domingo, 18 de agosto de 2013

Arriésgate conmigo: {30 y 31}.

—¿Quieres salir conmigo, Cat?

Las manos de Will me sujetaban con más firmeza que nunca. Aún así, el nerviosismo era notable en su expresión, en su sonrisa. Estaba segura de que había ensayado aquel momento miles de veces, pero jamás se había imaginado una situación como aquella. Me lo dijo como si temiera que el fin del mundo se aproximara y no me hubiera pedido salir antes. No tardó ni un segundo en aprovechar la oportunidad que se le había presentado.

—Will…

Me solté y me alejé de él delicadamente.

—No puedo salir contigo—susurré con la más delicadeza posible.

Noté como si el techo cayera sobre mí. Su cara se había convertido en una mezcla de enfado, decepción y rabia. Su perfecta sonrisa se había transformado en una mueca de tristeza y sus ojos no me miraban de la misma forma. Ya no había rastro del brillo que tenían al pedirme salir segundos antes. Se había hecho demasiadas ilusiones al decirle que lo mío con Justin era historia y se las había destrozado todas de golpe. Como si no hubiera una forma mejor.
Bajó la mirada hacia el suelo. Ninguno de los dos dijo nada.

—Lo siento de verdad, Will.
—Tenía que intentarlo.

Se encogió de hombros, hundió las manos en los bolsillos del pantalón del uniforme y suspiró.

—Tenías posibilidades—dije yo.
—¿De acabar fuera del juego? —preguntó.
—No—aseguré firme—, y esto no era ningún juego. Al menos no para mí.
—Para mí tampoco lo era, Catherine.—Se notaba la decepción en su voz y el enfado al utilizar “Catherine” para referirse a mí, no Cat o Cathy cómo solía hacer—. Y no lo es.

Estuvimos mirándonos por unos segundos sin decir nada. Intentaba encontrar palabras que describieran los sentimientos que me abrumaban en aquellos momentos.

—¿Qué quieres que te diga?—pregunté yo—. Me da mucha pena que esto no pueda ser de otra forma pero no puedo fingir sentir algo que no siento. No sería justo para ti. No te lo mereces.
—Lo entiendo y no te voy a odiar por ello, estoy acostumbrado.

Culpabilidad. Eso era lo que sentía al mirarle a los ojos y verle roto por dentro. Y yo no podía hacer nada, porque la única solución era pretender que le quería tanto como para ser su novia y no estaba dispuesta a ello. No iba a mentirme a mí misma y no iba a mentirle a él.

—Pero hazme un favor—pidió.
—Lo que sea—dije automáticamente.
—Búscate a alguien que te valore y te quiera más que Justin.

El corazón se me encogió.

—¿Me lo prometes? —preguntó él, acercándose a mí.
—Lo intentaré.

Suspiró, no muy convencido de mi respuesta.

—Supongo que eso me basta.
—¿Te puedo pedir yo un favor? —pregunté mordiéndome el labio inferior, temiendo a la respuesta.

Suspiró durante unos segundos y después apareció una pequeña sonrisa en sus labios.

—Sabes que no puedo decirte que no.
—No te vayas. No te quiero perder como amigo. Me importas Will—no dijo nada. —Mucho.
—Te lo prometo.
—Entonces—intenté cambiar de tema, pero era incómodo—. ¿Vienes a la cafetería? —él asintió y me dedicó una sonrisa.

Yo me volví y caminé tal y como si fuera una sonámbula, con sus pasos detrás de mí, totalmente abducida por mis pensamientos. No quería perder a Justin, tampoco a Will y sentía que los había perdido a los dos. ¿Había hecho algo bien?

Abrí las puertas de la cafetería convirtiéndome en el centro de las miradas. Al principio creí que sería por simple curiosidad, pero al ver cuchichear y susurrar a la mayoría de las mesas entre los alumnos que se sentaban en ellas, supuse que tal vez alguien había estado presente en una de las discusiones que había tenido en menos de diez minutos, tal vez en las dos, y todo el instituto estaba actualizado sobre mi situación sentimental. Soltera como el primer día que entré por la maldita puerta.

