domingo, 17 de febrero de 2013

Arriésgate conmigo: {11}.

El café caliente ya no quemaba mi mano. Tomé los últimos dos tragos que quedaban y tiré el envase en una de las papeleras del pasillo del instituto.

—¿Una mala noche?

—Algo así. 

Ryan estaba detrás de mí. Su mochila colgaba de un hombro y tenía la misma sonrisa de siempre en sus labios. 


—¿Estás bien?—Su voz se tiñó de preocupación. 

—Sí...—fruncí mi ceño—. ¿A qué viene esa pregunta?
—Nada, nada—negó con la cabeza—. Era una pregunta como otra cualquiera—fingió una sonrisa.
—Ryan... 

Sabía que no estaba diciendo la verdad porque cuando miente se le nota en los ojos, en su tono nervioso al hablar y en esa sonrisa con la que intenta fingir que todo va bien.


—Te vi irte con Justin ayer
—soltó
—No me hizo nada—hice una pausa—. Estoy bien. Simplemente se ofreció a llevarme a casa porque mi padre no podía. 

Recordé los besos de Peter en mi cuello. La pistola apuntando en mi cabeza. Su brazo asfixiándome. El miedo corriendo por mis venas y las lágrimas saliendo de mis ojos. Justin derrochando rabia y odio. Un escalofrío recorrió todo mi cuerpo.


—Sólo quería asegurarme de que estabas bien.


Comenzamos a caminar por los pasillos, esquivando a los alumnos que se encontraban allí.


Se supone que tú eres su amigo. No deberías desconfiar tanto de él.

—Lo sé, Cat. Pero tal vez tú tampoco deberías confiar tanto en alguien que no conoces. 
—¿A qué te refieres? 
—Él es mi amigo. Sí. Pero eso no quiere decir que esté de acuerdo con su forma de tratar a las tías. Cat, eres mi amiga, no quiero que te haga daño.

Se notaba la seriedad en su voz. Y una vez más, la curiosidad por saber como era Justin realmente me mataba. Sabía que tenía una vida algo oscura, por llamarla de alguna manera, y que trataba a las mujeres como juguetes de usar y tirar. Pero tendría que haber algún porqué. Siempre hay.


—No voy a salir con él, ni nada por el estilo, si es a lo que te refieres—negué con la cabeza y alcé la mirada, que tenía en el suelo, hasta sus ojos.

—No estoy diciendo que no lo hagas. Sal con él si quieres. Pero asegúrate de que no está jugando contigo. 
—Hay algo que no entiendo. ¿Tú eres de los suyos?
—¿Te refieres a...?—dijo él sin terminar de preguntar. Los dos sabíamos perfectamente de lo que hablábamos—. No. Ése estilo de vida sólo lo lleva él. 
—Es extraño que estéis tan unidos, pero a la vez tengáis vidas tan diferentes.
—Entonces... ¿Te ha contado lo que hace? —Yo lo miré sin comprender—. Ya sabes... de qué va todo.
—Oh, —exclamé yo.—No exactamente...
—Da igual—dijo Ryan sin darle importancia al tema—. Sólo quiero que te asegures de que no juega contigo. 
—Lo tendré en cuenta—curvé mis labios en una sonrisa—. Gracias por el consejo. 

Ryan mostró una pequeña risa y me abrazó.


—De nada, Cat.


El timbre sonó dando paso a la siguiente clase. Me separé de Ryan y Will apareció detrás de nosotros.


—Hola—nos saludó—. Creo que nos toca en la misma clase, ¿vamos?—dijo refiriéndose a mí.

—Claro—dibujé una pequeña sonrisa en mis labios y me acerqué a Will—. Adiós, Ryan. Nos vemos luego. 

Él levantó su mano en modo de despedida y se fue por el lado contrario del pasillo. Yo me quedé con Will, caminando a su lado hacia la clase de Matemáticas. Me miraba con una sonrisa radiante.


—¿Qué?—pregunté contagiada por su sonrisa. 

—Nada—apareció una risa en sus labios que me contagió una vez más.
—¿Y a qué viene tanta felicidad?
—Nada, nada—repitió.
—Está bien...—dije yo confusa.

Llegamos a la clase de Matemáticas y el Sr. Fletcher nos recibió con la misma amabilidad de siempre. 


—Buenos días, Srta. Blair—me saludó con una sonrisa—. Sr. Jones—se dirigió a Will, el que le respondió con una sonrisa.

—Buenos días, Sr. Fletcher— intenté mostrarle la misma sonrisa con la que él me recibió, pero me fue casi imposible. Desde el momento en el que me dijo que su nombre era Sam, no podía mirarle con los mismos ojos, tampoco podía evitar sentirme inquieta en su presencia. Y eso lo notó Will.

—Ey, ¿estás bien?—preguntó detrás de mí, alcanzándome entre las mesas donde se sentaban los alumnos. 

