


—Ya hemos llegado—dijo mi padre al aparcar. 

Yo no dije nada y bajé del coche. Me dirigí al instituto y subí por las escaleras principales caminando por los pasillos hasta llegar a mi taquilla. La abrí y cogí los libros para mi siguiente clase. Matemáticas. Cerré mi taquilla con un golpe y me encontré a Will a mi lado.


—Me has asustado—llevé mi mano derecha al pecho, recuperé mi respiración normal y le sonreí.
—Lo siento, no era mi intención—me dedicó una de sus sonrisas y yo suspiré, mordiendo mi labio inferior. Mentiría si dijera que no me encanta como sonríe.
—¿Qué te ha pasado en el labio?—acarició mi herida con delicadeza.
—Oh—murmuré—. Eso...—hice una pausa pensando una excusa—. Soy muy patosa. Me choqué con una puerta—le miré a los ojos esperando su reacción, él solo mantuvo su mirada en mí unos segundos y después echó a reír.
—¿Qué es tan gracioso?—dije yo contagiada por su risa.
—Nada, Cat. Solo que me he imaginado la escena. 
—¡Eh! No te rías de mí—le pegué un puñetazo en el hombro e hizo una mueca de dolor, mientras se acariciaba con la mano—. Oh, vamos. Ni siquiera te he pegado fuerte.

Sonó el timbre interrumpiendo nuestra conversación.


—¿Qué tienes ahora?—preguntó él mientras miraba su horario.

—Matemáticas. Pura diversión. ¿Tú?
—Historia. Así que nos vemos después—sonrió mientras se alejaba por el pasillo en la dirección contraria que yo. Me despedí de él haciendo un gesto con la mano y me dirigí hacia mi clase. 


*****

Después de tres horas, por fin sonó el timbre que indicaba que tocaba descansar. Guardé los libros en mi bolsa y fui hacia la cafetería. Cogí mi almuerzo y me senté con Sidney, Abby, Will, Ryan y Chaz, justo al lado de Will, que era el único espacio libre que quedaba.

¿Que te ha pasado en el labio?— me preguntó Abby.
—No ha sido nada. Sólo me di un golpe.
—¿Un golpe?—dijo Ryan extrañado.
—Sí—hice una pausa. Realmente lo de mentir no era lo mío.—Con una puerta—intenté sonar más convencida de mi propia mentira, pero no estaba segura de haberlo conseguido.

Ryan me miró aún sin creérselo. Sabiendo como era él, me obligaría a contárselo. Sidney parecía habérselo creído, igual que Chaz y Will, pero Abby tampoco acababa de estar convencida. Tenía la esperanza de que no me preguntaran.

Cuando acabamos de comer, salimos afuera. Ryan me cogió del brazo y me separó del grupo. Will no dejaba de mirarnos, observando cada movimiento que hacía él y cada movimiento que hacía yo.

—¿Me vas a contar lo que te pasó?—dijo mirando mi labio y cruzando los brazos delante de su pecho más serio de lo que nunca le había visto.
—Verás, Ryan... —dije yo sin saber lo que le iba a decir.
—No me pongas excusas, Cat. Quiero que me digas la verdad—me interrumpió.
—Te agradezco que te preocupes por mí. Pero de verdad estoy bien—le sonreí un poco y funcionó.
—No termino de creerte, pero no te voy a obligar a que me cuentes algo que no quieres—hizo una pausa, yo no intervení, sólo esperé a que él acabara de hablar—Pero que sepas que si necesitas cualquier cosa, aquí tienes un amigo, ¿vale?—yo asentí con la cabeza mientras le abrazaba.
—Gracias, Ryan.
—No las des.

Sonó el timbre que indicaba el final del descanso. Ryan y yo nos acercamos al grupo para entrar al instituto. Después, cada uno fue a la clase que le tocaba y yo me dirigí a Historia. 
La hora se pasó rápida, Abby y yo estuvimos hablando mientras la Sra. Woods explicaba la primera guerra mundial, entre otros sucesos que no conseguí escuchar. Las siguientes clases, Biologia y Química, no se pasaron tan rápidas, fueron realmene aburridas. Cuando sonó el timbre fuí una de las primeras en llegar a la puerta.

Salí al pasillo y me encontré con mi padre, que llevaba algunos papeles en la mano y el móvil pegado a la oreja. 


—¡Catherine!—colgó la llamada y guardó el teléfono en el bolsillo de su pantalón, me acerqué a él con los libros entre mis brazos, cruzando el pasillo y esquivando a los alumnos que pasaban.

—¿Qué quieres?
—No podré llevarte a casa—alzó los libros en mi dirección—Estoy algo atareado y tengo faena hasta tarde. 
—Entonces llamaré a Joseph para que venga a por mí—no podía mirarle a los ojos, así que observaba a los alumnos en grupos que pasaban por el pasillo.

