Intentaba con todas mis fuerzas salir de allí, deshacerme de él. Gritaba y lloraba pidiendo ayuda. Suplicándole que no me hiciera nada. Me tapó la boca con su mano manchada de sangre y con la otra me agarraba la cintura, acercándome hacia su cuerpo, impidiendo que hiciera cualquier movimiento.
—Más te vale mantenerte callada y quietecita si no quieres acabar mal, preciosa—susurró a mí oído entre mi respiración entrecortada.
A pesar de que no podía verle, me lo imaginaba con una sonrisa maliciosa en su cara, disfrutando de mi miedo, de cada lágrima que caía por mi mejilla. Y la rabia me inundaba. Con todas mis fuerzas le mordí la mano y lancé mi pierna hacia atrás dándole en sus partes íntimas. Aproveché para salir corriendo mientras él se retorcía en el suelo.
—¡Cógela! ¡Se escapa!—gritó.
El cuerpo de aquel chico yacía en el suelo sin vida, con un cuchillo clavado en el corazón. El asesino tumbado a su lado se lo sacó con sorprendente habilidad, tal y como si fuera algo común. Se levantó en un segundo y al segundo siguiente se encontraba a dos metros de mí. Comencé a correr más deprisa, pero fueron esfuerzos en vano. Me atrapó contra la pared, empujándome con fuerza y poniendo su brazo contra mi cuello, cortándome la respiración. Entonces vi esos ojos, esas facciones, el color de su pelo, su olor. Y lo reconocí.
—Justin...—susurré.
Se separó de mí de golpe y yo caí al suelo, intentando recuperar el ritmo de mi corazón. Noté que se acercaba a mí. Estaba atónito y parecía que había visto un fantasma, totalmente pálido.
—Aléjate de mí—le supliqué con cierto miedo mirándole a los ojos.
Me apoyé en la pared para levantarme, sin quitar la mirada de él. Había miedo y mucha complicidad y culpabilidad en sus ojos miel. Tragué saliva e intenté relajarme.
—Por favor, Catherine déjame explicarte...—comenzó.
—No, no hace falta que te expliques...—tartamudeé—. Lo he visto con mis propios ojos...
Las lágrimas seguían cayendo por mis mejillas, mientras el otro chico desconocido se acercaba por detrás de Justin hacia nosotros.
—Luke, deshazte del cuerpo—dijo Justin con frialdad sin mirarle a los ojos.
Su compañero de piso, desapareció entre las sombras de la noche.
—Y ahora tú y yo nos vamos a casa.
—No me voy contigo—afirmé seria.
—Entonces ves a casa llena de sangre y dile a tus padres que te has encontrado al tío del que te intentan alejar por encima de todo matando a alguien inocente.
—¿Qué me intentan alejar de ti por encima de todo? No les caes muy bien, pero no te creas tan importante.
—Entonces supongo que tu padre no te habrá dicho nada de las amenazas.
—¿Amenazas?—estaba atónita, no tenía ni la menor idea de lo que hablaba.—¿Qué?
—Sí. Tu padre me amenazó. No me quiere cerca de ti y me lo dejó bien claro.
—No me ha dicho nada...—bajé la mirada.
¿De qué me sorprendía? No era algo a lo que no estuviera acostumbrada.
—¿Por qué no me lo habías dicho? ¿Por eso has dejado los estudios? ¿Por mi padre?
—Ey, nena—dijo alzando sus manos, indicando que me relajara—. Pregunta por pregunta. Primero, no te lo dije porque cuando me encontré contigo después de hablar con él por primera vez, entraste en el baño llorando, ¿recuerdas?
Tras unos segundos, recordé que fue justo despúes de que Sam se presentara y despertara en mí todos los sentimientos que cargaba de mi hermano Matt. Crucé el pasillo llorando y me encontré a Justin en el baño de chicas, fumándose un cigarro, acompañado de su alto ego.
Asentí con la cabeza y continuó explicando.