Caminamos hasta la mesa redonda del final de la cafetería, dónde se encontraban Abby, Sidney, Ryan y Chaz. Yo me senté al lado de Sidney y Will al lado de Chaz.

—¿Se puede saber en qué estabas pensando? —me acusó Sidney.
—¿Qué? —pregunté yo, con el ceño fruncido y la atención de todos sobre mí y Will.

Abby ni siquiera parecía saber que me había sentado a comer, Ryan la miraba de reojo, parecía que habían discutido, y Chaz me observaba atentamente, sin darle importancia a lo que pasaba a su alrededor.

—¿Se puede saber qué he hecho? —pregunté.
—¿Te parece poco discutir con Justin porque se acuesta con Lily, que Will te pida salir cinco minutos después y decir que sí sólo para darle celos? —preguntó casi gritando y alterada.
—Eh, eh. Espera—sacudí la cabeza repitiendo en mi mente las palabras que había escupido fuera de su boca. —Sí, acabo de discutir con Justin, pero ni siquiera he mencionado a esa perra y Will me ha pedido salir…
—Entonces, ¿estáis juntos? —preguntó Abby.

Le lancé una mirada a Will, que parecía concentrado en las marcas y escritos que había por toda la mesa, pero que al escuchar la pregunta de Abby, alzó la cabeza y negó con firmeza.

—No estamos saliendo.

Y de nuevo estaba ahí. Culpa. Por el tono en el que lo había dicho. Por aquellos ojos esmeralda que se habían convertido en un verde apagado y oscuro, que miraban a Abby sin verla realmente. Y porque a pesar de que no podía ver su corazón, sabía que estaba destrozado.

La decepción se apreciaba en los rostros de Abby y Ryan, que al enterarse de nuestra no-relación desconectaron de la conversación. Habían perdido las esperanzas.

—No entiendo nada…—Sidney sacudió la cabeza parpadeando un par de veces confundida.

Entonces alcé la vista, hasta fondo de la cafetería, dónde se concentraba la mayoría de las personas que habían en aquella estancia con la mirada fija en un solo punto; la perra, también conocida como Lily, que se había inventado una historia, incluyéndome en ella, acompañada de su perrita faldera, a la que llamaban Isabella.Intentaban captar suficiente atención aunque fuera por unos minutos.

—Yo sí que entiendo lo que pasa—susurré.

Me levanté de la mesa con la sangre hirviendo, empujando a todo el que se interponía en mi camino hacia el centro del espectáculo que había montado, mientras escuchaba ‹‹pelea de gatas›› o palabras parecidas. Había visto algún móvil grabando, rostros de pura excitación e incluso algunos que se frotaban las manos, preparados para que la función llegara a la mejor parte.

Si quería llamar la atención, lo haría con un par de moratones a cada lado de la cara. Tal vez con alguno que otro en uno de esos ojos a los que dedicaba tanto tiempo cada mañana.
No me hizo falta empujar a nadie más, me abrían paso sin despegar la vista de mí atentos a lo que tenía que hacer o decir. Entonces la vi. No le daba importancia a mi presencia, aunque sabía de sobras que la fulminaba con la mirada, planeando una forma de hacerla sufrir. De desahogar mi ira. Y ahora que la tenía delante, me parecía mejor opción golpear su perfecta nariz sin poros ni imperfecciones a la vista. O agarrarme a su melena rubia perfectamente alisada hasta arrancarle las extensiones que llevaba. ¿Desde qué momento me había convertido en una persona tan agresiva y violenta?

Llegué al centro del círculo y el camino por el que vine se cerró detrás de mí. No había escuchado la voz de ninguno de los que se habían sentado conmigo en la mesa. Tal vez porque mi único objetivo era la humana de plástico que tenía delante de mí. O por la simple razón de que no se habían levantado ninguno de ellos. Ni siquiera Will, que tal vez en otras circunstancias lo habría hecho.

