martes, 9 de julio de 2013

Arriésgate conmigo: {28}.

Picaron a la puerta. Tres golpes secos y seguidos. Abrí los ojos y suspiré volviendo al mundo real. En él, no existíamos sólo Justin y yo. Ya se habían acabado los besos, las caricias y las miradas. Y volvía a la cruda realidad.

—¿Catherine, estás ahí?


La voz de Joseph me llamaba detrás de la puerta. Había olvidado completamente que traería el desayuno. 


—Sí, Joseph. Enseguida voy.


Jusin seguía besándome. En los labios, en las mejillas, en la frente, en la nariz. Yo quería resistirme, pero me era imposible. Me tenía cogida por la cintura y controlaba cada uno de mis movimientos. 


—Justin tengo que ir—susurré intentando reprimir una sonrisa.


Le di un último beso en los labios, me levanté de la cama y recogí mi camiseta del suelo. Abrí la puerta después de vestirme y enseñé mi mejor sonrisa. Joseph llevaba una bandeja con mi desayuno. Tortitas con miel y zumo de naranja. 


Joseph tenía la intención de entrar en mi habitación y dejar la bandeja en la cómoda, tal y cómo siempre hacía. Pero esta vez, la cogí antes de que pudiera dar un paso hacia delante.


—Gracias Joseph.


Levantó una ceja y asintió con la cabeza en un movimiento lento sin acabar de entender lo que pasaba. Cerré la puerta y me giré. Justin me miraba con atención sentado en la cama.


—¿Tienes hambre?—dije mirándole con una leve sonrisa—. Aquí hay para los dos. 


Me senté a su lado y dejé la bandeja en la mesilla de noche.


—Nena...


Su mirada se llenó de compasión y dejó escapar un largo suspiro sin apartar la vista de mí. 


—No me mires así, Justin.

—¿Y cómo quieres que te mire?—dijo casi enfadado.
—Cómo lo hacías hasta esta mañana.
—¿Es que no lo entiendes?—alzó el tono de voz—. Sé que aunque sonríes, no lo sientes. Y aunque intentes demostrar que estás bien, no lo estás. 
—Justin, —le cogí las manos—te prometo que estoy bien. Todo lo bien que puedo estar después de todo lo que ha pasado.

Se inclinó hacia mí y apretó sus labios contra los míos en un suave y delicado beso. Se separó, sin apartar la vista de mis labios, al igual que yo de los suyos. Entonces fui yo quién se acercó a él buscándolos. Me puse de rodillas en el colchón y él se giró hacia mí, cogiéndome las caderas con sus manos. Los besos se volvieron más intensos y largos. Él comenzó a entrar en mi boca con su lengua, accediendo hasta la mía, hasta que empezaron a moverse al compás, siguiendo el mismo ritmo. 


—Nena, —se separó de mis labios y me besó la frenteodio tener que hacer esto, pero me tengo que ir. 

—¿Cómo?—me senté en la cama y fruncí el ceño. Me había cortado el rollo completamente.
—Tengo que hacer algo muy importante. 

Me dio un último beso y me dedicó una sonrisa antes de levantarse de la cama, mientras yo soltaba un largo suspiro. Se acercó a la ventana, no quería dejarlo ir. Así que cogí un cojín de la cama y se lo tiré. Se dio la vuelta hacia mí, con una divertida mueca en su cara y negó esbozando su particular sonrisa. Le miré mientras intentaba no sonreír mordiéndome el labio inferior. El deseo por el otro se notaba en nuestras miradas, en nuestros ojos. Y era inevitable hacer como si no existiera. 


Se abalanzó sobre mí y a la décima de segundo siguiente, ya se encontraba en mis labios. No hacía ni un minuto que no los probaba, pero ya sentía el ansia de sentirlos de nuevo. Caí sobre el colchón y cuando rozó mi cuello con sus labios, se me desbocó el corazón. Los apretó contra mi piel en un dulce y tierno beso, para dar paso a pequeños mordicos que se volvieron más intensos. Arqueé mi cuerpo contra el suyo, mientras recorría con sus manos mi espalda, levantando la camisa. Siguió con los besos por mi mandíbula, avanzando hasta la comisura de mis labios, resistiéndose a besarme en la boca.



—No seas malo.

Le cogí la cara con ambas manos y lo llevé hasta mis labios. Su lengua se abrió camino hacia la mía y nuestras respiraciones se volvieron más rápidas y entrecortadas. Se separó de mí, me miró a los ojos por un instante y volvió a besarme, en un lento, pero intenso beso. Esta vez, me mordió el labio inferior antes de alejarse de mí, dejándolo caer lentamente. Me estremecí.