—Sí, todo bien—junté mis labios en una pequeña línea y los curvé ligeramente.
—¿Seguro? No tienes muy buen aspecto.
—Vaya, gracias—intenté parecer ofendida.
—Oh, vamos. Sabes que no me refiero a eso—sonrió—. Estás igual de preciosa que siempre—me sonrojé, él también lo hizo—. ¿Seguro que todo va bien?
—Sí—asentí con firmeza, juntando mis labios en una fina línea curva.
—Cualquier cosa me avisas—se acercó a mí y depositó un pequeño beso en mi mejilla. 

Me mostró su sonrisa una vez más y se sentó en su sitio, justo al lado de mí. Yo agaché mi cabeza hacia los libros, ya encima de mi mesa, formando una pequeña cortina con mi pelo que cubría mi rostro. Me sentía absurdamente tonta. 



*****

La última clase del día, Historia, ya había acabado. Salí del aula con Abby, la que me había acompañado durante la aburrida clase y la que me había distraído, tirándome absurdas bolas de papel sin ningún mensaje interesante en su interior.

—No aguantaba ahí dentro ni un minuto más—Abby se quejó, bufando y acabando de guardar los libros en su bolso.
—Te doy la razón. De no ser porque me tirabas bolas de papel cada cinco minutos, me habría dormido.

Abby mostró una pequeña sonrisa por mi comentario.

—De nada. Para eso están las amigas, para tirar bolas de papel en clases de Historia.

Esta vez, fui yo la que mostró una sonrisa.

—Por cierto—cambié de tema. —¿Sabes algo de Justin? No lo he visto por aquí hoy.

El rostro de Abby cambió por completo. Se le tensó todo el cuerpo y apretó sus labios en una fina línea, desviando su mirada hacia el final del pasillo.

—No debería importarte. Ni siquiera deberías interesarte por él, es un cabrón—escupió con un tono enfadado.
—Abby, —volvió a prestarme atención—¿Por qué hablas así de Justin? ¿Qué es lo que te ha hecho?

Me cogió del brazo y me arrastró por el pasillo hasta el baño de chicas. Me soltó y se aseguró de que estábamos solas, abriendo cada una de las puertas.

—Justin es peor de lo que parece, Cat.
—Sé como es—afirmé—. Ayer pude comprobarlo.
—¿Ayer? Cat, ¿qué pasó ayer?

Dudé durante un momento. Tenía la sensación de que su relación con Justin no era muy buena por lo que contarle el incidente pasado, haría que lo odiara aun más.

—Cat, ya estás hablando por esa boquita tan bonita que tienes—apoyó su brazo en su cadera, adoptando una posición vacilante.
—Justin me acompañó a casa, pero en el camino nos encontramos con un tipo que empezó a perseguirnos con el coche. Iba armado—callé por un momento. Había dicho eso en dos segundos y la cara de Abby transmitía absoluta preocupación.
—¿Os hizo algo?
—Disparó a Justin. 
—¿Qué?—gritó más de lo que debía.
—Él está bien. Al menos eso creo. Cuando lo dejé en su casa, estaba bien—empecé a jugar con mis manos, entrelazando mis dedos. Siempre lo hacía cuando me ponía nerviosa—. ¿Crees que estará bien?—pregunté preocupada.
—Sabe arreglárselas sólo, Cat.  

Yo asentí, intentando tranquilizarme.

—Bueno, te toca a ti. ¿Qué es lo que te ha pasado con él para que hables así? ¿Qué te ha hecho?
—Está bien. Es una historia larga...—dijo como excusa.
—Cuéntamelo, Abby.
—Vale, te lo contaré, pero que no salga de aquí—accedió Abby, después de soltar un largo suspiro—. Lo conozco desde que comencé a caminar, prácticamente, igual que a Ryan. Siempre ha sido uno de mis mejores amigos. Era un chico amable, gracioso, dispuesto a ayudarte en lo que fuera. Siempre estaba ahí para todo—la añoranza teñía la voz y la mirada de Abby—. Hasta que cambió—su tono se volvió triste, sonó decepcionada y suspiró—. Lo dejó todo. Su familia, sus amigos, el instituto.... y se metió en ese mundo del que ahora no puede salir. Comenzó faltando a clases algunas horas al día, cada vez más a menudo. Acabó yendo a la cárcel cortos períodos de tiempo por robos. Al principio no parecía nada importante. Hasta que lo implicaron en asesinatos.

Mi rostro cambió completamente. Un escalofrío recorrió todo mi cuerpo y mi postura se volvió rígida. 

