Sidney se encontraba detrás de mí, con los brazos cruzados en su pecho y una expresión de claro enfado. Abby la acompañaba con los libros entre los brazos, mostrando curiosidad por lo que yo tenía que decir.
Cerré la taquilla después de coger el material que necesitaba para las siguientes clases y me giré hacia ellas, suspirando mientras pensaba en una excusa lo suficientemente creíble cómo para que no me preguntarán de nuevo por ello. Entonces una conocida silueta, pasó por detrás de ellas. Era Will. Su expresión era nula y caminaba cabizbajo, sin la mínima intención de mirarme ni por un segundo. Abby y Sidney me siguieron la vista y fruncieron el ceño al verlo, sin comprender que había pasado entre nosotros.
—Discutimos—intenté sonar convincente y apenada, y lo conseguí.
A pesar de que esa no fue la razón por la que desaparecí de la fiesta, sí que discutimos y sí que quería arreglar los problemas que habían surgido entre nosotros. Aunque aún no sabía cómo hacerlo. No podía decirle que le quería tanto como él me quería a mí, porque no lo sentía. Tampoco podía hacerle creer que mis sentimientos por él no eran tan fuertes como los suyos hacia mí, porque ni siquiera estaba enamorada.
—Él no dijo nada...—comentó Sidney.
—Tal vez no quería hablar del tema—dije yo.
—¿Y se puede saber porqué te enfadastes con el amor de tu vida?—preguntó Abby.
—Oh, vamos está más que claro que fue por Justin, el amor de su vida—aclaró Sidney.
—¿Justin? ¿El amor de su vida? Por favor, Sidney abre los ojos...—replicó Abby.
—Chicas...—intenté interponerme entre la pequeña discusión que habían empezado, sin éxito.
—¿Qué yo abra los ojos? Will es demasiado cursi y tranquilo, ¡necesita acción!
—¿Acción? Que le rompan el corazón querrás decir. ¿De verdad crees que podría tener algo serio con Justin?
—Por supuesto que sí. ¡En cambio su relación con Will nunca sería real!
Las dos habían alzado el tono, llevándose toda la atención de los que pasaban por el pasillo casualmente a un paso más lento de lo normal, observando el espectáculo que habían montado mis mejores amigas. Era uno de esos momentos tierra-trágame que, en algún momento, todos habíamos pasado en nuestra vida.
Comencé a caminar dejándolas atrás, pero fue un intento en vano, me siguieron por el pasillo continuando con su pequeña discusión de quién me convenía más según el punto de vista de cada una. Llegué a la puerta y salí al exterior, dónde a penas quedaban alumnos.
—¡Parad ya!—grité dándome la vuelta—. No ayudáis para nada, ¿sabéis?
Las dos callaron de golpe, mirándose la una a la otra con algo de enfado en sus expresiones. Y tal vez arrepentimiento.
—Necesito consejo y me encantaría que me dierais vuestra opinión—aclaré—. ¡Pero en el momento adecuado y del modo adecuado!—comencé a ponerme nerviosa y ellas lo notaron. Se acercaron a mí sin saber qué decir exactamente, pero con una clara expresión de disculpa.
—Lo siento, Cathy. Este tema me supera, ya sabes lo bien que me llevo con Justin—dijo Abby en modo de disculpa.
—Y yo de ningún modo quiero que te quedes con Will, por lo que solamente he defendido mi opinión. Pero te pido perdón porque me he alterado demasiado.
Suspiré. Aunque no eran las mejores disculpas que había escuchado, eran aceptables y por sus caras, se notaba que se arrepentían de haber montado tal espectáculo.
—Disculpas aceptadas.
Les sonreí y a cambio recibí un abrazo de cada una.
—Y ahora—dijo Sidney, separándose de mí—. ¿Podemos ir a comer algo? Me muero de hambre.
—Id vosotras, en seguida voy yo.
—¿Estás segura?—preguntó Abby extrañada.
—Sí, sí—contesté—. Tengo que ir a por unas cosas.
—Está bien.
Abby sonrió y las dos dieron la vuelta hacia el interior del edificio. Yo caminé unos pasos más y me senté en la hierba, rodeándome las piernas con los brazos.
—¿Te importa si me siento?
Miré hacia arriba. Chaz me sonreía con dos cafés en la mano.
—No, para nada—negué con la cabeza—. Siéntate.
Se sentó a mi lado y me entregó el café. La verdad es que no me iba nada mal teniendo en cuenta que no había dormido nada las últimas noches y dudaba de mis capacidades para llegar a las últimas horas de clase.