—Ya tenía ganas de hablar contigo—me dedicó una sonrisa burlona y se acercó a mí—. ¿Te ha contado tu Justin lo bien que nos lo pasamos juntos?
—No exactamente—crucé los brazos en mi pecho—. Sólo sé que le gusta sacar la basura los sábados por la noche, cariño—hice una mueca de pena por un segundo, totalmente falsa, intentando calentar el ambiente antes de tirarme sobre ella.

Los motores de ambas comenzaron a calentarse, la multitud que nos rodeaba soltó algún que otro silbido entre aplausos. Ella soltó una carcajada y se acercó hacia mí.

—Cariño—repitió mi última palabra—, tendrás que aprender a disimular mejor tus celos. Aunque entiendo que me tengas envidia. Tanto tiempo alrededor de Justin y ni siquiera has podido disfrutar de sus encantos en la cama. Él me llevó a la suya el primer día—dijp con orgullo.

Le ofrecieron a Lily un aplauso entusiasta con algún que otro grito de ánimo. Pero eso no acabaría ahí. La discusión acababa de empezar y mi nivel de enfado aún no había superado las puntuaciones máximas.

—Lo siento si ser un juguete sexual es a lo más alto que aspiras. Yo tengo mejores expectativas para mi futuro que probar las camas de todos los tíos del pueblo y alrededores.

Elevó una ceja y se cruzó de brazos, apoyando todo el peso de su cuerpo en una pierna mientras las ovaciones se dirigían a mí en aquel momento.

—¿Estás pensando en ascender a todo el estado? —pregunté.

Intenté reprimir la sonrisa burlona que apareció en mis labios, pero no lo conseguí. No me reconocía. No reconocía a Catherine Blair en mí. Siempre había sido la chica tímida y callada, pero algo había cambiado. Alguien me había cambiado.

—Di lo que quieras, pero si aún no lo has hecho con Justin , es porque él no quiere nada contigo. El sexo es lo más importante para él.  Y lo sabes—comenzó a dar vueltas a mi alrededor y se paró a la altura de mi oído—. Se tira a todas las tías que se le cruzan por su camino. Tú lo has hecho muchas veces, ¿has conseguido algo? —hizo una pausa—. Nada.

Caminó unos cuántos pasos más hasta mi otro oído. Nadie escuchaba nuestra conversación, aunque todos se imaginaban de lo que hablaban por mi expresión y prestaban atención manteniendo silencio. Tenía ganas de golpearle. De golpearle tan fuerte que no se levantara del suelo. Y mis puños ya estaban preparados.

—Has estado detrás de él mientras se iba follando tías a tu espalda. Y créeme cariño, —hizo una pausa, mientras caminaba con su particular paso hasta posicionarse frente a mí—reconozco el papel que tengo en su vida, sé que no le importo y lo acepto. Me importa una mierda, siendo sinceras. Pero yo he tenido sexo con él más de las veces que tú podrás soñar con ello—hizo una pausa y me miró fijamente a los ojos—. Tú eres suya, él es de todas.

Esbozó una sonrisa burlona y lancé mi puño hasta su mejilla. Cayó al suelo del impacto y sentí un fuerte dolor en mis nudillos, pero no más de lo que a ella le dolía su pómulo operado. Y mientras estaba distraída pensando en lo que acababa de hacer, me dio una patada en las piernas y me desestabilicé hasta caer al suelo. Se puso encima de mí y llevó su puño hasta el lado derecho de mi cara, creyendo que tenía la pelea ganada, pero se equivocaba. Aproveché para cogerle de los pelos y estirar de ellos hacia mí, mientras rodé hasta ponerme sobre ella. Cogió mi cuello entre sus manos, intentando separarme de su melena rubia. Pero cuántos más apretaba mi garganta, intentando asfixiarme, más tiraba yo de sus queridas extensiones y de lo que no lo eran, haciéndola gritar más por segundos.

Oí mi nombre un par de veces, saliendo de bocas diferentes y con distintos niveles de histeria, entre todos los gritos, aplausos y silbidos que se escuchaban. Pero no podía girarme para ver de dónde procedía, ni siquiera tenía tiempo para pensar en quién me llamaba.

