—Yo también me alegro de verte, amigo—Peter seguía deslizando su mano por mi cuello, bajando por mi brazo.
—Apártate de ella.
Los ojos de Justin reflejaban el odio y la rabia que se habían fusionado en sus palabras, gestos y miradas, mandando claras amenazas a Peter.
—¿Y si no qué?—le retó Peter llegando a rozar las yemas de mis dedos.
—No vivirás para volverlo a repetir—su mandíbula se tensó al ver desaparecer su mano por debajo de la mesa. Había comenzado a acariciarme la pierna y reaccioné. Le aparté la mano y la lancé contra su mejilla, marcando mi marca en ella.
Se acarició la mandíbula y apareció una sonrisa divertida en sus labios.
—Veo que ya tienes enseñada a tu gatita. Tendrás que enseñarla a volver a casa—hizo una pausa y sonrió un poco más—. La anterior no lo sabía hacer demasiado bien.
Jusin lanzó sus manos hasta el cuello de Peter. Me sobresalté. Yo y todos los que desde aquel momento observaban la escena que estábamos montando. Y la sonrisa de Peter aumentó al ritmo que mi miedo lo hacía. No sabía si me preocupaban más las intenciones de Peter o lo que Justin era capaz de hacerle si se descontrolaba.
—Justin, por favor—susurré desesperada.
Intenté apartar sus brazos de Peter bajo la atenta mirada de algunos de los comensales que quedaban en el bar.
—Si has venido a devolverme la paliza de la última vez, salgamos fuera—Justin se reincorporó en el asiento apoyando los brazos en la mesa y soltando un largo suspiro.—Siempre que estés dispuesto a perder de nuevo—añadió en un tono firme y serio.
Peter soltó una risita.
—La próxima vez me aseguraré de disparar un poco más hacia el centro—imitó la figura de una pistola con sus dedos y apuntó justo en el corazón de Justin.
Tragué saliva. Las manos habían comenzado a temblarme y en cualquier momento el corazón se me saldría del pecho.
—Pero el caso es que no he venido por ti y tampoco estoy armado, por lo que no me interesa tu apuesta.—Desvió la mirada hacia mí.—Venía a asegurarme de que Justin te ha contado toda nuestra historia.
—Ya entiendo... La última vez te quedaste con ganas de que te pateara el culo y has venido para que lo haga esta vez, ¿no?—Justin intentó esquivar el tema.
—Veo que no le has contado nada...—esa maldita sonrisa volvió a sus labios y me estremecí.—¿No te has preguntado por qué te ha estado mintiendo?
—No le escuches—ordenó Justin.
—¿No te has preguntado por qué tiene tanto miedo a que sepas la verdad?
—No te creas nada de lo que te dice, Cath. Confía en mí, por favor.
Entonces sentí una mano sobre la mía. Miré hacia abajo. Peter cerraba mi puño con un papel dentro y me dedicaba una amplia sonrisa con la que se despidió.
—Mi trabajo ha acabado aquí. Nos vemos, muñeca.
Peter desapareció por la puerta siendo el punto de atención de todos. Me permití volver a respirar por un momento.
—¿Qué te ha dado? —preguntó Justin serio.
Sus ojos habían adoptado un color oscuro y su mandíbula tensa indicaba que aún se estaba controlando por no salir detrás de Peter y acabar el trabajo que dejó a medias hacía algún tiempo.
—¿Qué?
Mi voz había sonado rota y débil. Aún no era consciente de lo que acababa de pasar y el miedo seguía presente.
—Qué te ha dado, Cath. Enséñamelo—ordenó.
—No sé a qué te refieres. No tengo nada.
Con un rápido movimiento guardé el papel entre mis piernas y alcé las manos mostrándolas vacías. Él las observó y, cabizbajo, soltó una risita.
—¿Te crees muy lista? Hablo en serio, Cath. Enséñame qué te ha dado.
—Hace un momento me pedías que confiara en ti. Lo he hecho. ¿Y así me lo devuelves?
Suspiró y se llevó las manos a la cabeza. Aproveché para guardar la nota en el bolsillo del pantalón.
—Solo quiero asegurarme de que estás bien.
