domingo, 22 de diciembre de 2013

Arriésgate conmigo: {37}.

—¿A dónde vamos?

Justin me presionaba fuerte la mano izquierda mientras caminábamos por un largo pasillo. Tenía una sonrisa nerviosa en sus labios. 


—Sabes que no puedo decírtelo—se paró frente a una puerta.—Es una sorpresa.


Nunca me han gustado las sorpresas incluso en el caso de que fueran buenas. Pero esta vez era diferente. Por alguna extraña razón sentía cómo si detrás de aquella puerta hubiera algo muy importante y algo me incitaba a querer entrar. Tanto, que cuando Justin abrió la puerta, no le di tiempo ni a que me invitara a pasar. Lo hice de inmediato. Y sin darme cuenta, me encontraba en el centro de una habitación oscura y vacía. Lo único que me guiaba era la luz que provenía de la puerta dónde se encontraba Justin. 


—¿Justin?—me acerqué a él.—¿No entras?


Su sonrisa desapareció y dio paso a una mueca de decepción. Podía leer la rabia y la ira en sus ojos. Entonces, sentí el mismo miedo que en el ascensor, cuando por poco mata a Peter dejándose llevar por sus impulsos. Me miraba igual que a él.


Me acerqué, pero al llegar a la puerta, algo me retuvo en la habitación. No podía salir, era cómo si hubiera un muro invisible frente a mí. No entendía nada. Miré a Justin con confusión, pero él estaba tranquilo, sin preocupaciones, ni siquiera expresiones. Alargué la mano y toqué el cristal frío que me separaba de Justin. Comencé a dar golpes para intentar llamar su atención, pero me ignoraba. Giró la cabeza hacia su derecha y comenzó a caminar por el pasillo.


—¿Justin a dónde vas?—grité.—¿Qué haces? ¿Qué te pasa?¡Ayúdame, idiota!


Pero Justin no escuchaba mis gritos, la única que lo hacía era yo. El eco de mi miedo rebotaba en aquellas paredes y se repetía una y otra vez. ¿Qué estaba pasando? Continué golpeando aquella pared invisible que me mantenía atrapada, pero no había nadie al otro lado, estaba sola y ni siquiera sabía dónde. 


De repente, todas las luces se apagaron. Busqué a mi alrededor el mínimo rastro de luz, pero la oscuridad era absoluta. 


—¿Justin?—pregunté con la voz rota.—Esto no tiene gracia—comencé a asustarme.


Pasaron unos segundos y no recibí respuesta.


—Por favor—supliqué.


Tenía miedo. ¿Qué estaba pasando? ¿Y a dónde había ido Justin? Escuché unos susurros a mi alrededor, casi justo al lado de mi oído. Comencé a dar vueltas sobre mis pies, las voces procedían de todos lados y a la vez de ninguno. Debía haberme vuelto loca. 


Entonces, noté unas manos en mi cintura. Me sobresalté y di la vuelta buscando con las manos, intentando tentar algo. Pero solo topé con la pared, que palpé hasta la esquina en la que me sentía más protegida. Pero seguía teniendo miedo. Miedo de moverme, de que el menor movimiento posible hiciera ruido y me descubriera, quién fuera que estuviera conmigo. Así que me agaché lentamente, deslizándome por la pared hasta tocar el suelo y me protegí con mis propios brazos.


Unos segundos después, aun presa del miedo, se iluminó de golpe toda la habitación. Pero ya no era una habitación. Era un ascensor incluso más pequeño del de aquel edificio abandonado. Y Peter estaba allí. Quise echarme a llorar. Ya había tenido suficiente de él por mucho tiempo y me sentía exhausta para tener que defenderme. De nuevo. 

Su cara, su ropa y sus manos estaban manchadas de sangre. Tenía un ojo medio cerrado, de color púrpura, y la nariz rota. Sabía que Justin era el responsable de eso y me sentía culpable porque no hubiera llegado a más. Comenzó a avanzar hacia mí, mientras yo retrocedía por cada uno de sus pasos. Cojeaba y le costaba mantener el equilibrio. Cerré los ojos y dejé caer la cabeza hacia atrás. No había salida. Esta vez no. Pero volví la mirada hacia el frente y ya no había nada. No había nadie. Me levanté del suelo y respiré de nuevo.

—Hola otra vez, muñeca.

Peter estaba justo detrás de mí. Noté su aliento en mi nuca y su mano subiendo por la mía. Cerré los ojos y tragué saliva. Ya había estado antes en esa situación, pero aún no sabía cómo controlar el miedo. 