—Y segundo, no dejé los estudios por tu padre. Aproveché que quería perderme de vista para irme.
—¿Pero por qué?—insistí yo.—¿Por qué ahora y no hace un año cuando aún no nos conocíamos?
Se quedó en silencio durante unos segundos. Evitando mi mirada y mis preguntas.
—Si sabes la respuesta, ¿para qué preguntas?—parecía enfadado—. Y ahora por favor, vámonos.
Aún era reacia a irme con él. No acababa de sentirme segura y la incomodidad seguía presente. Además de que su mirada clavada en mí me producía más nervios de lo normal. Nunca había visto ese brillo en sus ojos. ¿Miedo? ¿Lástima? ¿Decepción? ¿Inseguridad tal vez?
—Por favor, Cath—suplicó.
Me tendió su mano con ternura, dejando atrás y haciéndome olvidar al Justin que había visto segundos antes arrebatándole la vida a una persona. Sus penetrantes ojos clavados en mí me convencieron y llevé mi mano temblorosa hasta la suya. Entrelazó nuestros dedos y me sujetó con fuerza, asegurándome que no me iba a dejar ir.
Luke y el cuerpo habían desaparecido. ¿Dónde se lo habría llevado? ¿Tendría familia? ¿Gente que le quería? ¿Y que ahora se consumiría en la pena después de saber la noticia? ¿O al no encontrar su cuerpo en ningún sitio? Prefería no saberlo. Y no sabía porque, pero me sentía cómplice de todo aquello. Mejor dicho, lo era. No dejaba de ser un asesinato. Y Justin un asesino. Y yo lo había visto y lo sabía todo.
Habíamos llegado al coche consumidos por el silencio. Él parecía agotado y demacrado. Con heridas en la cara y manchas de sangre por su ropa. Se dejó caer en el asiento con los ojos entrecerrados, después de que yo entrara por la puerta de copiloto. Antes de arrancar me miró, nuestras miradas se encontraron, transmitiendo todo aquello que no nos atrevíamos a decir con palabras. Pero me giré hacia la ventanilla, rompiendo la conexión, mientras escuchaba el rugido del motor al encenderse. Miré mis manos, teñidas de sangre seca y una ola de impotencia y recuerdos me embistió.
No me di cuenta de lo que pasaba hasta que bajé la mirada y vi en las manos de Sam una navaja ensangrentada y mis manos llenas de sangre. Noté a mi hermano detrás de mí, sujetándome. Mis piernas temblaban y no tardé en caer al suelo. Mi corazón latía a un ritmo más fuerte de lo normal. Grité. Cerré los ojos con fuerza. Y apreté mis manos contra la herida.
—¿Estás bien?—dijo Matt agachado a mi lado. Yo sólo asentí, no fui capaz de pronunciar palabra alguna. Se acercó a mí y me dio un beso en la frente. —Sé fuerte, ¿vale?—añadió con los ojos cristalizados. —Ahora vuelvo. Emily está aquí. Te quiero, hermanita.
Y sin poder evitarlo una lágrima recorrió mi mejilla, tras intentar impedirlo varias veces. Porque sabía que una vez que una lágrima caía, las otras la seguían irremediablemente.
—Ey, Cath. ¿Estás llorando?—dijo con toda la ternura posible desde el otro lado del coche.
—¿Qué?—me sequé las lágrimas intentando disimular.—No, no es nada.
Curvé mis labios en una fina línea y Justin aparcó delante de su casa. Nos bajamos del coche y subimos en silencio hasta su apartamento. Esperé a Justin en el salón, mientras iba a buscar paños mojados para quitarnos la sangre. No tardó más de un minuto en llegar. Comencé a frotarme las manos, tiñendo la tela de rojo. Miré hacia Justin, que no parecía tan concentrado en limpiar sus heridas y manchas de sangre, como en observarme a mí.
—¿Qué?—pregunté.
—Lo siento.