—Pues lo estoy. Estoy bien. Gracias por preocuparte.
Le sonreí durante un segundo y me deslicé por el asiento hasta salir de él.
—¿A dónde vas?
—Se me ha quitado el apetito.
Caminé a paso rápido hacia la puerta, sabía que no tenía mucho tiempo antes de leer la nota de Peter. Justin no tardaría ni un minuto en alcanzarme. Empujé la puerta hacia fuera y salí al aparcamiento. Quedaban apenas algunos coches y el sol brillaba en lo más alto del cielo.
Sin entretenerme un segundo más, saqué la nota del bolsillo y la comencé a leer:
SOPHIE Y JUSTIN HACÍAN UNA BUENA PAREJA.
TENGO LAS RESPUESTAS QUE QUIERES.
TE ESPERO EN EL COCHE NEGRO.
Algo se revolvió dentro de mí. Una rabia profunda me invadió y las preguntas inundaron mi mente. Alcé la vista hasta cada uno de los coches buscando desesperada el indicado. Necesitaba respuestas. Necesitaba saber quién era en realidad Justin. Porque a pesar de pasar cada minuto de mis días con él, ahora sentía que no le conocia.
Habían cuatro coches y solo un de ellos era negro, por lo que era un trabajo fácil. Comencé a caminar, pero no pude dar más de dos pasos. Como era de esperar, la mano de Justin presionaba mi brazo impidiéndome avanzar.
—¿Se puede saber cómo piensas salir de aquí?—me giré hacia él.—¿A pie?
—Oh, mi idea era robar cualquiera de estos coches. Se aprende mucho de ti, ¿sabes?
Conseguí caminar un metro más antes de que se interpusiera en mi camino.
—Mal chiste, nena—me dedicó una media sonrisa.
—Podría haber sido peor, teniendo en cuenta lo que eres capaz de hacer.
—Di lo que quieras, pero no pienso dejar que hagas cualquier estupidez para salir de aquí. Déjame llevarte a casa.
—Podría haber sido peor, teniendo en cuenta lo que eres capaz de hacer.
—Di lo que quieras, pero no pienso dejar que hagas cualquier estupidez para salir de aquí. Déjame llevarte a casa.
—Ahora mismo creo que puedo confiar más en cualquier desconocido que tenga coche que en ti.
Me crucé de brazos e intenté controlar la explosión de emociones que estaba por venir. Comenzaba a cogerle el truco a discutir con Justin. Poco a poco había aprendido sus puntos débiles. Y se me hacía imposible no golpear en ellos.
—¿A qué viene todo esto, Cath?—alzó los brazos en el aire desesperado por una respuesta.
—¿A qué viene? ¿De verdad te atreves a preguntarlo?—comencé a alzar el tono de voz.—Puedo entender que te cueste hablar de tu pasado, pero parece que tú me conoces desde que nací, por todo lo que te he contado, y en cambio ni siquiera estoy segura de saber quién eres.
—Claro que sabes quién soy. No digas gilipolleces, Catherine.
Por experiencia ya sabía que cuando me llamaba por mi nombre de nacimiento, estaba enfadado o como mínimo molesto.
—Y si se supone que sé quién eres, ¿por qué no tengo ni idea de cómo has acabado matando a gente? ¿O cómo tu dices ganándote la vida en ese trabajo?—dije entre comillas.— ¿Por qué a penas sé de dónde vienes o quién es tu familia? ¿Y por qué ni siquiera me sonaba el nombre de Sophie o de Annie si parecen tener un hueco tan importante en tu pasado? ¿Y Peter? ¿Por qué él sabe más cosas de ti que yo? ¿De dónde ha salido? ¿Y por qué me ocultas tanto y te echas atrás cada vez que te pregunto por tu vida?
No dijo nada. Se mantuvo en silencio con la vista fija en el suelo. Su mirada parecía pérdida y vacía. Raras veces se quedaba sin palabras, pero esta era una de esas veces y sabía que no tenía excusas, pero que tampoco iba a contarme la verdad.
Entonces, sonó un teléfono. Justin llevó la mano al bolsillo y descolgó el móvil. Su rostro cambió repentinamente mostrando auténtico enfado y su mandíbula se tensó incluso aún más que dentro del bar.