—No te asustes, preciosa—susurró en mi oído.
—No estoy asustada.

Estaba tensa, mis párpados se cerraban firmemente luchando contra las rebeldes lágrimas que combatían para salir. La voz de Peter paseaba a mi alrededor con el mismo tono pervertido y lleno de placer que me estremecía. Solo esperaba que en algún momento Justin apareciera de la nada y me salvara. Cómo siempre hacía. Pero, si no lo había hecho antes cuando habá tenido oportunidad, ¿qué le haría cambiar de opinión ahora?

Comencé a llorar cuando pensé en cómo Justin me había abandonado en aquella habitación solitaria y oscura. ¿Estaba con ellos? ¿Él formaba parte del plan? No. Algo me prohibía pensar que él fuera cómplice. Pero había tantos indicios que apuntaban a que él era culpable, a que me mentía constantemente y sus juegos de seducción, eran simplemente juegos a los que había empezado a jugar sin ser consciente de cuáles eran las reglas, que se me hacía difícil confiar en él.

Por otro lado, sabía que me quería. Era capaz de sentirlo en su mirada, en sus besos, en sus caricias. Me lo había demostrado salvándome la vida en numerosas veces y en esos momentos, creía en él. ¿Era eso justo?

Abrí los ojos. Se me había nublado la vista y solo podía ver sombras. Hasta que me los sequé y pude ver con claridad. Parpadeé un par de veces desorientada. Ya no estaba en el ascensor. Era un pasillo con muchas puertas y números sobre ellas. Era un bloque y cada puerta una casa. Además, yo había estado allí antes. Por supuesto que había estado en casa de Justin. 

—Aquí estás.

Era Peter. Su voz se escuchaba justo detrás de mí. Y sin tiempo a reaccionar, me cogió de la muñeca y comenzó a arrastrarme escaleras arriba. Intenté resistirme, soltarme de su agarre, apretaba demasiado, pero no conseguí nada. 

—¡Suéltame!—oredene cabreada y asustada.
—Lo he intentado dos veces, a la tercera va la vencida.

Tiró de mí hasta llegar a la planta dónde vivía Justin. Peter picó dos veces en su puerta y esperó a que se abriera la puerta. Me cogió del cuello con fuerza, no podía respirar. Sacó una pistola de su bolsillo y la presionó contra mi cabeza.

—Ni te imaginas lo que voy a disfrutar.
—Justin te matará después de esto—dije con la voz temborosa.
—Oh, cariño—vaciló.—Si supieras la verdad que hay detrás de todo esto. No le importas y si no me crees que te lo demuestre él mismo.

Apareció Justin y se apoyó en el marco de su puerta, cruzando los brazos en el pecho. No llevaba camiseta, su pelo estaba alborotado y no parecía nada preocupado. Mostraba indiferencia. No intentó salvarme, no parecía estar pensando en ningún plan y no miraba a Peter con odio como solía hacer. 

—Cuando tú digas, amigo—dijo Peter.

Fruncí el ceño y miré a Justin en busca de alguna respuesta. ¿De qué iba todo esto?

—Espera un momento. Quiero hablar con ella—desvió su mirada hacia mí. Algo había cambiado.

Peter me soltó, sujetándome del brazo para que no escapara y sin dejar de apuntarme con la pistola. 

—¿Estás con ellos?—pregunté decepcionada.

Me temblaba la voz y también las piernas. 

—No, nena. La pregunta es si tú estabas conmigo o contra mí. 
—¿Qué?—pregunté estupefacta. Por supuesto que contigo. ¿Por qué dices eso?

Carcajeó y cambió de postura. Negó con la cabeza y cerró los ojos, tomando una respiración profunda. Miró hacia el interior de la puerta y apareció una chica, fisícamente increíble, con una camisa de Justin que dejaba ver sus largas y delgadas piernas. Su melena despeinada caía sobre sus hombros y tenía dibujada en sus labios una sonrisa traviesa. Rodeó a Justin por la espalda y presionó sus labios contra la piel desnuda de su hombro. Él le contestó con una sonrisa sincera y sus miradas conectaron, cómo si estuvieran hechos el uno para el otro y sus ojos no pudieran mirar a nadie más.

Y sin saber cómo ni porqué, la reconocí. Sabía que era Sophie, a pesar de no haberla visto jamás, yo sabía que era ella. Y entonces lo entendí todo. 