Dejé su pelo aparte y lancé de nuevo mi puño esta vez hacia su nariz. Abandonó mi cuello, no sin dejar el paso de sus uñas clavadas en mi piel y se llevó las manos hacia su tabique, que ahora sangraba. Intentó deshacerse de mí, empujando mis piernas hacia fuera, pero me aferré con mis muslos alrededor de su cintura de avispa con más fuerza de la que pensaba que tenía. Di gracias por haber bailado desde pequeña y tener fuerza en las piernas, aunque aquello se hubiera acabado hacía un año.

Aprovechó mi distracción para llevar su puño hasta mi cara. Éste último dolió más que el primero, pero no más que los que yo le tenía preparados.

—Éste es por mí.

Le propiné un puñetazo en la cara. Ella se estremeció un poco más, girando la cara hacia el lado contrario del golpe.

—Éste por Will.

Lancé mi puño de nuevo. Mi pecho subía y bajaba.

—Y éste por Justin.

Le di por última vez. No me dejaron elección. Y lo agradecí. No sabía si sería capaz de parar. Noté unos brazos por mi cintura separándome de ella.

Y vi a Justin.

Pero cogiendo a la perra a la que le acaba de arrancar las extensiones y arreglado la cara con un par de golpes. La rabia me invadió de nuevo, llevando consigo una nueva ola de fuerzas para matar a aquella Barbie de plástico.

—Cat, ya basta por hoy—me susurró Will al oído. —Salgamos de aquí.

Will me ayudó a levantarme.

—¿Estás bien? ¿Puedes andar? —preguntó él.

Yo asentí con la vista fija en Justin que no apartaba la mirada de mí mientras ayudaba a Lily a levantarse del suelo. Ella solo se preocupaba de las uñas que se había roto —tal vez alguna se había quedado en mi garganta—y por las extensiones que le había quitado personalmente.  No era consciente del estado de su nariz. La cuál tendría que volver a operarse para que volviera a ser la que era.

Will me rodeó la cintura, bajo la atenta mirada de Justin sobre mí. No sabía si me miraba por nuestra discusión una media hora antes. Si lo hacía porque estaba presente cuando le había pegado a Lily un puñetazo en su nombre. O porque ella tenía razón y a la hora de elegir, la prefería a ella a antes que a mí y se sentía culpable.

Desaparecimos de la cafetería, unos segundos después, convirtiéndonos en el centro de atención de los más curiosos. Sidney y Chaz se habían unido a nosotros. Y mi padre también lo hizo cuando cruzamos la puerta. Parecía alterado y caminaba firme hasta dónde habíamos salido nosotros, buscando a los dos alumnos que habían comenzado una pelea, sin saber que uno de ellos era yo, su hija.

—¿Catherine? —frunció el ceño y clavó su mirada en mi cuello—. ¿Qué ha pasado?

No parecía enfadado, solo preocupado y asustado. Desde el pequeño accidente, del que yo salí herida, me prometió tratar de ser mejor padre. Yo lo acepté, quitándole importancia. Sabía que nuestra relación nunca sería cómo debía ser. Había perdido a mi padre y mi padre había perdido a su hija.

—Estoy bien, papá.

Me aparté de su mano, retrocediendo unos pasos, antes de que inspeccionara los arañazos que tenía en la piel. Llevé mis dedos hasta ellos, impidiéndole verlos. Noté la sangre, pero él no la había visto y me ocupé de que no lo hiciera. Desvió la mirada hacia Will que me sujetaba por la cintura, justo a mi lado.

—Llévala a la enfermería y no te preocupes por las clases. Yo me ocupo de ello—asintió con la cabeza, ordenando las ideas y lo que debía hacer a continuación.
—Papá, estoy bien. Puedo curarme sola.

Pero me ignoró.

Aproveché la distracción de mi padre y aparté la mano de mi cuello. El escozor era casi insoportable, mordí el  labio inferior y bajé la mirada hasta mis dedos manchados de sangre color escarlata. Los limpié en la falda del uniforme e intenté disimular.

—Vosotros—dijo refiriéndose a Sidney y Chaz detrás de nosotros—prepararos para las clases, empiezan en menos de cinco minutos.
—Lo siento, señor director. Pero me voy a quedar con Catherine.