—Justin, no...—pero no me dejó hablar.
—Nada, Cath. Siempre la cago contigo. Si no me descubres matando a un tío, nos persigue Peter armado o te arruino una fiesta.
—Ey, Justin—tiré el paño manchado a un lado y le cogí la cara entre las palmas de mis manos—. Podría haber desaparecido cuando nos encontramos con Peter, no lo hice. Antes, en el callejón, podría haber echado a correr, y no lo he hecho. Y en cuánto a la fiesta, no me lo estaba pasando del todo bien, hasta que has llegado tú.
Mordí mi labio inferior y mis mejillas se cubrieron de un color rosado. No sabía cómo habían salido esas palabras de mi boca. Pero lo cierto era que ya estaba dicho y no había marcha atrás. Comenzó a reírse y me separé de él.
—¿De qué te ríes?—fruncí el ceño y crucé los brazos sobre mi pecho.—¡¿Estoy intentando sincerarme y tú te ríes?!—dije casi gritando.
—Sólo me ha hecho gracia—dijo con una sonrisilla.
—Imbécil.
Esperaba que me contestara algo romántico, que dejara salir ese lado tierno que sabía que estaba en alguna parte de su interior. Sin embargo, me había mostrado su otro lado. El que no se tomaba en serio nada, con el que demostraba que para él la vida era una broma.
Recogí el paño del suelo y acabé de limpiarme la sangre, pero el paño se había vuelto escarlata y la piel se me había teñido de un tono rosado fuerte. Solté un pequeño grito de frustración y tiré el paño al suelo, de nuevo, con rabia.
—No te pongas así, nena.
Se intentó acercar a mí, pero le di la espalda comenzando a caminar hacia el baño de su habitación. Me siguió hasta él, intenté cerrar la puerta, pero puso el pie lo que me impidió dejarle fuera. Bufé. Escuché una risilla victoriosa y encendí el grifo del lavamanos. El agua comenzó a caer sobre mis manos, cogiendo el color de la sangre. Justin se puso detrás de mí, cogiéndome por las caderas, mientras acariciaba mi cuello con su nariz. Subió sus manos por mis costillas hasta llegar a mis hombros, dejando un rastro de escalofríos. Intenté concentrarme en lavarme las manos y en recordar qué estaba enfadada. Pero era imposible. Justin había comenzado a besarme el cuello. Pequeños y suaves besos que estremecían hasta el último rincón de mi piel. Bajó sus manos por mis brazos extendidos hasta llegar a rozar mis dedos bajo el agua, acariciándolos delicadamente.
—Puedo limpiarme sola, Justin—dije casi en un susurro, intentando sonar enfadada.
—Oh, vamos. Sé que te está encantando. Y...—continuó— yo tampoco me lo estaba pasando demasiado bien en la fiesta hasta que llegaste tú.
Otro beso más en el cuello. No pude resistirme y me mordí el labio, echando la cabeza a un lado para que pudiera hacer su trabajo. Suspiré y me incorporé. Me deshice de sus manos y cogí la toalla. Me sequé y la dejé de vuelta en su sitio.
—Si no me vas a besar—Justin me giró hacia él, quedando a escasos centímetros—, cuéntame porque antes estabas llorando.
—No es nada, Justin.
Esta vez fue él quién me cogió por el mentón obligándome a mirarle.
—No se llora por nada, Cath.
Me alejé de él y salí del baño.
—¿Para que te lo voy a contar? ¿Para que te rías? Paso.
—Eh, nena—me cogió del brazo. —Lo siento, ¿vale? Soy un imbécil, lo sé y dímelo todas las veces que quieras, pero cuéntamelo.
—Imbécil—repetí.
—Si soy un imbécil, pero este imbécil te gusta.
—Te acabas de convertir en un doble imbécil—dije riendo.