—Lo siento, no me acordaba de...—dijo mirando la herida de mi labio.

—No pasa nada, estoy bien—le besé para tranquilizarlo.
—Entonces, ¿te ha gustado más esta despedida, nena?
—No ha estado mal—dije con una sonrisa divertida—, aunque me has dejado a medias.

Se levantó de la cama y alargó la mano para ayudarme a levantarme. Se la cogí y estiró de mí hacia él, presionando mis labios con los suyos de nuevo.


—Tranquila. Te daré lo que te debo.


Me guiñó el ojo, sonrió sin apartar la vista de mis labios y caminó hasta la ventana. Yo le seguí, mientras la abría y volvía a besarme.


—Te llamaré luego.


Asentí con la cabeza y le besé los labios por última vez. Le observé bajar por el árbol frente a mi ventana. Nunca perdía su estilo, se me hacía irresistible hasta descendiendo por unas ramas. ¿Qué me pasaba? ¿Me estaría volviendo loca?


Negando con la cabeza, volví a la cama y comencé a desayunar. Me comí las tortitas con miel y me bebí el zumo de naranja en menos de diez minutos. No sabía en qué momento me había entrado tanta hambre, el caso era que me había quedado con ganas de más.


Decidí darme una ducha rápida, así que entré en el baño, me desvestí y me puse bajo el chorro de agua caliene que caía. Normalmente utilizaba la hora del baño para pensar sobre todo lo que tenía en mente, pero esta vez, no quería hacerlo, porque sabía que me vendría abajo. Y era lo último que quería. Al salir, me vestí con la primera camiseta y el primer pantalón que encontré, y recogí todo un poco. Cogí la bandeja para llevarla a la cocina, pero cuando me iba a acercar a la puerta, picaron. Extrañada, giré el pomo de la puerta y la abrí, con la bandeja en la otra mano.


—Catherine, tienes visita. 

—¿Quién?—me cogió la bandeja.
—Will está abajo, parece preocupado—asintió con la cabeza y desapareció por el pasillo.

Respiré un par de veces y bajé enfadada. Con todo lo que había pasado desde ayer por la noche, me había olvidado completamente de él  y también de lo que me había dicho Justin. 


Cuando llegué al salón, se encontraba mirando el jardín por la ventana, pero en cuanto escuchó mis pasos por la escalera, se giró hacía mí. Parecía preocupado, pero a la vez aliviado de verme. 


—¿Estás bien? Ayer te fuistes de la fiesta sin decirme nada y...

—¿Y te arruiné el plan de llevarme a la cama después de emborracharme?—crucé los brazos en mi pecho y dije las palabras tal y como de veneno se tratara.
—¿Qué te ha pasado en el labio? Espera... ¿de qué hablas Cat?
—No te hagas el imbécil y sal de mi casa—caminé hasta la puerta, él se quedó inmóvil en su sitio, al pie de las escaleras—. Justin me lo ha contado todo.
—Puedo explicártelo, por favor—suplicó.
—No, no tienes nada que explicarme, vete Will, por favor.

Abrí la puerta y él se acercó a ella, pero sin quitar la vista de mí. Me cogió las manos y fijó sus ojos en los míos.


—Admito que al principio pensaba así—me solté de su agarre—pero ahora todo ha cambiado. Fui un completo inútil al pensar que serías una chica más. Y ahora sé que no lo eres, porque me he dado cuenta de que te quiero.


No podía mirarle a la cara, pero cuando dijo las dos últimas palabras, mis oídos me ordenaron girar la cabeza. 


—¿Qué?—pregunté confusa, sorprendida y claramente perdida.

—Que te quiero. Te quiero Catherine. 

Sujetó mis dedos con ambas manos de nuevo y dejé que lo hiciera, simplemente porque no tenía respuesta. No estaba en ese mundo concretamente en aquel momento. Las palabras se repetían una y otra vez atormentando en mis pensamientos, invadiendo mi cabeza y no era capaz de reaccionar. 


—Ahora mismo no estás en posición de decir eso—dije en un susurro, casi sin ser capaz de mirarle a los ojos.

—Lo sé—me apretó las manos—, pero sé que si no te lo digo ahora, tal vez te pierda y eso es lo único que no puedo permitirme. 
—Will, ahora mismo no puedo...
—Sé que estás enamorada de Justin—me cortó.

Y no pude evitar llevar mis ojos hasta los suyos, ni que mi corazón palpitara a un ritmo más rápido de lo normal, o que sintiera ese cosquilleo en la barriga, ni siquiera la pequeña sonrisa que se dibujó en mis labios por menos de un segundo al escuchar su nombre. 