Sidney parecía segura de sí misma. Mi padre la miraba atentamente, pensándose la propuesta y de vez en cuando desviaba la mirada hasta mí. Tal vez buscando aprobación.

—¡Cathy!—gritó Abby.

Empujó la puerta de la cafetería y corrió hacia mí. Ryan la seguía, también preocupado, pero no tan nervioso como lo estaba ella, que me abrazó apartando a Will de mi lado y haciéndome retroceder unos pasos.

—¿Estás bien? —preguntó cogiéndome la cara entre sus manos.
—Sí, no te preocupes. —Intenté tranquilizarla.

Mi padre carraspeó detrás de Abby, llamando la atención de todos los que nos encontrábamos allí. Ella se giró hacia él con una ceja levantada, que bajó automáticamente cuando se dio cuenta de que era mi padre. El director del instituto.

—El timbre sonará dentro de poco, prepararos para las siguientes clases—ordenó con tono autoritario.
—Pero aún no ha sonado, por lo tanto en el tiempo que queda soy libre de decidir lo que hago, señor director—replicó Abby.
—Como usted misma ha dicho soy el director y…
—Papá…—le interrumpí.

Mantuvo los ojos fríos por un momento, pero mi mirada de inocencia y súplica consiguió convencerle.

—Está bien. Hasta que suene el timbre, ni un minuto más.

Y desapareció por la puerta de la cafetería.

Me acompañaron a la enfermería. Una vez allí, los echaron a todos fuera, el timbre había sonado.

—¿Quieres que me quede? —preguntó Will.
—No hace falta—le sonreí tumbándome en la camilla para que la enfermera pudiera curar mis heridas del cuello y magulladuras en la cara—. Estaré bien.

Asintió con la cabeza y se fue por la puerta. La enfermera comenzó su trabajo en los arañazos del cuello. Era morena de ojos oscuros y no tenía para nada el cuerpo de una modelo, pero conseguía que la bata blanca que llevaba se amoldara perfectamente a sus curvas, resaltando el bonito cuerpo que tenía.

—Entonces, ¿has ganado la pelea o la has perdido?
—Creo que he salido vencedora.
—¿Y quién ha perdido? 
—Lily Adams, ¿la conoce?—pregunté.
—Ojalá no lo hicera, pero parece que su voz de pito me persigue por los pasillos.
—Veo que me entiende—dije con una pequeña risita en mis labios.
—Lo hago, créeme. Así que supongo que buenas uñas, ¿no? —preguntó la enfermera observando las heridas.
—Postizas—contesté yo.
—Las peores—añadió con una sonrisa.
—¿Seguro que no ha quedado ningún resto? ¿Algo del esmalte fucsia intenso?
—Nada, cariño. Y si lo había ya no queda nada.

Separó al algodón de mi piel y lo tiró al cubo de basura a su derecha.

—Gracias—me levanté de la camilla, pero la enfermera me empujó hacia debajo de nuevo.
—¿Dónde crees que vas? —preguntó alejándose—. Tu labio no se puede quedar así. En seguida vuelvo.

Y se fue por la puerta.

Fruncí el ceño y me llevé la mano al labio. No me dolía, porque no era un golpe reciente, pero me volvía a sangrar el puñetazo que me dio mi padre en el labio. Lily debería haberme dado un simple arañazo, quitando el maquillaje y volviendo a hacerlo sangrar.

—Buena pelea, gatita—dijo remarcando la última palabra.
—¿Tú no estabas con tu folla-amiga?

Justin entró por la puerta y se acercó a mí con una sonrisa burlona en sus labios.

—Ya veo que no te ha sentado muy bien lo de ser amigos.
—Eso realmente me importa una mierda. Acabo de salir de una pelea y aún estoy enfadada, así que no me provoques, ni intentes que te dedique una sonrisa.

Se sentó al lado de mis piernas en la camilla, observándome fijamente mientras yo evitaba por encima de todo su mirada.

—Sé que incluso cuando te olvides de la pelea seguirás así conmigo.

Alcé la mirada hacia él.