—Gracias, Chaz—le sonreí y di el primer sorbo.
—¿Te puedo preguntar algo?—fruncí el ceño y ladeé un poco la cabeza, sin ninguna idea de que me quería preguntar.
—Supongo que sí.
—¿Estuviste con Justin en la fiesta?
Tragué saliva al tiempo que mi corazón latía con más fuerza.
—Os vi entrar juntos en una de las salas privadas.
—Estuve con él toda la noche, pero por favor no digas nada.
—No lo he hecho y no lo haré. Sé que no estás pasando por un buen momento con él. Ni con él, ni con Will.
—Estoy hecha un lío ahora mismo. No sé lo que quiero.
—Sabes lo que quieres, pero te da miedo decirlo en voz alta.
Y boom.
Por fin alguien se daba cuenta. Por fin me lo decía alguien que no fuera mi voz interna. Tenía más sentido dicho de la boca de otra persona, incluso todo parecía más fácil desde aquel punto de vista. Pero el miedo seguía ahí. El miedo de perder a las personas que quería. De cagarla tanto tomando una decisión que la posibilidad de arreglar las cosas se convirtiera en algo imposible.
—¿Y qué hago para combatir ese miedo?
—Intentar encontrar una solución para los problemas que vengan.
—¿Y si no hay solución?
—¿Y si la hay? No seas tan negativa, Cathy. Estoy seguro de que escogerás la opción correcta.
Apareció una pequeña sonrisa en mis labios.
—A veces me da la sensación de que las dos opciones son tan correctas como erróneas.
—No busques la perfección, no existe.
Se levantó del césped y sacudió su pantalón, con la mano libre, de las ramitas y hojas que se habían pegado a él. Después me tendió la mano y me ayudó a levantarme. Tomé otro sorbo del café, al igual que Chaz y miré el reloj plateado que llevaba en la muñeca izquierda. Aún faltaban veinte minutos para que empezara la siguiente clase.
—¿Sabes? La primera vez que te vi, no me caiste demasiado bien—admití.
—¿Y eso por qué? ¿Porque perdiste el partido de baloncesto contra nosotros?
—¡De eso hace mucho tiempo!—dije entre risas—. Ya estabas más que perdonado por jugar tan mal.
—¿Jugar mal? Yo no necesitaba nadie que me levantara hacia la canasta para encestar.
—Yo no lo pedí a Justin que lo hiciera y lo sabes.
—¿Entonces por qué te caía mal?
—Porque la primera vez que te vi ibas con Justin y para entonces le odiaba.
—Oh, si...—dijo recordando—. No...
—No nos llevábamos demasiado bien—dijo una voz conocida a nuestras espaldas.
No necesitaba girarme para confirmar mis sospechas. Reconocía la voz. El tono grave que utilizaba para hablar. La seducción hasta en sus palabras.
—¿Qué haces aquí?—pregunté girándome, no con demasiada amabilidad.
Justin estaba fumándose un cigarro con su usual cazadora de cuero negro y me miraba mientras soltaba el humo por la boca.
—He venido a verte—dijo llevando de nuevo el cigarro a sus labios.
—¿Y por qué no me llamaste?
Dejó salir el humo lentamente, sin preocuparse por responder a mi pregunta. Comencé a ponerme nerviosa y algo cabreada. El ambiente se puso tenso y Chaz, que seguía con nosotros, lo notó.
—Cat, voy a la cafetería, ¿nos vemos allí?
—Sí, enseguida voy.
Volví la mirada hacia Justin, que seguía disfrutando de su cigarro. Daba caladas y expulsaba humo, una y otra vez.
—¿Piensas hablar?—pregunté cansada de esperar.
—¿Qué quieres que te diga?
—No sé, tal vez que no pudiste llamarme porque estabas ocupado, o que perdiste el móvil.
—Ni estaba ocupado, ni perdí el móvil—dijo sin darle importancia.
—¿Entonces? Dios—suspiré, intentando tranquilizarme—. ¿De que sirve que me des mil besos y me digas mil cosas bonitas, si cuando estoy mal ni siquiera estás a mi lado?
—Mira, Cath. No soy un tío de novias, ni de relaciones serias y si no lo sabes a estar alturas, te has equivocado de tío.
Pasó por mi lado, aún con la atención fija en el cigarro que sostenía entre sus dedos. Caminaba hacia el interior del instituto, dejándome atrás sola, con mil preguntas que debía responder antes de volver a desaparecer de nuevo y la ira que hervía por mis venas.