—No puedo ir ahora—dijo serio.—Me importa una mierda que sea urgente. He dicho que no puedo—cerró el puño con fuerza.—¡Joder!—gritó.—¿Dónde?—preguntó cabreado.—Ahí estaré. Pero que sea la última vez.
Colgó y guardó el móvil en el bolsillo con rabia. Su mirada oscura captó la mía, que también transmitía rabia y enfado.
—Cath...—empezó.
—No te preocupes, tampoco pensaba dejar que me llevaras.
—Y yo no pensaba irme sin dejarte primero en casa.
—No quiero que lo hagas—aseguré.
—¿Por qué?
—Porque no quiero montarme en el coche de un desconocido.
—¿Así que ahora soy un desconocido?—asentí con un nudo en la garganta.—En ese caso suerte intentando olvidar al desconocido con el que has compartidos estos últimos días de tu vida.
Dió media vuelta y comenzó a caminar de regreso al bar.
—Estoy seguro de que será uno de tus mayores problemas—añadió por lo bajo. Pero fui capaz de escucharle.
—¡Mi único problema eres tú!—grité.—¡Desde el maldito día que te conocí!
—¿Te crees que tú eres fácil?—se giró y vino hacia mí.—¡Eres más complicada que mi mierda de vida!
—¿Y entonces cuál es el problema de que me vaya? Era lo que querías, ¿no? Decías que no me convenías, no te hice caso, pero me he dado cuenta de que tenías razón. No quiero estar con alguien a quién no conozco realmente y de la cuál sólo sé que es un asesino.
—Y yo no quiero estar con alguien que me complique la vida más aún.
—Entonces, ¿cuál es el problema?
—Ninguno—negó levemente con la cabeza.—Haz lo que quieras. Has demostrado ser experta en ello.
—Y tú eres experto en desaparecer para matar, volver semanas después y mentirme—le reproché. —Y sobretodo que ni siquiera hagas el esfuerzo por contarme la verdad.
—Está bien. Di lo que quieras. Tú sabrás cómo coño sales de aquí y cómo te contienes luego para no venir rogándome que vuelva contigo.
—Procura no cansarte demasiado esperando a que lo haga—le dediqué una mueca.
—Tranquila, que si lo hago será por hacer un esfuerzo en la cama con alguien que no seas tú.
Podía sentir el dolor justo donde más dolía. En el pecho. Justamente en el lado izquierdo en el centro del corazón. Porque sus intenciones eran esas, herir dónde más dolía. Y él sabía cuál era el punto exacto. Como yo sabía que era lo que le dolía a él.
Se fue sin decir nada más. Dejándome plantada. Y aunque yo se lo había pedido, me hubiera gustado que luchara hasta el final. Me hubiera gustado que me lo pidiera. Que me rogara que me hubiera quedado. Porque el corazón hablaba a gritos suplicándome que lo hiciera, y aunque mi orgullo gritaba aún más fuerte que él no se lo merecía, él desafiaba todos mis sentidos. Convertía lo imposible, en realidades. Y me hacía replanteármelo todo. Absolutamente todo.
Pero ya no estaba. Y tenía la sensación de que se había ido para siempre.
Y de repente un coche vino hacia mí. Un coche negro. Y Peter conducía.
Me empezarona temblar las piernas y un escalofrío recorrió mi cuerpo. No importaba que el sol brillara desde el punto más alto, podía sentir la frialdad de su mirada a través del cristal de la ventana mirándome fijamente.
Me acerqué al coche y me incliné en la ventanilla, para poder ver mejor.
—¿No piensas subir al coche?—deslizó por su nariz las gafas oscuras que llevaba.
—He venido aquí para hablar, no para dar una vuelta contigo.
—Entonces supongo que no querrás hablar mucho. Tu novio está a punto de llegar. ¿De verdad creías que te iba a dejar ir sin más?
Miré hacia atrás. Podía ver através de la ventana que Justin estaba en la barra hablando con Billy, medio girado hacia dónde yo me encontraba. Y tenía razón, no tardaría ni medio segundo en venir a evitar que me montara en el coche en cuánto me viera.