—Pero quiero que te des cuenta de que no te conviene—continuó. Te mereces algo mejor.


 Me separé de él, molesta.


—Pero tú tampoco eres el indicado. 
—Quédate conmigo. Déjame demostrarte que te equivocas. ¿Cuántas veces te ha hecho él daño y se lo has perdonado casi sin pestañear? ¿Cuántas veces te he fallado yo?—suspiró y miró al suelo—. ¿Por qué te gusta alguien así?—volvió la mirada hacia mí, podía ver el dolor en sus ojos. Te hace sufrir, llorar y no te quiere como lo hago yo. 
—Yo...

Me callé. No tenía intención de hablar, porque no encontraba las palabras exactas y tampoco sabía cómo expresar mis sentimientos. Ni siquiera yo misma era capaz de entenderlos, ¿cómo iba a explicárselo a los demás? 


—Sólo quiero que me digas que sientes lo mismo. Y sé que ahora estarás cabreada, pero te doy tiempo. Y te pido un poco más para que me dejes demostrarte que mis sentimientos han cambiado completamente desde el día que te conocí. Y que lo que algún día le dije a Justin, ahora no tiene ningún sentido y se ha quedado en un mal recuerdo.

—Ahora mismo no puedo pensar con claridad. No, no sé que decirte—tartamudeé—o que hacer. 
—No necesito una respuesta ahora—me sonrió.—Esperaré lo que haga falta.

Y salió de mi casa.


Me apoyé en la puerta, cerré los ojos y dejé escapar un largo suspiro mientras me deslizaba hasta sentarme en el suelo. 


—¿Te referías a Will con el chico malo? No lo parece—dijo mi madre mirándome desde las escaleras.

—Él no es el chico malo, es todo lo contrario.
—Entonces, ¿hay otro chico?—bajó más escalones.
—Hay dos. Son completamente diferentes, se odian entre sí y a mí me gustan ambos. ¿Es eso posible?—se acercó y se agachó hasta estar a mi altura.
—Catherine, todo en esta vida es posible—me cogió la mano—. Y más si se trata del amor. 


*****

La rabia hervía por mis venas. Estaba seguro de que James se encontraba detrás de todo esto. De las notas al padre de Catherine, de las amenazas hacia ella y a parte de la mierda de vida que yo llevaba. Así que me dirigía con mi moto, a toda hostia por la carretera, hasta dónde sabía que lo iba a encontrar.


Amaba la sensación de ser libre, de sentir el viento en mi cara, pero me faltaba Catherine. Acelerar la velocidad para que se agarrara más fuerte a mi cintura, hasta sentir el latido de su corazón en mi espalda junto con su respiración. Todo era mejor si ella me acompañaba en el proceso y me jodía reconocerlo, pero estaba loco, loco por ella.


Y entonces lo vi delante de mí. Aquel edificio de ladrillos, derruido por fuera, vivo por dentro. Aun sentía los escalofríos de la primera vez que entré allí. Al recordar todo lo que había hecho dentro de aquellas cuatro paredes, me entraban ganas de salir corriendo en la dirección contraria. Aún así, nunca lo había hecho. Y menos aquella vez. James tenía que pagar por Catherine y no saldría de aquel maldito edificio hasta conseguirlo.


Dejé la moto aparcada entre unos arbustos y entré por una puerta de metal, situada en la parte trasera. Me dirigí directamente al mostrador de recepción, dónde estaba Megan, la rubia explosiva del edificio que era la secretaria del jefe, James. 


—Buenos días, preciosa—dije sonriéndole. 

—Hola, Justin.

Me dedicó esa mirada con la que se aseguraba de que cualquier tío cayera a sus pies. Y lo consiguió conmigo, pero después le hice gritar mi nombre en la cama. Toda una diosa del sexo, debía admitirlo.


—¿Dónde está James?


Miró el ordenador que tenía frente a ella y devolvió su mirada hacia mí.


—Justin, no tienes niguna cita con él.

—Megan—esbocé una sonrisa de medio lado—me vas a decir dónde está, sino recorreré el edificio hasta encontrarle y contarle lo del dinero extra que te llevas cuando no vigila bien su despacho.

Le mostré una sonrisa burlona y después de maldecirme con la mirada y tomarse su tiempo para pensar, accedió.


—Ahora mismo tiene algo importante entre manos, con suerte te lo encontrarás por los pasillos si bajas a la segunda planta. 

—Tan atenta como siempre, Megan.  

Di dos golpecitos en el mostrador y me di la vuelta hacia el ascensor. Bajé hasta la segunda planta y comencé a caminar por los pasillos. No sabía que iba a decirle si me lo encontraba, tampoco qué pensaba conseguir, pero necesitaba saber qué se traía entre manos. Necesitaba salvar a Catherine. 