—No te dije que estaba viva porque tenía miedo de perderte...—sonaba desesperada. —Entiéndeme, por favor. 
— Sabías que Sophie no estaba muerta y no me lo dijiste. 
—Lo siento, pero por favor no me dejes...

Me había olvidado de que me apuntaban con una pistola en la cabeza, me daba igual todo lo demás. Justin quería a alguien que no era yo y eso me rompía el corazón. Ver cómo la miraba, cómo encajaban igual que perfectas piezas de rompecabezas, dolía. Dolía más que cualquier herida o disparo.

—No hay disculpa que sirva, Catherine. 

Su mirada ardía dentro de mí y sus palabras eran como balas directas hacia el corazón.

—Cuando quieras—le dijo a Peter con indiferencia.
—No, no, por favor...—grité suplicándole a Justin con la mirada.—¡Justin, no me puedes dejar aquí! ¡Este no eres tú!—supliqué con rabia y la voz rota.

Cerró la puerta y escuché como Peter apretaba el gatillo...

—¡No!—grité.

Continué chillando hasta que abrí los ojos y vi la habitación de Justin. Me incorporé de golpe en su cama. Un sudor frío cubría toda mi piel. Estaba temblando y llorando. La puerta se abrió de repente y apareció Justin. Llevaba solo los pantalones del pijama, dejando ver su pecho desnudo.  

—Eh, eh, nena—su voz era tranquilizadora. Pero él también estaba asustado.

Corrió hasta mi lado y me encerró entre sus reconfortantes brazos, mientras me acariciaba el pelo.

—Ha sido solo una pesadilla—me susurró. Después me besó en la frente.
—No te vayas, por favor—me aferré a su pecho y continué llorando.

En ese momento, sabía que había sido solo un sueño, pero aún tenía miedo. Sabía que podía convertirse en una realidad.

—Shh—me balanceó entre sus brazos.—Tranquila, estoy aquí. Ya ha acabado todo.

Presionó sus labios en mi frente durante unos segundos y me tranquilicé. Me concentré en el ritmo de los latidos de su corazón que, aunque habían llegado a ser más rápidos que los míos, disminuían a la vez que mi respiración lo hacía.

—¿Estás mejor?—preguntó preocupado. 

Me separé de él y me sequé la cara con la yema de los dedos. Justin observaba cada movimiento, esperando una respuesta.

Estoy mejor. 

Respiré hondo y observé mis manos, en las que aún podía sentir a Peter agarrándome las muñecas. 

—¿Quién te ha hecho eso?

Miré a Justin, que me acarició la piel delicadamente, observando las marcas moradas de las cuerdas.

—Me ataron las manos a la silla para que no escapara...—susurré. 

No quería hablar del tema. Justin se había enfurecido tanto curándome las heridas, que preferí ducharme durante un buen rato y darle tiempo para evitar explicar todo lo que había pasado. Tenía miedo de su reacción.

Sus ojos se volvieron oscuros y profundos. La luz de la luna que entraba por la ventana y se reflejaba en sus pupilas, marcaba cada uno de sus perfectos rasgos. Su mandíbula estaba tensa y definida, y evitaba mirarme directamente a los ojos, lo que me permitía observarle detenidamente. Era tremendamente sexy. 

—Has soñado con lo que ha pasado hoy, ¿verdad?
—Sí...—me miró fijamente pero con suavidad. Pude ver la culpabilidad y tristeza.
—¿Quieres hablarlo?—preguntó.

Negué con la cabeza.

—Tal vez mañana—sugerí—. Pero estoy bien. No te preocupes.

Carcajeó y se levantó de la cama, alejándose de mí. 

—No me jodas, Cath. Te despiertas a las 2 de la mañana por una pesadilla, estás llena de moratones y heridas, ¿y quieres que me crea que estás bien?

Alzó el tono de voz, igual que le pasó la primera vez que se lo intenté explicar todo.

—¿Son las dos de la mañana?—pregunté intentando evitar el tema. 
—Sí, lo son, pero tus padres saben que no irás a casa porque creen que estás con Sidney—dijo rápido y furioso. Casi me costó entenderlo—. Pero no intentes cambiar de tema porque si no te hubiera sacado de aquel ascensor no quiero ni pensar lo que te habría pasado y ni quiero imaginar lo que te habrían hecho antes de que yo llegara—iba a estallar en cualquier momento, lo veía en sus ojos—, así que no, no me vas a convencer de que estás bien, ni me vas a convencer para que deje pasar todo esto. 

