lunes, 17 de diciembre de 2012

Arriésgate conmigo. {3}

Era por la mañana, la hora del almuerzo. Me senté en una de las mesas con Abby y Sidney en el comedor del instituto. Nos quedaban quince minutos para volver a las clases. Pero eso era de lo único que no hablábamos. 

—¿Y qué tal con los chicos?—me preguntó Sidney masticando su bocadillo de queso. 

—Mejor que no preguntes—dije yo esperando acabar con el tema.
—Tenemos que conocerte un poco más... A ver, ¿cuando fue tu última relación?

Tardé unos segundos en contestar, nunca me había visto obligada a hablar de Sam desde lo que pasó.


—Hace un año. 

—¿Cómo?—dijo Abby sorprendida—. No puede ser. Mírate, debes tener pretendientes cada dos segundos—reí por la gran estupidez que acababa de decir. Fue el típico comentario que haces para quedar bien.
—Creo que es mejor estar sola.
—Yo también hace mucho que no salgo con nadie—declaró Sidney.
—Seriamente, querrás decir—aclaró Abby—. Te liaste con Justin hace tres días—dijo con cara de desaprobación. 

Justin Bieber, el único chico de mi curso al que no había puesto cara y por el cual sentía curiosidad.


—Estaba borracha. No era dueña de mis actos y me dejé llevar. Eso es todo—hizo una pequeña pausa—. Espero no haberme metido en ningún lío—dijo Sidney preocupada.

—¿Problemas? ¿Quién es Justin?—pregunté yo.
—Te lo presentaremos, si es lo que quieres—dijo Abby bebiendo su refresco de naranja—, pero no te recomiendo que te acerques mucho a él. Ha estado con todas las tías que te puedas imaginar. Un mujeriego que utiliza a las tías como un juguete sexual—hizo una pausa—. Además es...—pensó unos segundos la palabra—peligroso.
—Oh, no. No quiero conocerlo—aclaré— .Pero... ¿Peligroso? 
—Te irás dando cuenta de porqué digo eso. Todos aquí conocen a Justin y a sus "amigos"—resaltó la palabra—. No precisamente por repartir regalos y hacer el bien. 

De repente, un chico entró por la puerta del comedor y se convirtió en el centro de las miradas, seguido por dos chicos más. Uno de ellos Ryan. El otro parecía mayor que ellos dos y hasta entonces, no lo había visto nunca. Era moreno, comparado con Ryan y el otro chico, y tenía los ojos oscuros. Desde aquí parecían marrones. Al primero lo reconocí. Era el mismo chico de ojos miel, maleducado que tiró mis libros al suelo y ni se disculpó. 


Nuestras miradas se cruzaron. Un escalofrío recorrió mi cuerpo y me hizo sentir extraña, pero él me miraba con el mismo desprecio y giré mi cabeza hacia el otro lado. No lo aguantaba. Me era insoportable.


—Parece que ya conoces a Justin—añadió Sidney.

—¿Qué? ¿Ese es Justin?—fruncí el ceño—. Podría habérmelo imaginado.
—¿Cuando os conocisteis?—preguntó Abby.
—Ayer nos chocamos en el pasillo...
—¿Cómo en las películas?—interrumpió Sidney sonriendo, como si de un cuento de hadas se tratase.
—Mejor dicho lo contrario. Me tiró los libros al suelo, no me ayudó a recogerlos y discutimos—hice una pausa—. Es un niño inmaduro y muy mimado. 
—Ese es Justin—dijo Sidney—. Es un egocéntrico, grosero, mujeriego, malcriado, irrespetuoso, egocéntrico y un idiota—dijo ella, ladeando la cabeza pensativa.
—Él lo admite, pero le gusta su vida—dijo Abby.
—Le gusta porque se folla a toda la que se propone.

Sonó el timbre que indicaba el final del almuerzo y fuimos a la clase que nos correspondía. Al salir del comedor me separé de ellas, que se dirigían a física, y yo fui a química. Llegué de las primeras a clase, por lo que me senté delante, sola. Comenzaron a entrar los demás alumnos, que llegaban algo tarde, y se sentaron en otras mesas. Abrí mi libro y puse atención a la clase cuando entró el profesor. Cinco minutos después picaron a la puerta. El profesor la abrió y para la sorpresa de los que estábamos presentes, el famoso Justin Drew Bieber, por primera vez apareció en clases. 