—¿Te vas a ir así sin más? ¿Durante cuánto tiempo? —alcé mis manos en el aire—¿Aparecerás mañana o en dos semanas? ¿Tal vez meses?—Al ver que seguía caminando, bajé los brazos y me rendí—. ¡Eso! ¡Márchate! ¡Vete! ¡Es lo mejor que sabes hacer!—grité, intentando ignorar las lágrimas en mi garganta.
Comencé a caminar en dirección opuesta con las lágrimas a punto de desbordarse de mis ojos. Dejé escapar un grito de impotencia y aceleré el paso. Quería evitar las miradas curiosas o cualquiera que se pudiera acercar a mí. No era el momento ni el lugar.
—¿Lo ves?—Justin estaba detrás de mí. Me cogió del brazo y me giró hacia él—. ¿Ves porque lo nuestro no funcionaría? No soy bueno para ti. Si me alejo de ti es para hacerte un favor. No estoy hecho para ti. ¡No estoy hecho para el amor!
Una sonrisa forzada apareció en sus labios, al tiempo que sus ojos se cristalizaban. ¿Iba a llorar?
—¿Y por qué has dejado que mis sentimientos crecieran tanto? ¿Por qué no me dijiste que no querías llegar a nada desde que todo esto empezó? ¿Por qué no me has dicho que no... —me costaba pronunciar las palabras— que no me quieres?
Me cogió la cara entre sus manos, secando con sus pulgares las lágrimas que no podía controlar y caían por mis mejillas.
—No es que no te quiera. Me tienes loco como ninguna tía había conseguido hasta ahora. Y te juro por lo que tú quieras que esto que siento es diferente. Pero lo nuestro nunca llegaría a nada. Y lo único que no quiero es hacerte sufrir, Cath. Ya has sufrido suficiente.
—Pero me prometiste que no ibas a desaparecer.
—Y no lo haré. Estaré lo suficiente cerca para protegerte y al mismo tiempo que no corras ningún peligro por mi mierda de vida.
No estaba nada de acuerdo con su decisión, pero si él creía que era lo mejor y así sería feliz, no diría nada en contra. Lo aceptaría sin rechistar, aunque mi corazón gritara, lo más alto que podía, todo lo contrario.
Le miré a los ojos y deseé verlos desde más cerca. Quería poder perderme en aquellos ojos color miel, que como ya tenía comprobado, me encantaba hacer. Después miré sus labios. Los tenía a centímetros y sin embargo, no los podía tocar, ni siquiera rozar... como deseaba hacer en aquel justo momento. Se habían convertido en una adicción desde la primera vez que los había probado. Algún tipo de droga extraña y desconocida a la que estaba totalmente enganchada y que me habían quitado en un suspiro. Pensé en nuestro último beso. En lo mucho que lo habría disfrutado si hubiera sabido que las cosas iban a ser así e iba a ser la última vez que probaba aquellos labios que anhelaría tanto.
—¿No te puedo hacer cambiar de idea?
—He tomado una decisión y no voy a cambiarla—negó con la cabeza apartando los ojos de mí.
—Está bien.
Suspiré y me separé un paso de él. Ni siquiera era consciente de que había pasado. Todo había cambiado entre nosotros completamente y también parecía que definitivamente. Y no quería que fuera así.
El silencio reinó entre nosotros y el ambiente se volvió incómodo. No nos reconocía. ¿Cuando habíamos estado juntos y no nos habíamos hablado, ni siquiera mirado? Jamás. Aunque fuera para discutir, el silencio incómodo nunca había estado presente entre nosotros. No al menos tanto como lo sentía ahora.
—Bueno, y... ¿cómo lo llevas?
—Sigo viva y aún soy libre, así que supongo que todo va bien de momento.
—¿Pero estás bien?
—No hagas preguntas de las que no quieres saber la respuesta.
La sonrisa que intenté dibujar en mis labios se pareció más a una mueca y Justin notó la tristeza en ella.
—Anda, ven aquí.
Abrió los brazos hacia mí y yo no dudé ni un segundo en lanzarme hacia ellos. Me encerró en su pecho y olí su aroma. Una mezcla de tabaco y la colonia que siempre llevaba que lo volvía más seductor. En caso de que eso fuera posible. Acompañó el abrazo con besos en la cabeza que me reconfortaban. Tal vez podría fingir alguna vez que otra para acabar en sus brazos de nuevo.
Se separó de mí y me miró a los ojos. Por un momento, creí perderme en ellos, pero tendría que acostumbrarme a no hacerlo. No debía hacerlo.