—¿Quién es Sophie?—me apresuré a preguntar.
—El primer amor de Justin. La única chica en el mundo por la que daría su vida. Créeme, estaban hechos el uno para el otro.
Tragué saliva. ¿Su primer amor? Estaba cerca de saber lo que hacia mucho tiempo que buscaba. Por fin sabría porqué Justin era así. Porque se resistía a hablar de su pasado. A quién no quería recordar. Y tenía miedo. Miedo porque Peter había dicho que era capaz de dar su vida por ella. Y porque empezaba a sentir que Justin no me pertenecía. Y eso me asustaba aún más.
—¿Y dónde está ahora? ¿Por qué Justin jamás la ha mencionado?
—¿Decirle a su novia que sigue enamorado de su ex? Mala idea, preciosa—negó con la cabeza.— Se vió obligado a olvidarla y no es capaz de hacerlo. Nunca lo hará—mostró una media sonrisa.
—¿Cómo que se vió obligado?—pregunté confusa.
Intentaba que fuera una conversación rápida. No quería montarme en el coche con Peter y tenía la esperanza de saber suficiente antes de que Justin me arrastrara con él. Pero él alargaba las palabras y tardaba segundos en contestar, que para mí significaban una eternidad, jugando con el volante de piel negro o haciendo ver que se pensaba la respuesta cuando sabía exactamente qué responder.
—Sube al coche y contestaré esa y todas las preguntas que tengas.
—No pienso hacerlo. No vas a conseguir convencerme—aseguré.
—Entonces lo hará él.
Señaló con la mirada unos metros detrás de mí, dónde se encontraba la puerta del restaurante.
—Cinco, cuatro....—comenzó Peter y mis pulsaciones aumentaron.
Escuché el sonido de las campanillas cuando se abrió la puerta y Justin cruzó por ella, directo hacia mí.
—¡Cath! ¿Qué haces?—gritó Justin—. ¡Ni se te ocurra!—sonó desesperado.
El rugido del motor del coche descontroló mis nervios. Justin no tardaría más de cinco segundos en llegar hasta mí.
—Tres, dos...—siguió Peter.
Abrí la puerta del coche tal y como si de una acto reflejo se tratara y la cerré un segundo antes de que Justin llegara a ella. Comenzó a golpear la ventanilla e intentar abrir el coche con todas sus fuerzas.
—¡Lo siento! ¡Por favor, baja del coche!—golpeó de nuevo—. ¡Cath, por favor!
Me mordí el labio inferior y contuve las lágrimas que se precipiaban por mis ojos.
—Arranca, por favor—le pedí a Peter con un hilo de voz.
Sabía que no debería haberlo hecho. Que tal vez me arrepentiría el resto de mi vida. Pero no pude evitar mirar por el retrovisor. Justin se había cansado de golpear el coche. Estaba exhausto de correr detrás de nosotros y se había dejado caer en el suelo. Se había cansado de gritar mi nombre y suplicar que me quedara. Sin embargo, yo me había ido. Y me arrepentía. Porque aunque me hubiera ido voluntariamente, siempre hay un momento después de la partida, en el que desearías por encima de cualquier cosa volver atrás.
Me empezarona temblar las piernas y un escalofrío recorrió mi cuerpo. No importaba que el sol brillara desde el punto más alto, podía sentir la frialdad de su mirada a través del cristal de la ventana mirándome fijamente.
Me acerqué al coche y me incliné en la ventanilla, para poder ver mejor.
—¿No piensas subir al coche?—deslizó por su nariz las gafas oscuras que llevaba.
—He venido aquí para hablar, no para dar una vuelta contigo.
—Entonces supongo que no querrás hablar mucho. Tu novio está a punto de llegar. ¿De verdad creías que te iba a dejar ir sin más?
Miré hacia atrás. Podía ver através de la ventana que Justin estaba en la barra hablando con Billy, medio girado hacia dónde yo me encontraba. Y tenía razón, no tardaría ni medio segundo en venir a evitar que me montara en el coche en cuánto me viera.
—¿Quién es Sophie?—me apresuré a preguntar.