Tras recorrer los mismos pasillos tres o cuatro veces, me di por vencido. Le propiné una patada a la pared de cemento de la que yo salí más herido, pero de la que apenas sentí el dolor. Estaba demasiado centrado en ese maldito hijo puta como para preguntarme si tendría sangre en el pie.


De repente escuché cómo una puerta se cerraba y las esperanzas de que fuera James aumentaron. Escuché los pasos cada vez más cerca de mí, entonces dobló la esquina del pasillo y ahí estaba. 


—Vaya, Justin—apareció una sonrisa en sus labios. No te esperaba hoy.

—No te acostumbres a estas visitas inesperadas.
—¿Y a qué se debe tu visita? ¿Vamos a mi despacho?
—¿Qué coño quieres de Catherine y su familia?
—Oh, vaya—asintió con la cabeza para el mismo y desvió la mirada hacia la nada—. Parece que has visto mis notas y cartas. ¿No te han gustado?
—Déjate de bromas y dime qué te traes entre manos. 
—La pequeña Catherine es encantadora, ¿verdad? Qué pena que no vaya a acabar bien por culpa de su querido padre. Una pena.

Comenzó a caminar, dándome la espalda y pasando por mi lado hacia el ascensor. Me acerqué a él y le cogí por el cuello, empujándole hacia la pared. Automáticamente apareció una sonrisa en sus labios.


—El plan era enamorarla a ella si no recuerdo mal, ¿verdad?—su voz se apagaba por la falta de aire—. Pero has acabado enamorándote de esa pequeña e inocente zorra.

—Hijo de puta—lancé mi puño contra su nariz—. No tocarás a Catherine.

Apreté con más fuerza su cuello, él no hacía nada para que le soltara, no se resistía, sólo sonreía con más intensidad mientras su cara empezaba a coger un color morado por la falta de aire y comenzaba a sangrar por la nariz.


—¿Y quién te dice que no he mandado a alguno de mis hombres a por ella y en estos momentos está muerta?

—Atrévete a tocarle un maldito pelo y eres hombre muerto.

De repente me sujetaron por detrás y me empujaron contra el suelo. Mi cabeza chocó fuertemente contra el duro cemento. Mi vista se volvió borrosa y un horroroso dolor bombeaba en mi cabeza. 


—Estás renunciando a tu libertad por el amor. Mala elección. Mala elección—se inclinó hacia mí. Justo detrás de él habían dos de sus guardaespaldas—. Creía que te había enseñado mejor.

—Tú no me has enseñado nada bueno—dije como pude—. Nunca—escupí.

James chasqueó los dedos en mi dirección y uno de los hombre de casi dos metros asintió con la cabeza. Su pierna voló hacia mi costado, hundiéndose en mis costillas. Escuché un crujido, tal vez ese hijo de puta me había roto alguna de ellas. El dolor era insoportable.


—Y yo que te iba a ofrecer un trato...—le miré a los ojos, dispuesto a escucharle. Se agachó a mi altura—. Seguirás trabajando para mí y no tocaré a tu chica. 


Me faltaba el aire y cada vez que respiraba, me acordaba del hijo de puta que me había pegado la patada y de lo que le haría cuando me recuperara. 


—El amor es el arma más destructiva que existe. El amor nos destruye a todos y tú no serás la excepción.


RT AQUÍ SI HAS LEÍDO EL CAPÍTULO

¡LO SIENTOOOOOO! He tardado más de una semana en subir, pero he tenido problemas con el brazo derecho y no podía escribir. La buena noticia es que, si todo sale bien, me operan el jueves, la mala, que no sé durante cuánto tiempo no podré escribir y por tanto subir capítulo. Así que os pido paciencia. 

Y bueno, como después de cada capítulo, decidme que os ha parecido, aunque este no ha sido demasiado bueno. Y si queréis que os avise para el siguiente, decídmelo.

Gracias por leer la novela, por recomendarla, por los comentarios, por absolutamente todo. Muchísimas gracias. 
Os quiero mucho
Un beso. <3

3 comentarios:

  1. Oh dios me matas de verdad, este capítulo ha sido jbdlakwñdjsdh sube pronto.
    Mi novela es moradadejustiinbieber.blogspot.com Pásate cuando puedas
    Muchos besos!

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    1. Muchas gracias, cariño. Me pasaré cuando pueda. ¡Un beso!

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    2. me quivoque, lo siento mucho, es: http://enamoradadejustiinbieber.blogspot.com.es/ahora si. Lo siento otra vez, cielo!

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