—¿Vienes a la cafetería?
—Que no te siente mal, pero preferiría no cruzarme con tu padre.
—Te entiendo. Yo tampoco y desgraciadamente lo veo casi cada cinco minutos.
—Entonces—tiró el cigarro al suelo—, ¿no habéis solucionado nada?—lo apagó con la suela del zapato.
—Me pidió disculpas pero no estaba de humor para hablar con él.
—¿Lo había hecho antes, Cath?
—¿El qué?—dije intentando quitar importancia al tema.
—Pegarte.
Bajé la mirada, nerviosa. Justin era el único con el que hablaba del tema, era el único que lo sabía y a pesar de que confiaba en él, hablar de mi padre con cualquier humano en la faz de la tierra me incomodaba.
—Eso quiere decir sí.
—Lo ha hecho otras veces, no te lo voy a negar, pero la última vez estaba borracho y yo interferí entre la pelea con Joseph.
—Esa no es excusa suficiente, Cath. ¿Las otras veces lo hizo por qué se aburría?—alzó el tono de voz, rebosaba ironía.
—Justin, no sé por qué lo hizo, pero para, por favor—le supliqué.
—Está bien. Pero no puedo prometerte que no le parta la cara si me cruzo con él.
—Sigue siendo mi padre.
—¿Y de qué sirve un padre que no te respeta?
—De nada, pero es lo único que tengo junto a mi madre. No le puedo perder.
—Me tienes a mí—dijo él, fijando sus ojos en los míos.
No cómo a mí me gustaría, pensé.
—Lo sabes, ¿verdad?—se aseguró.
—No quiero discutir. Mejor me voy, me están esperando.
Me di la vuelta y comencé a caminar.
—Explícame que acaba de pasar—exigió el agarrándome del brazo.
—Digamos que aún me estoy acostumbrando a buscar repuestas que te daría una amiga.
Dejó de agarrarme y dio unos pasos para atrás.
—Y si no te importa, me están esperando en la cafetería.
—Sí, ves. Will te estará esperando.
Me dedicó una sonrisa forzada y se marchó por dónde había venido. Yo bufé cabreada y me dirigí a paso rápido hacia la cafetería. No me crucé con nadie por el pasillo y lo agradecí, porque sería capaz de pegar a cualquiera con tal de descargar la rabia. Entonces, vi abrirse las puertas de la cafetería al final del pasillo y una silueta conocida pasar por debajo de ellas. Will.
Me acerqué a él, casi corriendo, que al verme había girado en dirección opuesta a mí y había evitado mi mirada por encima de todo a pesar de que no lo había conseguido.
—¿Qué tal te va con eso de evitarme?—dije detrás de él.
—¿Y a ti qué tal te va con Justin?
—¿Por qué todos tenéis tan claro que estoy con él?
—No somos ingenuos. Se te ve cada vez que le miras.
Nunca lo había visto así. Se le notaba el enfado en los ojos y en la dejadez a la hora de hablar. Sonaba cansado. Agotado.
—No y no te equivocas. Pero una cosa es poder, otra querer y yo no quiero estar con Justin, así que descártalo de mi lista de posibles novios futuros—no podía evitar escupir el enfado y la rabia que sentía en mis palabras.
—En ese caso. No sé si me voy a precipitar al decir esto, pero...
Su mirada cambio completamente. Se llenó de brillo, esperanza y felicidad. Me cogió de las manos con algo de timidez y una sonrisa apareció en sus labios, dejando ver sus blancos y perfectos dientes.
—¿Quieres salir conmigo, Cat?
RT AQUÍ SI HAS LEÍDO EL CAPÍTULO, POR FAVOR.
Perdonadme por tardar unas semanas en subir. Después de la operación, me está costando un poco recuperar la movilidad completa del brazo, pero aún así he querido escribir este capítulo, aunque no sea demasiado bueno, ni lo suficiente largo. Lo he hecho porque os lo merececiais por todos los comentarios desde que publiqué el último capítulo.
Y odio tener que decir esto pero, me voy de vacaciones y durante unas tres semanas no tendré internet por lo que en principio, no podré subir ningún capítulo. Aún así, me llevo el portatil para poder escribir y subir una maratón de capítulos en cuánto vuelva.
Ya lo he comentado antes, pero os tengo que dar las gracias porque sois increíbles. Siempre conseguís soprenderme con vuestros tweets y comentarios. Y también os tengo que agradecer a todos los que me habéis preguntado por la operación y por cómo llevo la recuperación. En serio, gracias.
Os quiero. <3
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