Se formó un silencio incómodo, hasta que mi padre asintió con la cabeza y se fue sin decir nada, desapareciendo entre la multitud. Yo fui a mi taquilla y guardé los libros que no necesitaba. 


—¿Te llevo a casa?—preguntó una voz que se me hacía familiar. 


Era Justin apoyado en las taquillas, detrás de mí, con las manos en los bolsillos y una sonrisa en sus labios que deslumbraba. Yo rodé los ojos y comencé a caminar hacia fuera para llamar a Joseph.


—¿Te llevo o no?—insistió persiguiéndome.

—No.
—Te he escuchado hablar con tu padre, si te llevo yo, no hace falta que llames a ese tal Joseph.
—Justin, déjame en paz.
—Es por lo de anoche, ¿verdad?—le miré a los ojos y suspiré, afirmando lo que acababa de decir.— Lo siento, fea. 
—No has arreglado nada—acomodé mi bolsa en el hombro y crucé los brazos en mi pecho.

Llegamos a la puerta y empujé con el hombro para abrirla y salir. Justin seguía detrás de mí, esperando que le dijera que me iba con él.


—Déjame llevarte como modo de disculpa—se puso en frente de mí y me cogió por los brazos, parándome.—Por favor.

—Está bien—exclamé.—Pero sólo porque creo que me he olvidado el móvil en casa y no puedo llam...
—Sé que es mentira, pero ya me vale.

Me cogió de la mano y entrelazó nuestros dedos. Tuve la sensación de que saltaban chispas, pero sólo fueron los miles de escalofríos que recorrieron mi cuerpo en el contacto con su piel. Quería quitar la mano, alejar mis dedos de los suyos, pero por alguna razón no lo hice. Dejé que aquella sensación tan extraña se apoderara de mí, mientras pensaba exactamente en lo que esta pasando. 


 Se giró para mirarme y me dedicó una de las sonrisas más sinceras que hasta entonces vi en sus labios. Me llevó hasta su coche y me abrió la puerta de copiloto para que me sentara. Rodeó el coche y se sentó en su sitio.

—¡Vaya!—exclamé.—¿Dónde está el Justin que conozco?

—Sigue aquí, nena—rodé los ojos y me giré hacia la ventanilla, odiaba que me llamara así.
—¿No podías seguir siendo un caballero?—pregunté.— Te he dicho mil veces que no me gusta que me llames así.
—Lo sé, nena. Pero me gusta hacerte enfadar—me guiñó un ojo y arrancó el coche.
—Sin duda eres el Justin que conozco.
—Y el que te gusta—me giré bruscamente para mirarle.
—¿Que qué? —reí a carcajadas.—No lo hagas.
—¿El qué?—preguntó él desviando la mirada de la carretera para mirarme a mí.
—Confundirme con uno de tus juguetes.
—Sé que eres diferente.
—¿Así? ¿En qué?
—Eres virgen.
—Serás imbécil—le pegué un puñetazo en el hombro, desvió su mirada hacia un lado y vi como se tensó—. ¿Justin, qué pasa? ¿Te he hecho daño?

Miraba continuamente por el retrovisor, mientras daba golpes al volante. Murmuró algo que no conseguí entender y pisó el acelerador de golpe, haciéndome chocar con el reposacabezas. Miré hacia atrás y pude ver como un coche negro conducía muy cerca de nuestro coche, de una forma agresiva y totalmente intencionada.

—Justin, ese coche...

—Cállate—dijo serio y concentrado en la carretera. 

El coche negro aceleró la velocidad hasta alcanzar el carril de al lado. Justin giró la cabeza hacia la izquierda, fijando la mirada en aquel hombre que conducía el otro coche, cuya sonrisa transmitía malicia y crueldad. Yo me agarré al asiento con fuerza e intenté mantener el ritmo de mis latidos y respiración. Cerré los ojos, maldiciéndome por dentro por no haber llamado a Joseph para que viniera a por mí. Y sentí un golpe. Abrí los ojos y vi a Justin más enfurecido que antes, con la mandíbula tensa y las manos agarradas firmemente en el volante.


—Si quiere jugar, jugaremos. 



RT AQUÍ si habéis leído el capítulo, por favor. A partir de ahora empieza el drama y la acción. Espero que os haya gustado. ¡COMENTAD! Necesito que comentéis, por aquí o por twitter, porque me animáis y me inspiráis para seguir la novela. Y os suplico que no seáis lectoras fantasmas, tengo más de 100 visitas por capítulo, pero muy poca gente comenta y si no lo hacéis, dejaré la novela. Millones de gracias por leerme. Nos vemos pronto.

2 comentarios:

  1. Holaaa:) me ha encantado, escribes genial<3 pásate por la mía cielo y me dices que tal<3

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