—¿Se puede saber de dónde viene?—preguntó el profesor.

—¿A usted que le importa? Dé gracias de que he aparecido—dijo Justin con el mismo carácter de siempre entrando en clase con descaro.
—Le perdono porque es la primera semana de clases. Que no se vuelva a repetir... —dijo esperando un nombre.
—Justin Bieber—contestó sonriendo con aires de prepotencia. 
—Siéntese al lado de esa chica, por favor. 

"Esa chica" era yo. Me estaba señalando y lo que menos quería en este momento era sentarme con ese idiota. 


—Mmm, perdone—levanté la mano para poder hablar—. Si no le importa, preferiría que no se sentara a mi lado.

—Qué pena que aquí no mandes tú— interrumpió él sentándose. 
—Eres... —se me ocurrieron demasiados adjetivos que encajaban perfectamente con él, pero recordé que el profesor estaba delante nuestro y que mi padre era el director.
—Siéntense juntos. Les irá bien para mejorar su relación. 
—No se preocupe ya me encargo yo de ésta—dijo Justin refiriéndose a mí.
—Tengo nombre, ¿sabes?
—Es verdad, Fea—hizo una mueca comportándose como un niño pequeño.
—Los dos. ¡Tranquilícense o irán al despacho del director!—yo bufé. 

Cerré por un momento los ojos y apreté los puños para tranquilizarme y controlar mi rabia. 

—Ahora, sigamos con la clase—añadió el profesor.





Abrí mi libreta y comencé a hacer los ejercicios que nos había marcado el profesor. Me sentía incómoda y observada. Justin no paraba de mirarme.
—¿Qué?
—Déjame copiar tus ejercicios, fea—fingió una sonrisa.
—Si quieres también puedo ir a tu casa, hacerte los deberes y estudiar por ti para los exámenes—dije con ironía y una sonrisa burlona.  
 —Sé que te gustaría pasar más tiempo conmigo. Pero necesito tías atractivas.
 —Menos mal. Porque a mí no me van los gilipollas prepotentes como tú. 

Sonó el timbre y el infierno finalizó. Recogí mis cosas lo antes que pude y me levanté.


—Adiós, fea—se despidió levantándose detrás de mí.
—Vete a la mierda.
—¿Has dicho una palabrota? No sabía que las niñas mimadas como tú podían hacer eso. ¿Seguro que tu papi no te castigará?
—Olvídame. 

Salí por la puerta casi corriendo. Justin me cabreaba hasta un punto inimaginable. No lo soportaba. Había llegado a pensar que tal vez estaba prejuzgando, pero era un completo estúpido y tenía a todas las chicas del instituto detrás suyo. Increíblemente sorprendente y comprensible a la vez.

Llegué a mi taquilla y la abrí. Guardé el libro de química y cogí el de geografía. Caminé por los pasillos repletos de gente, con enormes ventanas a los lados, intentando encontrar el aula de la siguiente clase, pero era casi imposible. Seguía buscando cuando tocó el timbre y seguía sin encontrar Geografía. De repente, alguien tocó mi hombro.

—Ah, hola—le sonreí a Ryan.
—Catherine, ¿verdad?—yo asentí con la cabeza.— Te veo un poco perdida... ¿Quieres que te ayude?

Todos aquí conocen a Justin y a sus amigos. No precisamente por repartir regalos y hacer el bien. Esa idea retumbaba en mi cabeza y hablaba en voz alta dentro de mi mente, pero la ignoré y decidí conocer a Ryan antes de juzgarle. Al fin y al cabo, no parecía mal chico.


Después de pensar unos segundos mi decisión, sonreí.


—Si no te importa, te lo agradecería mucho. Tengo Geografía.

—Vamos. Tenemos la misma clase—me sonrió y me dio la mano. 

No conocía a Ryan, pero parecía tan diferente a Justin, que la idea de que fueran tan amigos parecía casi imposible. Y más aún la idea de que él fuera peligroso. Tal y como Sidney insinuó. Solo esperaba no estar metiéndome en problemas. 



Espero que os haya gustado. Si habéis leído el capítulo, dar RT aquí y si queréis dejadme un tweet con vuestro comentario en @Myinfinitelove. Muchísimas gracias por leer, de verdad. <3


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