Se quedó en silencio durante dos segundos, esperando alguna respuesta, pero yo no la tenía. Bajé la cabeza. No podía hablar, era tal el nudo que tenía en la garganta, que me ahogaba. Comencé a llorar de nuevo. Me sentía exhausta, cansada y débil y lo menos que quería era discutir y enfadarme con Justin, porque aunque no me atreviera a decírselo, lo necesitaba más que nunca. 

—Cath.

Volvió junto a mí y se sentó en la cama. Me cogió de las manos y soltó un largo suspiro. 

—Lo siento por hablarte así—se disculpó. —Pero vivo en ese mundo. He visto muchas cosas y sé que esa gente puede mostrar de todo menos compasión y corazón.
—Entonces, ¿qué haces tú con ellos? ¿Cómo es posible que hayas acabado con esa clase de gente?

Levanté la cabeza, le miré fijamente a los ojos, me sequé las lágrimas y me puse seria. Este tema me cabreaba.

—Ya te lo dije, me vi obligado—contestó como si le estuviera regañando
—¿Por qué necesitabas dinero? ¡No era necesario meterte en una mafia, negocio o como quieras llamarlo!

Me estaba poniendo nerviosa. Me levanté de la cama y me fui al lavabo. Justin me siguió y me cogió por la cintura con una mano, girándome hacia él, antes de llegar a la puerta. 

—¿Te parece bien si me haces un examen?—susurró a cinco centímetros de mi cara.
—¿De esos que te cabrean tanto?—bromeé.
—Sí, de esos. Pero te prometo que no me cabrearé.

Dudé por un momento. De repente me había enfadado. Con él y conmigo misma. Estaba librando una batalla en mi mente. Dudas, preguntas y más dudas. Y aunque tuviera la oportunidad de resolver algunos interrogantes, sabía que Justin no acabaría de sincerarse conmigo. 

—No sé por dónde comenzar...—admití confusa—. Tengo muchas preguntas y...—Justin me interrumpió.
—Si quieres puedo comenzar desde el principio—se separó de mí, al tiempo que caminaba de vuelta al colchón, sin soltarme la mano—, pero te adelanto que es una historia un poco larga. 

Lo seguí hasta la cama. Se sentó y se apoyó en el cabezal. Yo me acomodé a su lado, pero a una cierta distancia para poder ver y apreciar cada expresión y movimiento durante el relato de su historia. Parecía realmente dispuesto a contar su vida. Cogió un largo suspiro y comenzó a hablar:

—Creo que lo mejor será empezar por mi familia. Tengo dos hermanos. Jazzy, que debe tener ya 7 años y Jaxon, el pequeño de la casa que tendrá 4—añadió con una sonrisa. Después está mi madre, Pattie. Ella es y siempre será la mejor madre del mundo para mí. A pesar de ser como soy y de todo lo que he hecho, me ha apoyado. Jamás me ha juzgado y siempre ha sabido ver algo bueno en mí, incluso aunque ni yo mismo lo hiciera. Pero por el contrario, mi padre, Jeremy, se hartó de mí y me echó de casa a los quince años. 

     »Y no me puedo saltar a Sophie. Comencé a salir con ella a los 12 años, si no recuerdo mal. Íbamos al mismo colegio y la conocía desde que éramos pequeños. Digamos que fue mi primera novia seria. Llevábamos casi dos años juntos, nos iba demasiado bien para los dos ser tan jóvenes. Hasta que Peter se interpuso en nuestra relación. No sé cuando apareció, ni por qué lo hizo. Pero en ese momento descubrí el mundo en el que vivo ahora. 

     »El caso es que algo comenzó a ir mal entre Sophie y yo. Me ponía excusas cada vez que quería verla y parecía asustada, hasta que me dejó, sin explicaciones, ni motivos. Y de un día para otro, desapareció sin dejar rastro. Me volví loco buscándola. Intentando buscar pistas para encontrarla y todo me llevaba a Peter. Me dijo que acudió a él en busca de ayuda. Pero ni siquiera sé cómo ni dónde se conocieron y él no me lo quiso decir.

    »Y de la nada apareció James. Al principio, me negué rotundamente a sus ofertas y promesas. Era un desconocido, no podía confiar en él. Me juró que podía ayudarme a encontrar a Sophie, me hizo creer que la encontraría, pero no me lo acabé de creer. Me ofreció un trabajo con el que conseguiría dinero el triple de rápido que en un trabajo normal. Mi padre era mecánico, pero su taller no tenía mucho éxito y el dinero no llegaba para pagar facturas, comida y ropa. Así que me sentía responsable de cuidar a mi familia, por lo que acepté. Me convencí de que era lo correcto: encontraría a Sophie y podría llevar dinero a casa, mucho más del que necesitábamos.