Se acercó más a mí, fijando su vista en mis labios, mientras humedecía los suyos. Jugué un poco con él, siguiéndole el juego. Podía sentir su aliento, su respiración. Sólo tres centímetros nos separaban. Después dos... Luego sólo uno... Giré la cara y le besé la mejilla.
—¿No querías que te contara porqué estaba llorando?—pregunté en un susurro con una sonrisa en mis labios en su oído.
—Eres mala, nena.
—He aprendido del mejor.
Me senté en el borde de la cama y le cogí las manos arrastrándole hacia mí. Se acomodó a mi lado, prestándome atención,y sin soltarme, y tras algún suspiro comencé a hablar. Se lo conté todo. Desde el momento en el que Sam me subió a la habitación, obligándome a besarle, a darle lo que se merecía según él. Pasando por la pelea con mi hermano y el momento en el que Sam me apuñaló. Me encontraba entre los brazos de Justin, inundada por la nostalgia y las lágrimas cuando llegué a explicarle el final, cuando perdí el conocimiento y desperté dos días despúes.
—¿Y tu hermano?
—Murió aquella noche—dije entre sollozos.
—Lo siento mucho, Cath—había tristeza y compasión en su voz.
Estábamos tumbados en la cama. Tenía la cabeza apoyada en su pecho, mientras él acariciaba mi pelo.
—Aún no sabemos quién, ni cómo lo hizo, pero...—no terminé la frase.
—¿Pero qué?
—Todos creen que fue Sam.
—Cómo vea a ese hijo de puta...—la rabia y la ira parecían controlarle. Se había tensado y dejaba de hablar con dulzura, cuidando las palabras que decía.
—Justin—levanté la cabeza y me senté a su lado en la cama, secando las lágrimas—, no creo que te lo encuentres, pero por favor, en el caso de que sí, no hagas nada.
—¿Después de lo que te hizo, lo proteges?
—Justin, cálmate, por favor.
—No, Cath—se sentó frente a mí, cogiéndome las manos con fuerza—No entiendo como no puedes odiarlo. Entiendo que fuera el primer amor de tu vida y todo lo que tú quieras, pero...
—Créeme, le odio. Le odio más que a nadie en mi vida y por eso no se merece que le preste atención. Me demostró que no le importaba y decidí que lo mejor era apartarlo de mi vida.
—Y por eso tus padres no quieren que me acerque a ti. Temen que te haga lo mismo contigo.
Bajé la cabeza. Era la primera vez que hablaba de eso. Y sólo quería llorar. Justin me llevó hacia él, consolándome entre sus brazos.
—Nunca sería capaz de hacerte algo así, Cath. Lo sabes, ¿no?
Me hizo mirarle a los ojos.
—Nunca—repitió.
—Lo sé, pero no lloro por eso Justin. Es la primera vez que hablo de esto con alguien y me supera.
Me sequé las lágrimas y volví a refugiarme entre sus brazos, recuperando el ritmo normal de mi respiración. Se tumbó de nuevo en la cama y yo le seguí, dejándome caer a su lado en la almohada. Su pecho subía y bajaba con normalidad despúes de soltar un largo suspiro. Y yo había conseguido tranquilizarme. Alzó su mano buscando la mía y entrelazó nuestros dedos, dibujando círculos en mi piel con su pulgar.
—Odio verte así, nena.
Sonreí.
—Pero me alegro que me lo hayas contado.
Alcé mis ojos hasta los suyos, buscando su mirada. Entonces se acercó a mí y me besó. Un beso suave y delicado, que encajaba perfectamente con el momento. Y de repente la puerta se abrió.
Era Luke.
—Oh—exclamó—. Lo siento, creía que ya no...
Me separé de Justin y Luke se calló al ver su expresión, parecía enfadado.
—Y Catherine, perdóname por lo de antes—dijo desde la puerta.
—No te preocupes. Supongo que yo también habría reaccionado así en un momento como ese.
Intenté sonreírle, pero era una situación demasiado incómoda. Así que cerró la puerta y desapareció. Me volví a tumbar al lado de Justin, sonrojada por la vergüenza, tapándome la cara con las manos.