—Pero,  ¿entiendes que es lo mejor que puedo hacer? —preguntó acercándose a mí y apoyando una de sus manos en mi rodilla.
—No, no lo entiendo. Pero da igual, porque ya empiezo a pensar que he perdido el tiempo contigo.
—Te lo he hecho pasar bien, no puedes negarlo.
—Pero por lo visto te diviertes más con otras—crucé los brazos en mi pecho.

Soltó una carcajada y sus ojos miel brillaron contra los míos.

—Estás celosa—afirmó.
—Y tu idiota si piensas que me afecta.
—Lo hace.
—¡No! ¡Ni lo más minimo! ¡Tírate a las tías que quieras!¡Lo has hecho desde que me conociste! —grité.
—Y si te da igual, ¿cuál es el problema?—. Entonces alzó el tono de voz—. ¿Qué no haya estado con otra tía en mi cama que no hayas sido tú? ¿Qué no me haya acostado con otra porque te imaginaba a ti? ¿O por qué esperaba al momento perfecto para hacerlo contigo?

El brillo usual en sus ojos desapareció por completo dando paso a la tristeza reflejada en su mirada. Y sabía que hablaba en serio, así que me callada, tragándome todas las palabras que iba decir, deseando poder olvidar las que ya había dicho.

Bajé la cabeza hacia mis manos y cómo siempre hacía en situaciones como aquella, comencé a jugar con mis dedos. Ya no notaba la mirada de Justin, ahora miraba hacia la ventana, pensando qué hacer, cómo reaccionar, qué decir.

Y sin esperármelo me cogió la cara entre una de sus manos y  me la alzó hasta su altura, observando la herida del labio.

—Te curaré esto—dijo caminando hacia la estantería de metal dónde habían todo tipo de medicamentos y un botiquín de primeros auxilios.
—La enfermera vendrá en cualquier momento a hacerlo.
—Está ocupada, tardará un poco en venir.
—¿Qué quieres decir? —no contestó y comencé a ponerme nerviosa—. ¿Qué le has hecho a la enfermera?
—Creía que confiabas un poco más en mí. Está ocupada curando a la gatita peor parada.
—Pensaba que de eso ya te ocupabas tú—dije con tono de reproche.

Me fulminó con la mirada y comenzó a curarme la herida del labio, pero le aparté la mano. Suspiré.

—Me estoy portando fatal contigo y tú aún así vienes a curarme y cuidarme. No lo hagas.
—Que intente ignorar las ganas de besarte solo aumenta la necesidad que tengo de cuidarte y protegerte.
—Y si tienes tantas ganas de besarme, ¿por qué no lo haces?
—Porque no estaría bien—contestó volviendo a poner el algodón en mi labios, mientras yo sólo podía pensar en todos los besos y caricias que habíamos compartido.
—¿Desde cuando sigues las reglas?
—Las intento seguir desde que tú entraste en mi vida.
—Pero nunca lo has conseguido, ¿por qué intentarlo ahora?
—Porque si no lo hago ahora, no sé si seré capaz de hacerlo más tarde.
—¿Esa es tu manera de alejarte de las personas?

Tiró el algodón que había pasado a ser rojo en la basura a los pies de la camilla y se volvió hacia mí. Fijó sus ojos, que se habían vuelto oscuros, en los míos y mantuvo la distancia entre nosotros.

—Cuando quiero alejar a alguien de mí, desaparezco sin dejar huella.
—Entonces si de verdad quieres dejar lo que fuera que teníamos a un lado, recurre a eso. Porque tu nueva manera de alejarte de alguien, no funcionará conmigo.
—¿De verdad quieres que desaparezca?—preguntó serio—. Pídemelo y lo haré.
—No sería capaz de hacerlo porque no quiero que lo hagas—susurré—. Ese es el punto pero parece que no lo entiendes.
—Lo entiendo, créeme que lo hago. ¿Pero tú me entiendes?
—¿Eso de que estoy en peligro por estar contigo? ¿Que no me convienes? ¿Que me merezco algo mejor que tú? Me lo has repetido miles de veces y entiendo que lo digas, pero no tomes la decisión de alejarte por mí. No lo hagas, porque me da igual todo el peligro y lo que venga detrás de nosotros. Me da igual el mundo entero mientras tú estés a mi lado. 