     »Mantuve el secreto durante mucho tiempo. Entrenaba con James a diario en el sótano de un club nocturno al que iban personas que se movían por ese mundo. Falté a clases por los pequeños trabajos que me encargaba, que se fueron haciendo más importantes y peligrosos con el tiempo y e alejé de todo el mundo. Aprendí a utilizar todo tipo de armas, me enseñaron a defenderme y a pelear hasta acabar con el  adversario. Además de técnicas de robo y todo tipo de trucos que te puedas imaginar. Al principio, me asusté. Conocí a mucha gente que murió en el camino y me imaginé acabando como ellos. Pero ya era tarde para echarme atrás.

    »No pasó mucho tiempo hasta que James me encargó algo importante, la prueba definitiva, como él decía. No me pareció difícil después de todo el entrenamiento que había recibido. El objetivo era claro: matar al hombre que había traicionado a James. Lo que me tomé como una advertencia.  Desde entonces, empecé a entender el negocio. No hacía falta saber el nombre de tu adversario, si tenía familia o no, solo importaba el dinero.

    »Pero me equivoqué al pensar que sería un trabajo fácil. Me resultó muy difícil matar a aquel hombre. Recuerdo cómo me suplicaba con la mirada que no acabara con su vida. Aun recuerdo el miedo. Sin embargo, lo hice. Y mi padre lo vio todo. Ni siquiera sé que hacía allí, la cuestión es que lo vio absolutamente todo y solo pisé mi casa una vez más para recoger mis cosas y salir para no volver. Me dieron dos opciones: irme de casa o quedarme e ingresar en un centro de menores. Y me quedé con la primera. Les asustó mi elección, creían que no sería capaz de desaparecer, pero lo hice. Convencí a mi madre, que era a la que más le preocupaba, de que estaría bien y me fui. Necesitaba el dinero para mi familia y la esperanza de encontrar a Sophie, seguía viva. 

     »La primera persona a la que acudí fue Ryan. Se lo conté todo con el miedo de que me rechazara o se enfadara, pero no lo hizo. Él vivía con su hermano, diez años mayor que él, y su abuela. Sus padres murieron en un accidente de coche, por lo que aquella era su única familia. Me acogió en su casa hasta que acabó el curso. Como vivía en el pueblo de al lado, no tenía que ver a mis padres. Solo los vi un par de veces más, cuando los visitaba por navidades y dejaba regalos en la puerta o algún caso especial. Sabía que mi padre seguía enfadado, así que no me atreví a volver a mi casa.Todo parecía ir medianamente bien. Seguía con mi trabajo y le enviaba dinero a mi familia. Pero seguía sin tener noticias de Sophie.

    »Se convirtió en una obsesión para mí. Traté de buscar respuestas, pero James no había encontrado nada y seguía en el mismo punto que al principio. Entonces, me volví a encontrar con Peter y descubrí que estaba muerta. No quise saber detalles, visité su tumba y comencé una nueva vida. Dejé el instituto, me mudé a este piso con Luke, al que conocí entrenando en el edificio abandonado, y me dediqué por completo al negocio. Es lo único que tengo. Y bueno, lo que pase, lo verás con tus propios ojos. 

Parpadeé un par de veces. Me costaba asimilarlo todo. Me imaginaba algo distinto. Realmente nunca me había planteado una posibilidad verosímil. No era capaz de entender cómo alguien podía meterse en algo así, sin ser conciente. Pero a partir de aquel momento, comprendí que mi error no había sido pensar en cómo había acabado trabajando para James, sino en no pensar qué necesidades llevarían a hacerle eso y a no abandonar su vida. Y por fin ya tenía la respuesta. Lo único que le hizo falta fue a) tener suficiente corazón cómo para arriesgar la vida en un trabajo por su familia, y b) que le rompieran el corazón para hacerle sentir que esa desgracia era lo único que tenía. 

—Lo siento.

Fue lo único que se me ocurrió. Tenía lágrimas en sus ojos, jamás lo había visto así de afectado por nada y me rompió el corazón. Había escuchado el dolor y la aroñanza en sus palabras.