—Cabrón—susurró Justin, mirando al techo.
Yo reí quitándome las manos de la cara, captando la mirada de Justin.
—Ahora me toca a mí—comencé yo.—Perdóname por lo de la fiesta. Por irme así.
—Podemos seguir lo que no acabamos—dijo con una sonrisa pícara en sus labios—. No te preocupes.
Se dio la vuelta, poniéndose encima de mí en una fracción de segundo, mientras me besaba el cuello.
—No, Justin, tenemos que hablar de muchas cosas—se separó de mí, mirándome a los ojos.
—¿De qué? ¿De que tus padres no nos quieren juntos?
—El problema no sólo son mis padres. Sino Abby, también Ryan. Y por supuesto Will.
Su cara cambió por completo. Se volvió tenso y se apartó de mí, saiendo de la cama. Comenzó a quitarse la camiseta. Su piel era dorada y marcaba una fuerte musculatura, salpicada por sangre seca por su torso, acompañados de tatuajes marcados en su piel.
—No debería haberlo sacado en la conversación.
—Sí, sí que tenías que hacerlo, porque eso demuestra que te importa.
Me levanté de la cama, buscando las palabras exactas para explicar lo que sentía, lo que sentía por Will. Y lo que sentía por él. Pero las palabras no salían y los pensamientos se atascaban en mi mente. Los sentimientos se enredaban entre sí, desordenados por completo en mi corazón, todos queriendo ser dichos a la vez.
—No tenemos nada. Nada serio.
—Entiendo, quieres decirme que estás con los dos a la vez, pero que no estás con ninguno.
—No, lo que quiero decir es que...
—Me ha quedado claro, no hace falta que te expliques. Pero después recuerda que te enfadas cuando estoy con Lily.
—¡Ella es una zorra y te la tiras cuando te da la gana!—le acusé.
—¡¿Y quién me dice a mí que no te has follado al tío ese?!—dijo gritándome. —¡Era lo que quería, por eso me peleé con él! ¿No lo entiendes, Cat?
Me volví a sentar en la cama confusa. Justin se había encerrado en el baño y se estaba duchando. Me tumbé, percibiendo su olor impregnado en las sábanas. Su olor. Suspiré. ¿Cómo podía hacerlo todo tan mal? ¿Por qué la estaba cagando tanto? Miré hacia el techo y me dejé llevar por los pensamientos.
No tenía excusas para explicar lo que sentía por Will, a la vez que sentía por Justin. ¿Pero que podía hacer yo? La mente no es capaz de controlar al corazón, por lo que el corazón es libre y decide de quién se enamora. Y tal vez eso sea parte del amor. La confusión, el dolor y el sufrimiento, cuando no es correspondido.
La parte lógica de mi cerebro insitía en Wil era mi tipo. Atractivo, inteligente, a mis padres les gustaba y estaba interesado en mí. ¿Qué más podía pedir? Y por otra parte totalmente opuesta estaba Justin. Mi interés hacia él era algo nunca entendería. Aparte de por el atractivo, era egocéntrico, creído y mujeriego. A parte de muchas otras cualidades que odiaba en los hombres y sin embargo ahí estaba yo, volviéndome loca por él.
La puerta del baño se abrió y Justin salió con una toalla enrollada en la cintura. En seguida me miró y yo me incorporé.
—Lo siento—dije yo.
Justin suspiró y me miró desde la puerta del baño.
—Lo siento, Justin—repetí.
—Anda, ven aquí.
Caminé hasta él y le abracé, rodeando sus caderas con mis brazos, escondiéndome en su pecho. Su piel estaba húmeda tras la ducha y olía a jabón, ya no había rastro de la sangre. Acariciaba mi pelo mientras depositaba pequeños besos en él.
—Pérdoname tú a mí.
—No importa. Puedo soportar tus rabietas.