Se levantó de la camilla y soltó un largo suspiro que demostraba lo cansado que estaba de discutir por el mismo tema y una y otra vez, casi tanto como yo. Pero no me iba a rendir. 

—Dios, Catherine—sólo me llamaba por mi nombre de nacimiento cuando le irritaba algo—.¿Quieres ser razonable por una vez? Ya hemos tenido esta conversacion muchas veces, pero no aprendes. Sabes lo que soy, las consecuencias que lleva estar a mi lado y no abres los ojos. ¡Hazlo de una vez, por favor!
—¡Abre tu los ojos y date cuenta de que no me importa lo que has hecho en el pasado! ¡No me importa que hagas lo que haces, porque sé que nunca me harías daño!—grité—. No a mí—susurré
—No, no lo haría conscientemente, pero pueden meterme en la cárcel en cualquier momento o incluso utilizarte para llegar hasta mí. ¿Crees que hace falta pasar por eso?
—Si es el precio que tengo que pagar para estar contigo, pasaré por eso.
—Pero yo no estoy dispuesto a que sufras por mí. Ya me arrepiento de haberte metido en aquel coche con Peter detrás de nosotros o de que tuvieras que ver cómo mataba a un tío que ni siquiera conocía. No quiero que pases por eso de nuevo.

Me levanté y me puse de pie en el suelo, ignorando el dolor que sentía por todo el cuerpo. Me acerqué a él y puse mi mano en su pecho.

—Esa decisión la tomo yo. Y te lo voy a repetir porque parece que no te ha quedado clarohice una pausa y me aseguré de que me mirara a los ojos—. Me da igual el mundo mientras tú estés a mi lado, Justin. 

Suspiró y cogió la mano que tenía en su pecho con la suya, entrelazando nuestros dedos.


—Nunca te rindes, ¿eh?—dijo él con una alegría en sus ojos que me hizo sonreír.

—Siempre consigo lo que quierose acercó más a mí y entrelazó la otra mano.
—Ah, ¿si?—yo asentí mientras él clavaba su mirada en mis labios y yo en los suyos, deseando que lo hicera, que me besara. ¿Y por qué no me has besado ya?
—¿Por qué no lo has hecho tú?
—Porque yo me salto las reglas y besarte ahora mismo estaría demasiado bien—dijo con una sonrisa en esos labios que devoraría en breves momentos
—Está demasiado mal teniendo en cuenta que hace nada me has pedido que fuéramos amigos. ¿Te sirve eso para hacerlo ya?—dije casi rozando sus labios.
—Me serviría cualquier excusa en estos momentos para hacerlo.

Me atrajo hacia sí y se movió para sostenerme con una mano por la cintura mientras me pasaba el otro por la nuca. Nuestras bocas se unieron ansiosas por el contacto. Apretó sus labios contra los míos con fuerza mientras mi lengua se adentró en su boca explorándole. Saboreándole. Atrayéndole. Disfrutándole.



RT AQUÍ SI HAS LEÍDO ESTA MARATÓN, POR FAVOR. ¡MUCHAS GRACIAS!

¡Hoooola! Tres semanas después estoy de nuevo aquí con nuevos capítulos y muchas nuevas ideas. Espero que no se os haya hecho demasido larga la espera y que no abandonéis la novela. Ojalá que os haya gustado esta pequeña maratón que he escrito como recompensa por las tres semanas sin capítulos. 

Y bueno, cómo sabéis no me puedo ir sin daros las gracias. Ya son casi 45 mil visitas en el blog y casi 500 por capítulo. Y aunque muchas no deis señales de vida ni por aquí, ni por Twitter, gracias por leer la novela. Y a las que siempre estáis ahí y comentáis incluso cuando no os lo pido, realmente gracias, porque sois las que me inspiráis para hacer esto. 

PD: Avisadme si queréis que os avise para el siguiente capítulo o si sois nuevas lectoras. 

¡Muchisisisisisisisimas gracias!
 Nos leemos en el próximo capítulo, ¡un besazo! <3

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