—¿Matar?—Mi voz temblaba. 
—Sí—Abby sonó apagada—. Nunca han reunido las pruebas suficientes para encerrarlo por asesinato,—continuó— pero es culpable. De todos y cada uno de los que ha estado acusado. Y no sé como ha tenido tanta suerte de librarse de toda la mierda que arrastra a su espalda. 
—¿Y porqué lo hace? Quiero decir, ¿por qué se ha metido en todo esto? 
—No lo sé, Cat. Sólo te puedo decir que Ryan sí lo sabe, puedes preguntare a él. A mí Justin nunca me dijo nada. 
—Por eso estás enfadada con él. 
—¿Qué dices?—Abby enarcó sus cejas.
—Te molestó que te dejara apartada y que no te contara lo mismo que le contó a Ryan porque tú siempre lo has considerado tu mejor amigo.
—Oh, vamos. Catherine Blair, por favor, no seas absurda. 
—No estoy siendo absurda—me defendí—. Te enfadas porque te molesta que te digan la verdad.
—¿Sabes qué? Vamos a dejarlo aquí. No quiero seguir hablando de personas que ya no tienen ningún sentido en mi vida—se acercó a la puerta, pero no se fue sin añadir unas últimas palabras—. No es bueno para mí y tampoco es bueno para ti. Deberías alejarte de él si no quieres salir lastimada. Como hice yo. 

Abrió la puerta y se deslizó por ella furiosa. Yo suspiré. Le dolía más de lo que ella creía que Justin la hubiera apartado, pero no quería reconocerlo. 


Salí por la puerta del baño hasta llegar a la entrada. Allí me encontré con Justin, que estaba fumándose un cigarro apoyado en la verja de hierro que rodeaba el instituto. Me acerqué hasta él observando su rostro serio y frío. Tal vez era porque ya no podía mirarle con los mismos ojos, pero lo veía diferente.


—¿Cómo va tu herida?

—Bien—respondió monótonamente. 

Dejé escapar un largo suspiro y el ambiente se volvió tenso. Una incómoda atmósfera silenciosa nos rodeó, apoderándose de nosotros. 


—¿Dónde has estado esta mañana?

—¿A ti qué coño te importa?

Pasó por mi lado rozándome el hombro y haciéndome retroceder unos pasos. Yo parpadeé varias veces y abrí mi boca en signo de sorpresa.


—¿Y a ti qué coño te pasa ahora?

—¡Tú! —exclamó alzando su mano señalándome.
—¿Yo?—enarqué mis cejas y solté una risa ahogada.
—Sí. Tú—volvió a repetir.—Eres una pesada, joder.
—¿Perdona? Fuiste tú el que intentaba cosas conmigo ayer y el que insistía en que me quedara un rato más en tu casa.
—Mira, te lo voy a decir claro y no te lo voy a repetir—se acercó a mí amenazador—. No tengo ganas ni el humor suficiente para aguantar a zorras como tú.

Mis ojos comenzaron a nublarse y noté la furia por mi interior. Negué con mi cabeza, mientras mordía mi labio para intentar relajarme. 


—Eres un cabrón—una sonrisa apareció en sus labios—. ¿A qué coño estás jugando?

—A nada. Contigo prefiero no jugar.
—Oh, no me vengas con esas, Justin. Sabes muy bien a lo que me refiero. Primero me insultas, después me perdonas, me llevas a tu casa e intentas besarme. Después, me vuelves a insultar, pero la próxima vez que vengas a pedirme perdón, —hice una pausa, acercándome más a él— te mandaré a la mierda. 

Me di la vuelta para marcharme, pero Justin me cogió de la muñeca y me giró bruscamente hacia él. Hice una mueca de dolor y llevé mi mano a la de Justin, intentando soltarme de su agarre, pero era más fuerte que yo. Podía respirar su aliento, apenas nos separaban unos centímetros.


—Por tu bien te conviene llevarte bien conmigo y no hacerme enfadar.

—No me das miedo. Y menos porque estés enfadado solo porque no haya querido follar contigo.

Solté mi muñeca de su agarre y apareció Lily detrás de nosotros. La rubia de ojos azules llevaba un llamativo bolso de piel roja colgando de su antebrazo, los primeros botones de su camisa estaban desabrochados y la falda por encima de su cintura,  provocando a todo el que la mirara. 


—Justin, ¿llevas mucho rato esperándome?

—Por ti espero lo que haga falta, nena. 

Se acercó a ella y depositó un beso en sus labios. Ella le mordió el labio inferior y después él la cogió por su cintura, acercándola más a su cuerpo.


—¿Y a dónde vamos?—preguntó con una sonrisa pícara.

—No hay nadie en mi casa. Estaremos solos y podrás gritar lo fuerte que quieras—Justin le guiñó un ojo, después de susurrarle a la oreja

Él humedeció sus labios y besó de nuevo a Lily. Esta subió sus manos hasta su cabello, tirando de él.


—Me voy antes de que vomite aquí mismo—hice una mueca de asco. 


Lily me lanzó una mirada de desprecio, después de mirarme de arriba a abajo en un segundo. Justin se limitó a observar el suelo, coger a Lily de la mano y salir casi corriendo de allí. 


RT AQUÍ SI HAS LEÍDO EL CAPÍTULO. Espero que os haya gustado el capítulo. Intentaré subir pronto, ya que tengo ganas de que leáis el próximo. Creo que os gustará bastante. 
Muchísisisismas gracias por leer y por todos los comentarios. 
Me hacen realmente feliz. Sois increíbles. De verdad.
Os quiero mucho.<3


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