—No deberías hacerlo y aún así, no sé que haría si no lo hicieras.
Le sonreí y recibí una beso en la frente a cambio.
—No te voy a mentir—alcé a cabeza hasta Justin.—Will me gusta, me importa, pero tú... Contigo es completamente diferente, me haces ser otra persona y eso me gusta. Me gusta más que cualquier cosa en el mundo. Y no te estoy obligando a que tengamos algo serio—Justin comenzó a reír—, si quieres seguir con la vida que tienes, adelante, no te voy a...
Me besó. Me tomó completamente por sorpresa, pero me cogió por la cintura acercándome a él, mientras me besaba entre sonrisas.
—Tendré que enseñarte a hablar menos, nena.
—Si lo vas a hacer así, hazlo las veces que quieras.
Se acercó a su cómoda de espaldas a mí y dejó caer la toalla para ponerse unos calzoncillos. Fue algo raro e incómodo, pero él no le dio importancia por lo que disimulé el efecto que había tenido sobre mí. Se volvió y se tumbó de nuevo en la cama. Estuvo observándome por unos segundos con los ojos atentos en cada movimiento que hacía hasta llegar a su lado. Cada vez que me sonreía quería odiarlo más, pero la questión era que eso lo hacía cada vez más imposible e irresistible.
—¿Dónde has estado estas dos semanas?
—Echándote de menos.
Rodé mis ojos y suspiré.
—No me lo creo, sino habrías respondidos a mis llamadas.
—Me he tomado unas vacaciones, después de irme del instituto quería descansar.
—Te entiendo. Asistir cada día a clase, el estrés de los exámenes, la presión de tus padres para que apruebes. Una vida académica realmente dura—dije con ironía.
—¿Te estás riendo de mí, Catherine Blair?
Esbozó una gran sonrisa.
—Sólo intento que me digas la verdad. He sido sincera contigo, quiero que me devuelvas lo mismo. A penas conoczco nada de ti. Sólo sé cómo te ganas la vida—no me atrevía a decir la palabra "matar" o "asesinar"—y que vives en un piso sin tus padres, de los qué por cierto, ni siquiera has mencionado el nombre.
Soltó un largo suspiro y se acomodó en la cama.
—Mi madre se llama Pattie, mi padre Jeremy y los pequeños Jazzy y Jaxon. Pero ya hablaremos mañana. Debes estar cansada.
—Está bien. Pero Justin, —cerró los ojos—debería irme a casa.
Presioné mis labios contra su mejilla y me levanté hacia la puerta.
—Tú no te vas a ningún lado.
Me cogió del brazo y me atrajo hacia él, haciéndome caer en la cama justo debajo. Comenzó a besarme el cuello. Y a eso no me podía resistir. Levanté el mentón dejando que llevara acabo su proceso.
—Sabes que me matarán si no me ven en mi cama mañana, ¿verdad?—susurré.
—¿Y que más da?—Otro beso más.— Habrás pasado la última noche de tu vida con el chico más atractivo del mundo.
—No me gustaría pasar contigo mi última noche, creído.
—Yo sí que pasaría mi última noche contigo, mentirosa.
RT AQUÍ SI HAS LEÍDO EL CAPÍTULO.
Perdón por el retraso. A pesar de que ya tengo vacaciones, he estado liada estos días y ha sido difícil encontrar algún descanso para escribir. Pero a partir de ahora os juro, y lo digo en serio, que subiré más seguido.
Pero gracias por seguir ahí cuando estoy dos semanas, o más de dos semanas sin subir. Y quería daros las gracias porque hace poco que me di cuenta de que había llegado a las 130 lectoras y me dio un aksjdhkjsadh. Así que gracias de corazón. Significa mucho para mí.
Y cómo siempre decidme que os ha parecido por twitter o dejando un comentario por aquí abajo y si queréis que os avise para el siguiente capítulo, decídmelo.
Un beso. Os quiero. <3
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