—El primer amor de Justin. La única chica en el mundo por la que daría su vida. Créeme, estaban hechos el uno para el otro.
Tragué saliva. ¿Su primer amor? Estaba cerca de saber lo que hacia mucho tiempo que buscaba. Por fin sabría porqué Justin era así. Porque se resistía a hablar de su pasado. A quién no quería recordar. Y tenía miedo. Miedo porque Peter había dicho que era capaz de dar su vida por ella. Y porque empezaba a sentir que Justin no me pertenecía. Y eso me asustaba aún más.
—¿Y dónde está ahora? ¿Por qué Justin jamás la ha mencionado?
—¿Decirle a su novia que sigue enamorado de su ex? Mala idea, preciosa—negó con la cabeza.— Se vió obligado a olvidarla y no es capaz de hacerlo. Nunca lo hará—mostró una media sonrisa.
—¿Cómo que se vió obligado?—pregunté confusa.
Intentaba que fuera una conversación rápida. No quería montarme en el coche con Peter y tenía la esperanza de saber suficiente antes de que Justin me arrastrara con él. Pero él alargaba las palabras y tardaba segundos en contestar, que para mí significaban una eternidad, jugando con el volante de piel negro o haciendo ver que se pensaba la respuesta cuando sabía exactamente qué responder.
—Sube al coche y contestaré esa y todas las preguntas que tengas.
—No pienso hacerlo. No vas a conseguir convencerme—aseguré.
—Entonces lo hará él.
Señaló con la mirada unos metros detrás de mí, dónde se encontraba la puerta del restaurante.
—Cinco, cuatro....—comenzó Peter y mis pulsaciones aumentaron.
Escuché el sonido de las campanillas cuando se abrió la puerta y Justin cruzó por ella, directo hacia mí.
—¡Cath! ¿Qué haces?—gritó Justin—. ¡Ni se te ocurra!—sonó desesperado.
El rugido del motor del coche descontroló mis nervios. Justin no tardaría más de cinco segundos en llegar hasta mí.
—Tres, dos...—siguió Peter.
Abrí la puerta del coche tal y como si de una acto reflejo se tratara y la cerré un segundo antes de que Justin llegara a ella. Comenzó a golpear la ventanilla e intentar abrir el coche con todas sus fuerzas.
—¡Lo siento! ¡Por favor, baja del coche!—golpeó de nuevo—. ¡Cath, por favor!
Me mordí el labio inferior y contuve las lágrimas que se precipiaban por mis ojos.
—Arranca, por favor—le pedí a Peter con un hilo de voz.
Sabía que no debería haberlo hecho. Que tal vez me arrepentiría el resto de mi vida. Pero no pude evitar mirar por el retrovisor. Justin se había cansado de golpear el coche. Estaba exhausto de correr detrás de nosotros y se había dejado caer en el suelo. Se había cansado de gritar mi nombre y suplicar que me quedara. Sin embargo, yo me había ido. Y me arrepentía. Porque aunque me hubiera ido voluntariamente, siempre hay un momento después de la partida, en el que desearías por encima de cualquier cosa volver atrás.
SI HAS LEÍDO EL CAPÍTULO, DA RT ---->AQUÍ , POR FAVOR. ¡MUCHAS GRACIAS!
No sé ni cómo disculparme por tardar tantísimo en subir capítulo. Septiembre ha sido un mes de locos. Acabar los deberes de verano, comienzo de curso, primeros exámenes... He estado muy ocupada y el poco tiempo libre que tenía solo me apetecía dormir.
De verdad, siento muchísimo haber tardado tanto en subir. Intentaré que no se vuelva a repetir. Y bueno, solo espero que os guste el capítulo y que tengáis paciencia con los próximos capítulos porque seguramente tardaré un poco más de lo habitual en poder subir por las clases. Pero por favor, NO DEJÉIS DE LEER LA NOVELA.
Y como siempre, no me puedo ir sin daros las gracias por el apoyo y esos comentarios que siempre se agradecen, que me animan a seguir y me inspirar para escribir. Jamás me cansaré de deciros que sois increíbles. Millones de gracias.
Os quiero muchísimo. Besos. <3
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