—¿Que lo sientes?—vaciló.—Lo siento yo por meterte en toda esta mier...—no le dejé acabar.
—Mi padre me ha metido en esto, no tú. 
¿Tu padre? ¿Qué tiene que ver él?
—Aun no lo sé. James conoce a mis padres y según lo que me dijo, ellos huyen de él por alguna razón.

Justin frunció el ceño y entrecerró los ojos pensando. Estaba entrelazando ideas en su mente.

—Tus padres le deben dinero a James—aseguró.
—Eso no tiene sentido. Mis padres tienen mucho dinero, es más, les sobra el dinero—me alteré.

Miré hacia la pared de en frente, intentando entenderlo todo, cuando sentí la mano de Justin sobre la mía.

—Da igual, descansa. Ya pensaremos mañana. 
—No, Justin. Mi madre relaciona la muerte de mi hermano con el mismo que enviaba aquellas notas, ¿entonces James mató a Matt y me enviaba esos mensajes?—pregunté confusa.

Me levanté de la cama y comencé a dar vueltas por la habitación, jugando con mis dedos. Miles de ideas retumbaban en mi cabeza. No me podía concentrar.

—Eso es casi imposible—Justin me seguía con la mirada. Él no suele hacer el trabajo sucio, seguramente mandó a alguien a que lo hiciera. 
—¿A quién? ¿Y por qué? ¿Qué tiene James en contra de mi familia? Y si también es él quién escribía aquellas notas, ¿qué quiere? ¿Matarme a mí?—pregunté cabreada, pero asustada a la vez.
—No digas eso—cerró los ojos por un momento. 
—Mataron a mi hermano por venganza, ¿por qué no iban a hacer lo mismo conmigo?

Justin se levantó de la cama y se puso a mi lado. Me cogió las manos y se las llevó a su corazón. Podía sentir sus latidos en las yemas de mis dedos.

—No van a hacer lo mismo contigo porque antes de que se acerquen a ti los mataré y la primera vez que te lo dije, iba en serio.—Me miró directamente a los ojos—. Te protegeré con mi vida si es necesario.

Me deshice de sus manos y le abracé. Me encerré entre sus brazos y comencé a llorar. Era lo único que me apetecía en esos momentos y no podía para de hacerlo. Justin me separó de su cuerpo y presionó sus labios contra los míos temblorosos, durante unos segundos. 

—Lo siento—repitió secándome las lágrimas con sus pulgares. 
—No, no lo sientas. Y no vuelvas a decir eso.
—¿Por qué no?—preguntó en un susurro.
—Porque no tienes que disculparte por nada. Me has salvado la vida dos veces. Eso cuenta más que cualquier error que puedas cometer.
—Es verdad, no me tengo que disculpar. Soy todo un héroe—dijo mostrando orgullo.
—Acabas de fastidiar el momento—le pegué un puñetazo en el  hombro.

Sonrió. Y automáticamente yo también lo hice.

—Aún así me quieres—aseguró él.
—No más que tú a mí. Hasta tus compañeros de trabajo me utilizan como rehén para hacerte daño—bromeé.
—Yo no habría puesto ese ejemplo, pero qué se le va a hacer—se encogió de hombros—. Eres mi única debilididad.


¡FELIZ NAVIDAD Y FELICES FIESTAS!

A partir de ahora, no voy a poner ningún tweet para que deis RT, ni nada. Pero si que os pido que comentéis los capítulos que suba y que me hagáis saber que leéis la novela, si sois nuevas lectoras (¡Por favor!), o si queréis que os avise para el próximo capítulo por twitter. 

Hace nada me he dado cuenta de que hace ya más de un año que empecé a escribir esta novela y muchas de vosotras estáis aquí desde el principio, así que esta vez sí que sí, ¡muchísimas gracias! 

Por eso, y porque es navidad, subiré más de un capítulo en estas fiestas. Así que estad pendientes del blog o de twitter porque os avisaré. 

Nos leemos muy pronto. ¡Os quiero! 
Un beso.

PD: Para cualquier duda, pregunta o curiosidad os dejo mi twitter, @Minfinitelove, y mi ask, http://ask.fm/myinfinitelove.


2 comentarios:

  1. Son increibles. Uno tras otro. Cada vez que veo que has subido un nuevo capitulo, antes de leerlo ya se que va a ser genial, es que dios. Vivo enamorada de esta novela y y y y.
    Eres genial, Rusi. Sigue asi, ¿vale? Te lo mereces todo. Ah, y eso, ¡feliz navidad a ti tambien!

    @whypainfull

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  2. Muchisisisisisisismas gracias por todo, cielo. En serio.

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